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El vizcaíno Luis Ignacio de Azaola Reyes o como todos sus amigos y conocidos le llamaban: 'Canario' Azaola, murió ayer a los 86 años. Se ha ido uno de los periodistas especializados en aviación más respetados en el mundo de habla hispana, porque 'Canario' trascendió fronteras con sus artículos siempre precisos y preciosos, y su gran archivo fotográfico e histórico.
'Canario' colaboró durante muchos años con EL CORREO. Y, aunque ya no escribía en este diario, seguía ayudando a sus periodistas con cariño e interés. No hay cosa que Luis Ignacio no supiera sobre la aviación en Euskadi. Cuando algún compañero tenía alguna duda, solo había que levantar el teléfono y marcar su número. Porque Azaola, además de reportero, era piloto experimentado y atesoraba un saber enciclopédico.
«Era una persona siempre dispuesta a colaborar», le recuerda Julio Alegría, hijo del histórico aviador del mismo nombre. «Era muy amigo de mi padre y vivieron bastantes aventuras juntos», añade. Una de aquellas 'embarcadas' fue la de organizar el Campeonato del Mundo de Acrobacia en Sondika, en 1964. Y como buenos bilbaínos, los promotores de aquel espectáculo trajeron a Bizkaia a los mejores pilotos del mundo, entre ellos a los soviéticos y de Alemania Oriental. En plena Guerra Fría. No había obstáculo que frenara a un grupo de vizcaínos insistentes y decididos. Y allí estuvo 'Canario' dando el do de pecho. «Siempre ayudando», insiste Alegría.
La vida de Luis Ignacio está trufada de imperdibles anécdotas. Durante muchas décadas, la aviación fue un mundo de locos. 'Canario' conoció a la gran mayoría de pioneros que trajeron a Euskadi sus disparatadas aenonaves. Él mismo recibió su primer bautismo del aire con solo 10 años, en plena posguerra. Aseguraba siempre que no le había impresionado demasiado pero que después sintió un gran amor por volar.
¿Por qué le llamaban 'Canario'? Curiosamente porque acostumbraba a llevar un jersey de color amarillo, como el plumaje de ese pájaro. Para Luis Ignacio, volar fue más que una afición. Fue un estilo de vida. Acostumbraba a frecuentar la cafetería del aeropuerto de Sondika. Allí se juntaban los pioneros, los pilotos del Aeroclub, los trabajadores del aeródromo... Todo lo que se cocía en el mundo de la aviación en Euskadi pasaba por aquel establecimiento. Y allí estaba siempre 'Canario', atento a todo.
El periodista vizcaíno estaba muy orgulloso de haber volado en casi todos los aviones militares españoles. Incluso había realizado vuelos supersónicos en más de una ocasión, algo impensable hoy día para un reportero. Además, mantenía una sección fija en la revista Aeronáutica del Ejército del Aire. «El último artículo lo entregó el mes pasado», recuerda su hijo Gonzalo.
Hace unos años contó una anécdota sorprendente. Un día Luis Ignacio convenció a un responsable para que le mostrara por dentro un avión de transporte, con tanta mala fortuna que se presentó Francisco Franco para conocer también los pormenores de esa aeronave. La persona que le había 'colado' le metió en el baño, donde tuvo que esperar varios minutos, «muerto de miedo», hasta que pudo salir de nuevo al exterior.
En su trabajo, 'Canario' era sobre todo minucioso. Apuntaba cualquier dato. Le encantaban los aspectos técnicos de los aviones, sobre todo los militares. A finales del siglo pasado editó un libro sobre la historia del aeropuerto de Bilbao, con motivo de los 50 años de Sondika. Allí puso buena parte de su saber hacer, recopilando la historia y muchas fotografías de su archivo, con un gran valor histórico. Recuerdo especialmente una de ellas: las pistas del Txorierri repletas de aviones de pasajeros en 1982, con motivo del Mundial de fútbol. Ese tomo sigue siendo una referencia para los periodistas que cubrimos la información aeronáutica en Bizkaia.
Desde el aeropuerto muestran sus condolencias por la muerte de «una de las personas que más ha hecho por preservar el legado de la historia de este aeródromo».
Quien guarda también un gran recuerdo es el controlador aéreo Carlos Manso. «Habíamos quedado para vernos en unos pocos días», se lamenta. «Conocía sus artículos y cuando en el año 1974 me destinaron a la torre de Sondika, una de las primeras cosas que intenté hacer fue conocerle», cuenta. «Su gran legado es su archivo fotográfico sobre aviones, sin duda el mejor de España. Dedicó a ello toda su vida», añade.
Buen vuelo, comandante.
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