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La escena parece sacada de una película argentina o de lo que cuentan de un grupo de futbolistas de ese país. Un asado, unos mates y mucha charla con ese acento tan subyugante. Lo cuenta Patricio Garino, jugador de baloncesto que compitió tres años con el Baskonia y, tras pasar por Lituania, ahora juega en el Nanterre de París. «Quedábamos después del partido para comer o cenar, y tras muchas charlas y muchas risas, un día nos dijimos que teníamos que montar un negocio que ofreciera comida argentina en Vitoria. Mis amigos tenían restaurantes o bares en la ciudad, pero no se concretó en nada», explica.
La semilla, en cambio, germinó y ahora Garino, su compañera Paula Darrás, Hernán Capurso, Pablo Ojeda y el cocinero Emiliano Trueba –«un mago», dice Garino– son los propietarios de Cachito Mío, una marca que factura sólo empanadas argentinas. «Surgió como una broma, como un chiste, una idea de fantasía, pero ahora es realidad y tenemos cinco tiendas», remata el jugador internacional.
Y tanto. En dos años la marca ha crecido tanto desde su primer local en la capital alavesa que ahora son cinco los establecimientos: tres en Vitoria (Pintorería, 22; Beato Tomás de Zumárraga, 32 y Plaza de la Virgen Blanca), uno en Bilbao (Alameda Recalde, 45) y uno en Logroño (Portales, 61). Sólo elaboran empanadas, aunque también comercializan dulces típicos de su país como dulce de leche o alfajores y cervezas.
Pero... ¿cómo puede ser? La clave está en la magia del cocinero que mencionaba Garino. Convencidos de que al cliente vasco sólo le podrían convencer con calidad, se volcaron en ello y en convertir las empanadas en un producto de calidad y, sobre todo variado. Más allá de los rellenos típicos de su país (carne cortada a cuchillo, espinacas o jamón y queso), el cocinero Emiliano Trueba se ha decidido a probar con más fórmulas, hasta 18, con carnes como la ternera y pollo y aliños diversos, quesos como el caprese o el cabrales, pescados como el bacalao o el atún, verduras como la espinaca o el maíz o puramente veganas. Sin olvidar los rellenos dulces, como el de dulce de leche, Nutella o tarta de queso y frutos rojos.
Los clientes las pueden adquirir cocinadas en las tiendas o llevárselas a casa para prepararlas. La web de Cachito Mío tiene un apartado en la que aconseja cómo calentarlas para que queden en su punto en el horno o en la sartén, pero nunca en el microondas, «porque coge humedad y pierde textura. Hay que comerlas tostadas y crujientes».
Las empanadas forman parte de la esencia gastronómica de los argentinos como el asado o las pizzas, porque son parte de «un ritual, una comida ligera, de paso, que se disfruta con amigos o familiares; es ideal para cualquier momento del día. Nosotros incluso la comemos al día siguiente, fría, aunque esto es algo a lo que no creo que se acostumbren los vascos», admite Patricio Garino.
El éxito de la marca se debe en buena medida a la calidad del producto, «si no es bueno termina cansando», pero también a la condición de comida para llevar que les ha permitido crecer mientras la hostelería sufría los embates de las restricciones debidas a la pandemia. «Ha sido malo para muchos, pero a nosotros nos impulsó», resume el alero argentino. La gente de Cachito Mío adquiere la masa (las tapas redondeadas que se rellenan) y dejan el resto a Emiliano Trueba, «que siempre tiene ideas maravillosas, de modo que vamos rotando prácticamente cada mes y probando con recetas como el pollo thai o a la barbacoa».
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