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El influencer Pablo Cabezali, responsable de la cuenta 'Cenando con Pablo', visitó Euskadi hace unas semanas en un viaje gastronómico en el que probó algunos de los restaurantes más renombrados y otros menos conocidos de la provincia. Unos le han chiflado, otros le han gustado menos. El creador de contenido tenía expectativas muy altas con el restaurante de Karlos Arguiñano en Zarautz, pero en su nota final no le dio más que un «6 o 6,5».
Cabezali, que cuenta con casi medio millón de seguidores en redes y se dedica a visitar establecimientos hosteleros en donde se graba degustando platos y ofreciendo su opinión sobre ellos, ha compartido en Youtube su visita al bonito restaurante que el televisivo cocinero regenta en la localidad guipuzcoana. En sus grabaciones, el famoso influencer destaca por su sinceridad y, en esta ocasión, no se ha cortado a la hora de opinar para bien y para mal.
Aunque sí recomienda conocerlo y asegura que le ha gustado, a su juicio, el restaurante de Arguiñano es «sencillo». Y ofrece sus argumentos una vez finalizada la comilona y pagada la cuenta, de 137 euros. «No es una cocina que digas 'joder qué platos bien preparados'. Yo a un restaurante le pido más sabor, más nivel. Quien venga, va a disfrutar, pero tampoco es para volverse loco», señala en el vídeo que ya acumula miles de reproducciones.
Como es habitual en sus publicaciones, reservó mesa y se presentó sin avisar de que se iba a grabar. Cabezali, que ya había comido hace cuatro años en el emblemático restaurante de Zarautz, degustó un total de diez platos de la carta. Nada más sentarse y ojear el menú, le sorprende la subida de precios. «No los recordaba tan altos. O tengo mala memoria o la inflación ha hecho mella, que tampoco me parece extraño».
La jamada comienza con un aperitivo, un canutillo de pasta relleno de ensaladilla rusa de langostinos. Su aspecto prometía, pero no le convenció: «La pasta no me hace mucha gracia, no es nada atractiva, nada especial, no me dice mucho». A continuación, le sirvieron otras recetas como la ensalada de txangurro o las pochas con almejas. Estas últimas le gustaron, pero le parecieron poca cantidad: «Mola mogollón, pero qué pena tener solo tres almejas».
Después, siguió con la pata de pulpo sobre crema de ajo blanco, la chuleta o el magret de pato, su plato preferido del día: «Estaba muy bien de punto. Plato perfecto, de matrícula de honor», elogió. Cabezali pagó una factura de 137 euros, un precio que no le pareció desorbitado teniendo en cuenta la cantidad de platos que pidió.
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