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LA SANIDAD

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La vida después del coronavirus | Capítulo 10 ·

La hora de la atención primaria... La medicina para atajar pandemias

Lunes, 15 de junio 2020

Es parte de la vida: las personas enfermamos. Y la función de la sanidad es curar. Pero la crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto algunas debilidades del sistema. Para poder hacer frente al que todos los expertos apuntan que va a ser el problema de salud de nuestro tiempo, las pandemias, es necesario fortalecer la red de atención primaria. Es la mejor medicina para controlar los brotes, pero hay que dotarla de medios. Otro de los retos es el control de los enfermos crónicos. En esta crisis se ha evidenciado que son el colectivo más vulnerable. En muchos casos, cuando se detectaba el contagio, ya era demasiado tarde. El sistema sanitario debe adelantarse. Hacerles un seguimiento periódico y actuar antes cuando muestran los primeros indicios de descompensación. La tecnología puede ayudar, como también lo va a hacer la telemedicina. Iremos menos al médico, pero no por eso estaremos peor atendidos.

Hay que asumir que una pandemia como la que estamos viviendo se va a repetir. Si no es en otoño, lo será dentro de 5 o 6 años. Y va a ocurrir por una sencilla razón: los virus del mundo animal han saltado al hombre. Ha pasado ahora con la Covid-19. Ocurrió con el SARS y el MERS y va a seguir sucediendo. Nos tenemos que preparar para que no se repita lo que hemos vivido estos meses». El que habla es Rafael Bengoa. Su opinión es compartida por prestigiosas voces del mundo de la salud. El sistema debe estar listo para hacer frente a nuevas epidemias globales. Y los primeros pasos ya se han comenzado a dar.

REFERENCIAS

  • María Neira (Directora de Salud Pública de la OMS) Esta médico de raíces asturianas especializada en Endocrinología está curtida en ver la crudeza de la enfermedad en los lugares más pobres de la Tierra, como Centroamérica o África. Pero el mayor reto de su carrera lo está afrontando con esta pandemia, desde su cargo como directora de Salud Pública de la OMS.

  • Rafael Bengoa (Exconsejero vasco de Salud y asesor) Considerado uno de los padres de Osakidetza y consejero de Salud entre 2009 y 2012, el doctor Bengoa se ha dedicado en los últimos años a asesorar a nivel internacional en reformas de los sistemas de salud. Trabajó para la Administración Obama en la elaboración del programa Obamacare y dirige el instituto SI-Health.

  • Beatriz López-Valcárcel (Investigadora en Economía de la Salud) Catedrátrica de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria e investigadora en Economía de la Salud, forma parte del grupo de expertos que asesora al Ministerio de Ciencia en esta crisis. Elegida en 2016 entre las cien mujeres líderes de España, presidió la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria.

En las últimas semanas, la sanidad ha empezado a incorporar algunas de las líneas maestras que la regirán durante los próximos años. El 'shock' provocado por el patógeno de Wuhan ha sido tan profundo que ha removido sus cimientos. Ha obligado a los lentos y mastodónticos servicios de salud a romper sus cadenas, saltarse la burocracia y algunas de sus estructuras inamovibles para poder responder con una agilidad nunca antes vista en esta área. Una rapidez y flexibilidad en la toma de decisiones, gestión de recursos, reorganización de espacios, aplicación de protocolos y puesta en práctica de nuevas herramientas que debería persistir, si no de forma integral, al menos en gran parte en los años venideros, aconsejan los expertos. «En los últimos tres meses, el sistema sanitario ha cambiado más que en las décadas anteriores. Se ha aprendido muchísimo sobre cómo gestionarlo y lo que se ha hecho debería sentar las bases para mejorar su funcionamiento en el futuro», valora la catedrática Beatriz González López-Valcárcel. La suya es una de las voces más respetadas en España a la hora de analizar la administración sanitaria.

Ella y Bengoa, junto con María Neira, directora de Salud Pública de la OMS, y Rafael Matesanz, creador de la Organización Nacional de Trasplantes, señalan el camino a seguir de la sanidad de los próximos años para poder afrontar los nuevos retoso. El sistema hospitalario vasco ha mostrado su fortaleza. Apenas necesita retoques. Pero hay otros aspectos a mejorar. Algunos son de nueva creacion. Otros existían, pero estaban faltos de recursos.

«No podemos salir de esta crisis igual que entramos, con unos niveles de contaminación que han supuesto un riesgo para nuestro aparato respiratorio. Hay que invertir más en medicina preventiva»

María Neira

La sanidad del tiempo venidero, según los expertos, necesita reforzar la atención primaria y mejorar su integración con la hospitalaria; crear unas buenas redes de vigilancia epidemiológica y que no se desmantelen cuando pase el coronavirus; apostar por la medicina preventiva y proactiva; incrementar la supervisión sobre los crónicos, los más vulnerables a estos virus; potenciar la hospitalización a domicilio para llegar mejor a una población cada vez más envejecida; integrar el ámbito sociosanitario -las residencias- en el sanitario para tener mejor controlados a esos pacientes; mantener los dos circuitos separados en el ámbito hospitalario para separar a los enfermos infecciosos del resto y trabajar por una mayor integración de los servicios hospitalarios.

Aunque parezca una paradoja, para dibujar la sanidad del futuro hay que mirar al presente y echar la vista atrás. El claro ejemplo es la atención primaria. La red vasca cuenta con décadas de implantación. Pero, en los últimos años, ha dado muestras de agotamiento. Sus profesionales llegaron a convocar huelgas para denunciar la sobrecarga de trabajo y la falta de personal que padecían. En las últimas semanas, los centros de salud se han convertido en pieza angular para afrontar la desescalada. De su capacidad para hacer pruebas PCR y localizar casos dependía, en gran medida, pasar de fase. Y eso que, desde el principio de la crisis, los ambulatorios absorbieron a gran parte de los pacientes Covid. Pero entonces el foco estaba en otro sitio. Parecía que el coronavirus era una enfermedad de hospitales, de las UCI. Falso. Ni el propio Ministerio reconoció su papel esencial hasta que la hizo responsable de la realización del estudio serológico para conocer cuál era la penetración real del virus en España.

La ilustración: PABLO GALLO

Dibujante, pintor e ilustrador, lanzará este mes 'Bestiario del norte' (Edit. La Felguera), sobre seres mitológicos y animales fantásticos de Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco. Ha realizado portadas para, entre otras editoriales, Anagrama, Seix Barral, Espasa o Destino.

Web: https://visioninterior. wixsite.com/pablogallo

Toda esta pandemia la ha afrontado con la misma escasez de medios humanos que hizo salir a sus profesionales a la calle. Y ha respondido con solvencia. Y en los próximos años va a ser, aún si cabe, más fundamental. Por eso «hay que revalorizar el sistema de atención primaria. Juega un papel de salud pública, prevención y promoción de la salud que en el pasado reciente se había diluido, en parte por el poco tiempo que tienen sus profesionales y que lo dedican a atender a sus pacientes. Es necesario que sean reforzados para que puedan ejercer ese rol tan fundamental que es la salud pública», recalca María Neira . «El coronavirus ha demostrado que esa interacción entre la atención primaria y la hospitalaria tiene que ser más fluida. No pueden ser compartimentos estancos, y se ha perdido mucha inteligencia epidemiológica por esta falta de conexión. En los centros de salud se podría haber ejercido desde el principio un papel en la búsqueda de casos y recogida de información sobre la pandemia», incide la directora de Salud Pública de la OMS.

Opinión que secunda el exconsejero. «Los brotes no se controlan en el hospital, se controlan en la comunidad haciendo una vigilancia epidemiológica en la zona concreta donde aparecen con test, rastreos locales y seguimiento. Hay que mantener esas redes. Asegurarlas para el futuro. La amenaza es permanente y nuestra respuesta debe serlo también. La red de ambulatorios que hemos construido en los últimos 35-40 años es ideal para controlar esos brotes, pero es necesario ayudarla y reforzarla porque, por sí sola, va a tener muchas dificultades para hacerlo bien», indica Bengoa.

«Los brotes no se controlan en el hospital, se hacE en la comunidad, en la atención primaria, mediante vigilancia epidemiológica con test, rastreos... Hay que asegurar esas redes y mantenerlas en el futuro, porque la amenaza de una nueva pandemia es permanente»

Rafael Bengoa

Matesanz tampoco tiene dudas: «La salud pública tiene que ser reforzada, sobre todo en lo que se refiere a la red de vigilancia, y no se debe demorar más la creación de una Agencia Nacional de Salud Pública, ya prevista en la ley de 2011 pero nunca desarrollada. Hay que evitar que toda la sanidad pivote alrededor de los hospitales y los tratamientos, más o menos sofisticados, y se centre en la correcta atención a la cronicidad y a la medicina preventiva».

El coronavirus ha adelantado la utilización de herramientas que presumiblemente no habrían tenido implantación en la sanidad vasca y española hasta dentro de unos años. Es el caso de la telemedicina. De la necesidad se ha hecho virtud. Y ha venido para quedarse. «Ahora es el médico el que te llama a casa. Y eso que parece una tontería es muy importante. En primaria había una hiper frecuentación. Mucho de lo que se hacía era de poco valor terapéutico y se podría haber evitado. Las visitas para la repetición de recetas son un buen ejemplo. Descubrir que se puede atender igual de bien a los pacientes por teléfono ha sido un cambio que se va a mantener. Si logramos tener una atención primaria fuerte, el sistema sanitario va a ser de más calidad», defiende Beatriz López-Valcárcel.

La telemedicina y la tecnología deben permitir dar un paso más en el control de los crónicos. Son los más vulnerables, como ha quedado demostrado en esta pandemia. «En dos o tres años podríamos tener a todos esos enfermos en el radar. Para eso tendríamos que desarrollar un modelo que ya empezamos a estructurar en 2010 en Euskadi, pero que luego no ha crecido al ritmo necesario. Serviría para complementar el buen modelo de agudos que ya tenemos», propone Bengoa. ¿Y qué aplicación práctica tendría? «Esa persona estaría enviando información al sistema de salud gracias a los chequeos regulares que les realizan las enfermeras que les atienden en casa o en la residencia. Detectaríamos así cuándo se está empezando a descompensar una persona con diabetes, problemas cardiacos... No esperamos a que aparezca en urgencias y ocupe una cama en un hospital, que son las dos partes más caras del sistema. Nos permite actuar antes. Es lo que se llama medicina proactiva, en lugar de la pasiva que tenemos ahora».

Esto, sumado a la medicina preventiva, permitiría anticipar muchos problemas de salud. «No podemos salir de esta crisis igual que entramos, con unos niveles de contaminación en algunas ciudades que han representado un riesgo y una vulnerabilidad añadidos para nuestro aparato respiratorio en esta epidemia. Tenemos que reducir los factores de riesgo añadidos, esas patologías de las sociedades avanzadas. En países como el nuestro o Italia, con niveles altos de obesidad, de síndrome metabólico, prevalencia de enfermedades cardiacas, hipertensión y diabetes, habrá que cambiar nuestro estilo de vida, cuidar la alimentación y ser menos sedentarios», receta María Neira. La directora de Salud Pública de la OMS pide «revalorizar el papel de la medicina preventiva, invertir decididamente en ella» y hacer más desde las administraciones para evitar la aparición de enfermedades. Que la sanidad no se centre solo en curar, sino también en evitar tener que hacerlo.

Uno de los aspectos que ha puesto de manifiesto la pandemia es la falta de control sobre los geriátricos. «El sistema sociosanitario funciona regular. En las residencias vive solo el 4% de los mayores de 65 años de España y han sufrido dos de cada tres muertes por Covid-19. El tercio restante se reparte entre 46 millones de personas. Es algo espeluznante y un problema serio como país», alerta López-Valcárcel. Bengoa la secunda: «Debemos potenciar la integración entre servicios sanitarios y sociales. Es el fallo más grande de nuestro sistema sanitario y algo que ya se está haciendo en los países nórdicos, Nueva Zelanda, Inglaterra...».

Y otra área a profundizar en esta nueva etapa: la mayor integración entre servicios sanitarios en los hospitales. «Centrar la atención sanitaria en una superespecialización y una medicina por compartimentos ha sido un error, como se demuestra por el progresivo envejecimiento de la población, la gran incidencia de patologías crónicas que pueden estar siendo atendidas por cinco o seis especialistas a la vez», indica Matesanz, quien pide «una vuelta a la troncalidad de las especialidades médicas, con una mayor versatilidad y una atención más integral del enfermo». López-Valcárcel añade que «durante la pandemia dejaron de existir servicios clínicos separados, que cada uno es un foco de poder. Y, de repente, las plantas Covid no eran de nadie. A los pacientes los trataban sin molestarse los internistas, los infectólogos, los neumólogos, los intensivistas... Eso puede sentar las bases para mejorar en adelante el funcionamiento de los hospitales».

Un aspecto en el que se muestran tajantes los expertos es que la actual pandemia ha revalorizado el papel de la sanidad pública. Y debe seguir gozando de un trato preferencial en el futuro. «El mayor logro de nuestro país, el buque insignia de nuestro estado de bienestar, es el sistema nacional de salud. La sanidad privada es un complemento que está bien. Pero hay que tener un poco de ojo, porque hay mucha presión para un posible cambio de modelo y no creo que sería nada recomendable. Hay que apostar aún más, si cabe, por la sanidad pública», advierte López-Valcárcel. Matesanz la considera «la única solución en el contexto en que vivimos» para sobrevivir a una epidemia global. Y, por su papel esencial, sostiene que «debe reforzarse con una mejor financiación que alcance al menos la media de la Unión Europea, de la que hoy estamos lejos. El objetivo debe ser llegar a un 7,5% del PIB en gasto sanitario público». En 2018, en España se quedó en el 5,9%. Se destinaron 71.145 millones de euros; o, lo que es lo mismo, 1.523 euros por habitante. En el caso de Euskadi, para 2020 estaba previsto elevarlo a 1.801 euros por cabeza; eso sí, la cifra se calculó antes de la Covid-19.

Los expertos coinciden: es indispensable que el Estado aumente el presupuesto en esta materia. Y entienden que es algo que, sí o sí, va a suceder en los próximos años, por efecto de la propia crisis del coronavirus. Hay que costear las redes de vigilancia, los kits de diagnóstico... Y un aspecto clave que lo puede cambiar todo: el descubrimiento de un remedio eficaz. «El temor es que tenga un precio exorbitado, como pasó con la hepatitis C y el Sofosbuvir, que costaba 28.000 euros por paciente. Con la Covid se puede disparar porque es un virus que circula libremente y puede infectar a muchas más personas», previene la investigadora en Economía de la Salud. Esta catedrática no tiene duda de que «el precio de la vacuna y el tratamiento va a determinar en gran medida el aumento del gasto sanitario en nuestro país en unos años. Es una esperanza y una amenaza».

«Hay que apostar aún más, si cabe, por la sanidad pública. El precio que tenga la vacuna para la Covid determinará el aumento del gasto sanitario en nuestro país. Es una esperanza y una amenaza»

Beatriz López-Valcárcel

Para llevar a cabo los cambios avanzados en este artículo, las fuentes insisten en que es necesario que «toda esa flexibilidad que hemos logrado ahora, en plena epidemia, para mover profesionales de un sitio a otro, contratarlos, comprar material... se quede». Y defienden que la sanidad tenga más peso en las decisiones políticas y deje de ser un ministerio con una «posición marginal», como apunta Matesanz, respecto a los de ámbito económico. En la nueva etapa «debemos ser más asiáticos», resume López-Valcárcel, aprender de los errores, como hicieron en Oriente con el SARS y el MERS. Y como sociedad, demanda Bengoa, «exigir la responsabilidad de estar listos para la siguiente pandemia» y actuar en base a criterios científicos y sanitarios de expertos independientes, en vez de políticos.

Acuerdos con la industria local para que reoriente su producción y fabrique EPIs

«Es necesario tener una reserva, pero no debes almacenar miles de mascarillas, porque caducan. Lo mismo pasa con los respiradores, que se deterioran. Por eso, para hacer frente a las epidemias, es preciso que los gobiernos lleguen a acuerdos previos con industrias locales para que reorienten su producción y fabriquen rápido los productos sanitarios necesarios ante un nuevo brote». La fórmula que propone Bengoa no es nueva. Se utiliza en diferentes puntos del mundo con éxito y en Euskadi se han dado pasos en este sentido. Matesanz añade que, «a la hora de la verdad, solo puedes confiar en lo que produces con tu propia industria o has podido almacenar en forma de reserva estratégica. Es una de las grandes enseñanzas de la pandemia».

LECCIONES

  • Gestión sanitaria | Más avances en tres meses que en décadas Los sistemas sanitarios han logrado algo que parecía imposible, una agilidad en la gestión impropia de ellos. De la capacidad de mantenerla dependerán que se puedan introducir avances con mayor rapidez.

  • Integración de servicios | Pacientes cuidados a la vez por varios especialistas La Covid-19 ha hecho que, en los hospitales, facultativos de diferentes servicios trabajen codo con codo como nunca antes. El paciente era de todos ellos y ha sido el gran beneficiado. La troncalidad tiene sus ventajas.

  • Tecnología sanitaria | Telemedicina para controlar a los crónicos Evitar el colapso de las urgencias hospitalarias es una de las principales lecciones que nos ha enseñado el coronavirus de Wuhan. La extensión de la telemedicina permitirá actuar antes, ser más efectivos y abaratar el coste del sistema.

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