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«Hasta Marijaia ha perdido su perenne sonrisa», lamentó Sonia Charcán, otra txupinera, a raíz de la muerte de Lurdes Luque, comparsera de Satorrak y txupinera en 2002. Fue uno de los símbolos de las fiestas de Bilbao. Presidió hasta no hace mucho tiempo Bilboko Konpartsak y era, sin duda, una de las 'activistas' más veteranas y populares de la Aste Nagusia.
Su madre, Bitori, formó parte de las primeras fiestas, en 1978, junto a los comparseros de Txomin Barullo. La hija pronto se unió a la fiesta. «Estar en la txosna con mi gente es lo mejor que me puede pasar. Mi ama vaciaba la casa de sartenes para llevarlas a la txosna, aunque hoy en día las cocinas son como las de los hoteles», solía decir. Lurdes recordaba con cariño «todos los actos y momentos vividos con cada una de las comparsas, el acogimiento que tuve con las txupineras...».
Y, por supuesto, llevaba muy a gala el año que lanzó el txupin desde la balconada del Arriaga junto a Marijaia. «Fue maravilloso, espectacular... Ver todo El Arenal y el puente tan lleno de tantísima gente, de conocidos y comparseros llamándote es algo muy especial», enfatizaba.
Con el tiempo, Luque empezó a saborear la Aste Nagusia de otra manera. Ya no hacía turnos de barra, pero se ocupaba de la tesorería y de diferentes tareas de organización en Bilboko Konpartsak. Reconocía que existían varias fiestas dentro de la Aste Nagusia. «Para mí son las txosnas, para otros los hoteles y quedar con amigos, y para mi ama y sus amigas son los bailes de la Pérgola. El gran éxito llegará cuando todas esas fiestas sean solo una», resaltó en una entrevista a este periódico el pasado agosto.
Con Jose Mari Amantes, un veterano de Moskotarrak, coincidió un par de semanas antes del fallecimiento de Luque en la comisión de comparsas, que se reunió para analizar los actos que tienen en mente organizar el año que viene con motivo del 40 aniversario de las riadas. «Estaba muy ilusionada con retomar la actividad con la intensidad de siempre».
Al margen de las fiestas, Luque se volcó en multitud de temas sociales y en todos aquellos relacionados con lo que concernía en torno a Olabeaga, su barrio. «Era una activista en toda regla que se dejaba querer y que se llevaba bien con gente de todo tipo. Una mujer muy querida», abundó Amantes. Marino Montero, uno de los creadores de la Aste Nagusia, la definió como una «persona entrañable y siempre dispuesta a todo».
«Nos deja un vacío tremendo. Siendo cada una de un padre y una madre, como ella decía, nos une Marijaia y algo tan grande como compartir el privilegio de haber tirado el txupin que desparrama cada Aste Nagusia. Formamos un grupo de amigas que siente dolor e incredulidad», remató Charcán.
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