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anje ribera
Viernes, 3 de septiembre 2021, 08:58
Era una tarde de viernes cualquiera -madrugada de ayer en España- en el supermercado Countdown de LynnMall, ubicado en el distrito de New Lynn, en ... la ciudad neozelandesa de Auckland. Los clientes que se aprovisionaban para el fin de semana sólo se enfrentaban al problema de las colas en las cajas hasta que todo cambió en unos segundos. El ambiente comercial pronto se tornó en un infierno cuando un hombre cogió un cuchillo de grandes dimensiones de la vitrina y se lanzó «como un loco» a apuñalar a todos con los que se encontraba en los pasillos, describió la clienta Michelle Miller al portal del internet 'Stuff NZ'. Otro testigo explicó al periódico 'New Zealand Herald' que gritó «Allahu akbar» (Dios es el más grande).
El supermercado se convirtió en un escenario de histeria hasta que hizo su aparición la Policía y abatió al atacante de diez disparos. Amit Nand lo vio todo y relató al medio de comunicación 'Newshub' que intentó que soltara el cuchillo justo antes de que llegara un agente de paisano. «Se me acercó justo cuando pensaba enfrentarme al terrorista. Me dijo que retrocediera y comenzó a dispararle», describió.
Mientras, compradores asustados huían hacia el aparcamiento entre gritos de pánico. Un vídeo publicado en las redes sociales muestra la evacuación urgente. «Hay alguien aquí con un cuchillo... Tiene un cuchillo», se oye decir a una mujer. «Alguien fue apuñalado», asegura una joven.
Afortunadamente durante los sesenta segundos en que el presunto terrorista permaneció incontrolado sólo consiguió herir seis personas. Tres de las víctimas están en estado crítico, una grave y dos con lesiones moderadas, según el servicio de ambulancias de St John.
Horas después la primera ministra, Jacinda Ardern, describía al autor del atentado como un «extremista violento» que se inspiró en el Estado Islámico y cuya identidad no quiso revelar. «Fue algo despreciable, odioso», señaló Ardern, que se confesó «absolutamente destrozada».
Otras fuentes hablaban de un ciudadano de Sri Lanka que llegó a Nueva Zelanda en octubre de 2011 y se convirtió en una «persona de interés en relación a la seguridad nacional por su ideología» en 2016, desde cuando estaba bajo vigilancia de varias agencias de inteligencia especializadas en la lucha contra el terrorismo, aunque no había cometido ningún delito que pudiera llevar a su detención, según el Gobierno, que se enfrenta a fuertes críticas.
«Si hubiera delinquido estaría en prisión, ahí es donde habría estado. Desafortunadamente, no lo hizo. En cambio, era monitoreado constante, constantemente, y seguido», se justificó el comisario de policía Andrew Coster. «La realidad es que cuando se está vigilando a alguien las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, no es posible estar inmediatamente a su lado en todo momento, Los agentes que le seguían «intervinieron lo más rápido que pudieron y evitaron más lesiones en lo que fue un terrible situación», agregó.
Las autoridades manejan la hipótesis de que el atacante actuó solo y que no hay más peligros para la comunidad. De cualquier manera, el supermercado permanecerá cerrado des hasta nuevo aviso.
El 15 de marzo de 2019 Nueva Zelanda vivió su peor ataque terrorista cuando un supremacista blanco armado asesinó a 51 fieles musulmanes en dos mezquitas en Christchurch. Por aquel entonces, un énfasis excesivo en la posibilidad de ataques yihadistas hizo perder de vista la amenaza de la extrema derecha».
Ardern, a quien se le preguntó si el ataque podría haber sido una venganza por los tiroteos de 2019, aseguró que no estaba claro. «El hombre solo que fue responsable de la violencia, no una fe. Sería incorrecto dirigir cualquier frustración a alguien más allá de este individuo», matizó. De igual opinión es Gamal Fouda, imán de la mezquita de Al-Noor, de Christchurch.
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