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Cuando empezó hace dos meses la guerra de Ucrania Boris Johnson estaba a punto de dejar de ser primer ministro por el llamado 'partygate', las ... infracciones en forma de fiestas ilegales cometidas en su residencia durante el confinamiento. El folclórico político además no había dicho toda la verdad en la Cámara de los Comunes y en buena parte del país se empezaba a notar los peores efectos económicos de un Brexit muy mal ejecutado.
Pero en tiempos de guerra no conviene hacer experimentos, pensaron con buen sentido los diputados conservadores, y dejaron a Boris al frente del Gobierno. Desde entonces han sucedido tres cosas que ayudan o perjudican a su futuro político. Las elecciones locales en Londres, Escocia y Gales han permitido expresar a muchos ciudadanos su descontento, han dado la victoria al laborismo y han resucitado a los liberales. Si se pudiese extrapolar este voto a Westminster, la mayoría parlamentaria 'tory' desaparecería. Los trabajadores que se sienten perdedores con la globalización y temen los efectos de la inmigración empiezan a sospechar de la línea hipernacionalista que han adoptado los conservadores.
En Irlanda del Norte, el Sinn Fein, brazo político del IRA, ha vencido por primera vez en elecciones regionales y los centristas han crecido mucho. Es una señal de que la hipotética unificación de toda Irlanda va a estar encima de la mesa, un efecto no deseado del Brexit. Sin embargo, es posible que el líder laborista, Sir Keir Stammer, no pueda aprovechar esta ola favorable porque se ha abierto una investigación policial en Durham sobre una comida durante la pandemia con simpatizantes regada con algunas cuantas cervezas. El episodio ha sido bautizado enseguida por los asesores del primer ministro como 'beergate', que ven en este posible escándalo un salvavidas.
Finalmente, Boris se ha convertido en el político más respetado y popular en Kiev. Sus viajes para apoyar al presidente Zelenski y, en especial, su discurso encendido y patriótico ante el Parlamento ucraniano, emulando a su admirado Winston Churchill, han tenido gran eco. El Reino Unido es el segundo mayor donante de ayuda militar y económica al país agredido después de Estados Unidos, y se ha involucrado a fondo en conseguir que Ucrania resista y cada vez disponga de un Ejército mejor entrenado.
Boris tiene algo de superviviente político nato, que resiste a pesar de las adversidades y aprovecha cualquier acontecimiento reinventarse y superar los errores del pasado. Como buen lector de los clásicos, sabe que la característica principal del poder es que nunca es permanente y ha aprendido a fluir con los caprichos de la diosa Fortuna.
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