
LA RESPUESTA DE COHEN
La vida después del coronavirus | Reflexión ·
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La vida después del coronavirus | Reflexión ·
El futuro es un asunto complicado, una conjetura que tratamos de afianzar con certezas y nunca sabemos si se acerca o si en realidad se aleja. Szymborska lo explicaba en un poema: «Cuando pronuncio la palabra Futuro, la primera sílaba pertenece ya al pasado». Es gracioso que el futuro, tan sutil y filosófico, también sea algo que nos pasa por encima. Lo hemos aprendido en 2020 gracias a un coronavirus de origen zoonótico llamado SARS-CoV-2, y no es una lección menor. Buena parte del planeta, la más acomodada, no solo se ha descubierto vulnerable, sino que ha descubierto que la historia no es algo que sucede sin falta al otro lado de la ventana o del televisor.
Del mismo modo, esa parte del planeta ha descubierto que la acción colectiva no es una quimera. Las sociedades occidentales han decidido encerrarse en casa y parar sus economías para salvar vidas. Puede parecernos una decisión evidente, pero en realidad es una decisión virtuosa. Que los grandes proyectos, los cambios conjuntos, los giros de timón son irrealizables debería ser algo más difícil de defender a partir de ahora.
La otra lección que dejará 2020 quizá tenga que ver con la identificación de lo importante, que son apenas tres o cuatro cosas, siempre las mismas. De un modo inamovible. Se conserva la tablilla en la que hace dos mil años Claudia Severa invitaba a Sulpicia Lepidina («hermana, mi queridísimo corazón, espero que estés bien») a su cumpleaños en algún lugar de la Britania romana. Durante el confinamiento, la gente ha hecho lo mismo, comprobar que los suyos estaban bien y celebrar, pese a todo, los cumpleaños, cambiando las tablillas por las tablets.
¿Cómo será el futuro después de todo esto? Pueden apostar a que nada será igual. Y a que todo seguirá siendo lo mismo. La Humanidad es incorregible y todos los futuros fueron prometedores y peligrosos. En una de sus últimas giras, transformado ya en un venerable sabio irónico, Leonard Cohen terminaba uno de sus temas dirigiéndose al público y diciéndole que aquella noche los grandes misterios le habían sido revelados. Lo hacía mientras su banda alargaba la melodía de la canción y continuaban con la segunda voz («da-du-dam-dam-dam-da-du-dam-dam») sus coristas, las Webster Sisters. Sonriendo seductor, Cohen le preguntaba al público si querían conocer las grandes respuestas. Y entonces retrocedía un paso, mostrando que la única respuesta posible llevaban ya un rato dándola, rítmica y traviesa, aquellas tres mujeres que se balanceaban a su lado chasqueando los dedos: da-du-dam-dam-da-du-dam-dam.
Ilustrador, dibujante de cómic y profesor del Departamento de Dibujo de la Universidad de Granada.
web: www.sergiogarciasanchez.com
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