

Secciones
Servicios
Destacamos
Edición
Marta Abad
Lunes, 15 de mayo 2023, 20:22
Cuando la relación de pareja llega a su fin y se opta por el divorcio, ¿cómo se les comunica la noticia a los hijos? La psicóloga Virginia Rodrigo, del Centro Psicología Bilbao, con amplia experiencia en estas situaciones, ofrece a los progenitores las claves para actuar, pensando siempre en el bienestar de los menores.
Lo primero, según su opinión, es «que esté de acuerdo la pareja en qué es lo que van a transmitir a sus hijos y cómo van a anunciar la separación y hacerlo conjuntamente, los dos a la vez». «No vale que un progenitor adelante información a un hijo por ser más mayor. Hay que hacerlo toda la familia junta. Y luego, en función de las edades, van a preguntar de una manera y se les va a contestar adaptándose al lenguaje de los niños». Pero en toda regla hay una excepción. «Si en una familia hay un bebé de 2 años y un chaval de 15 o de 18, sí puede haber distintos momentos porque hay mucha diferencia de edad y lo van a entender de formas diferentes y es necesario utilizar un lenguaje totalmente diferente».
Rodrigo responde que sí, pero «le tienes que hablar en su lenguaje. Hay que contarlo porque va a sentir la falta de un progenitor en un momento dado, o que las cosas han cambiado. Se le va explicando poco a poco, en función de lo que un niño de esa edad puede captar. Por ejemplo, que no va a estar ama, o que no va a estar aita, o que no van a estar juntos».
Una vez decidido el mensaje, conviene «buscar el momento ideal» y eso «mejor que los padres no lo va a saber nadie». «La pareja debe tener muy claro cuándo van a poder estar tranquilos. Que no haya un evento importante de forma inminente, que no tengan exámenes al día siguiente. Si va a haber vacaciones, igual es mejor para poder tener más tiempo para hablar», comenta Rodrigo.
«No hay que darles esperanzas que uno no tiene», señala la psicóloga. «Es mejor no hablar de eso. O si preguntan, porque los niños pueden tener la fantasía de que sus padres volverán, hay que ser muy claros. Si los progenitores piensan que no van a volver, no hay que decirles que igual sí porque si no ellos van a estar preguntando cada semana y además es vivir con una gran inseguridad».
Rodrigo reconoce que «el momento de la noticia es traumático por el cambio que puede suponer. Se les desmonta su seguridad. Cuando los padres les informan de que se separan, se les cae el mundo. ¿Quién va a cuidar a mí?». Pero opina que, pasado el mal trago inicial, «si se gestiona bien la separación y se les da seguridad en una casa y en la otra o en la casa nido, los niños se adaptan». «Lo que necesitan es que sus padres piensen en ellos como lo prioritario. Hay que dejarles claro que ellos siguen siendo los hijos y nosotros su padre y su madre, que van a estar bien cuidados y que se les va a ir informando de las nuevas rutinas que va a llevar la familia (las visitas, la custodia, etc.) para que ellos estén tranquilos». Recomienda «tener orden para que los niños puedan anticipar lo que les toca, sobre todo al principio», pero es partidaria de que luego los progenitores sean «flexibles con ellos. Por ejemplo, cuando es el cumpleaños de su amigo, que vive más cerca de la casa del padre, pero le toca estar con la madre. Hay que intentar facilitarles a los niños, dentro de lo que es el orden que hay que seguir».
En la consulta, la psicóloga ve que los padres trasladan a los niños ciertos problemas que han tenido entre ellos y recomienda «no hablar a los menores de temas que son de pareja». «Lo importante es que se garantice a los chavales la seguridad y el apoyo que tienen que seguir teniendo porque se les transforma su mundo de repente». Y pone varios ejemplos: «que los niños se sientan libres para poder coger el teléfono a su padre o a su madre, que no hable mal el uno del otro, que se hablen con naturalidad o incluso bien». «Lo que tiene que estar por encima del conflicto de pareja son los hijos», remarca.
«Desde los 5 hasta los 10 años pueden tener sentimientos de culpa, que se han separado igual porque ellos se portan mal», explica la psicóloga. Y a partir de esa edad, «empieza el sentimiento de traición, de que mis padres me han abandonado. Ellos también hacen comentarios a lo largo del tiempo. Igual no nos hemos portado bien». A su juicio, «hay que tranquilizarles y explicarles muy bien que el problema nunca son ellos. Si fueran ellos, no se divorciarían. Entre los dos intentarían hacer que su comportamiento fuera mejor. El divorcio es un tema solo de pareja y ellos siguen siendo familia. Hay que resolver todas las dudas que ellos tengan. Y si intuyes -porque conoces a tus hijos- que pueden tener algún sentimiento de culpa por algún comentario que hacen, hay que aclararlo».
«Como cambia su vida de repente y se transforma, puede tener un impacto. Ves que están más distraídos o incluso empiezan a sacar malas notas, pero puede ser algo momentáneo. Sin embargo, si las cosas se hacen mal, se puede perpetuar en el tiempo y a largo plazo puede tener consecuencias», avisa. «En adolescentes es más complicado, pueden empezar con porros o juntarse con gente que no les conviene. Y en niños más pequeños pueden tener problemas de conducta...». Por eso aconseja «estar más pendiente» durante el proceso de divorcio porque «al estar la pareja en conflicto a veces se escapan muchísimas cosas de los comportamientos de los hijos». En la familia, recalca, «habría que estar muy atento, para resolver sus dudas, para darles la seguridad que necesitan. Es un momento difícil». Y comenta que en ocasiones «se llama al colegio para avisar de que si notan algo, es porque nos estamos divorciando».
Rodrigo cree que es conveniente acudir «en el previo», antes de soltar la noticia «si los padres tienen dudas de cómo enfocarlo con las edades de sus hijos: no saben cómo hacerlo, qué decirles o si va a ser definitivo o se trata de una separación temporal». Y asegura que cada vez más familias solicitan este tipo de ayuda «para hacerlo bien conjuntamente». Pero no siempre es así. «En una pareja, cuando una parte tiene claro que ante el divorcio los hijos son lo primero y la otra persona no colabora, yo le diría tú actúa en lo tuyo, haz lo que puedas, sigue saludando, nunca hables mal de la otra persona. Los niños quieren a sus padres, en líneas generales, a los dos, y se les hace mucho daño cuando se habla mal de uno de ellos, se generan sentimientos de traición en ellos: 'cómo voy a hablar con mi padre si mi madre habla mal de mi padre o viceversa'. Se sienten que no tienen libertad y es lo último que hay que quitarles».
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
La chica a la que despidieron cuatro veces en el primer mes de contrato
El Norte de Castilla
Los libros vuelven a la Biblioteca Municipal de Santander
El Diario Montañés
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones para ti
Noticias recomendadas
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.