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Javier Berasaluce Markiegi posa en su casa de Vitoria con la réplica de una de las dos Ligas ganadas con el Real Madrid. COLECCIÓN BERASALUCE BAJO / SARA BERASALUCE
Obituario: Javier Berasaluce, el 'hasta siempre' a un guardián eterno
Obituario

Javier Berasaluce, el 'hasta siempre' a un guardián eterno

El mítico portero del Alavés que ascendió a Primera División en 1954, falleció a los 91 años

Martes, 8 de febrero 2022

El alavesismo aún llora la muerte, en febrero, de Javier Berasaluce Markiegi (Deba, 1931-Vitoria, 2022), el último mito de aquel bravísimo equipo albiazul que ascendió a Primera División en 1954 con una de esas alineaciones que, recitadas de carrerilla, lucen galones en la memoria de Mendizorroza. El formidable portero de 1,75 metros que atajaba balones con jersei y sin guantes –solo cuando llovía usaba los que le hacía su entonces novia y hoy mujer–. El guardameta que cambió el Paseo de Cervantes por el Real Madrid de las cinco Copas de Europa, el de los Gento, Puskas, Rial, Di Stéfano. El encargado de hacer el saque de honor el día del Centenario del Deportivo Alavés, precisamente ante el conjunto blanco. Una leyenda que dice 'hasta siempre'.

Una historia nonagenaria repleta de emociones, futbolísticas y personales, con la portería como casual hilo conductor. Porque el gran cancerbero que fue Javier Berasaluce entró en contacto con el balón de fútbol como extremo derecho mientras estudiaba en los Salesianos de Deusto. Hasta que se lesionó el guardameta de su curso y les dijo a sus compañeros que en verano en la playa solía ponerse en la portería emulando a su ídolo, el donostiarra Ignacio Eizaguirre, que entonces defendía el marco del Valencia –posteriormente sería entrenador del Alavés–.

De ahí a ser campeón de Europa pasaron algunos años y varios equipos. El Amaikak Bat de su pueblo, la Real Sociedad, el Deportivo Alavés. Era el tercer portero txuri-urdin cuando otra casualidad se cruzó en su camino. La lesión de Calderón dejaba al equipo albiazul sin portero y la urgencia llevó a Berasaluce en octubre de 1951 a una Vitoria de 50.000 habitantes. A la pensión de Urtaran, en la calle Prado, primero. Con sus 101 escaleras. A la historia del Glorioso después, subiendo otro peldaño más. A Primera División.

Después formó parte del Real Madrid de los Gento o Di Stéfano que ganó cinco Copas de Europa seguidas

Histórico

Berasaluce; Sanz, Erezuma, Gorospe; Primi, Bolado; Arbaizar, Echeandía, Remacha, Echániz e Ibarra. Quien más quien menos dentro de la parroquia alavesista ha escuchado alguna vez esta alineación de boca de los aficionados más veteranos. Historia albiazul. «Una cuadrilla de amigos que jugaba al fútbol y no lo hacíamos mal del todo», rememoraba el portero en una entrevista en ELCORREO con motivo del Centenario.

Javier sale de puños para abortar el remate de Zarra en un Athletic-Alavés. colección berasaluce bajo / SARA BERASALUCE

Fueron 121 partidos en cuatro temporadas con la zamarra albiazul –tres en Segunda División y una en Primera–. Todos como titular. Solo veinte en un Real Madrid campeonísimo, donde fue suplente del también guipuzcoano Juanito Alonso. 44 en el Racing, donde colgó esos guantes que no usaba en 1963. «El Alavés es el equipo de mi vida», recalcaba orgulloso siempre que era interrogado por sus colores. «Yo del Glorioso, del Glorioso», remarcaba para no dejar ninguna rendija a la duda. El lugar donde pasó los «mejores años» de una exitosa carrera profesional que, además de aquel ascenso en color albiazul, cinco Copas de Europa y dos Ligas de blanco, le llevó también a la selección de España B.

Todavía le tentaría una buena oferta de Osasuna, pero su vida ya estaba ligada a Vitoria, al negocio de material de oficina y papelería de la familia de su mujer, Margarita Bajo, una fiel seguidora alavesista con quien se casó en el Santuario de Estíbaliz y tuvo cinco hijos. A Javier le transmitió la pasión por la fotografía que había cultivado desde niño. En Vitoria frecuentaba el laboratorio de Fede Arocena y Gregorio Querejazu, que fueron quienes le enseñaron a revelar. «Tengo miles de fotos, miles», contaba. También su nieta Sara le siguió en esa afición. Una rama más abajo de ese árbol genealógico está Uxue Pereda Jiménez, biznieta, la encargada de prestarle sus pies para hacer el saque de honor del Centenario el 23 de enero de 2021 en un Mendizorroza mudo por una pandemia que también puso a prueba la resistencia de Javier Berasaluce.

Javier Berasaluce y su biznieta se dirigen al centro del campo para realizar el saque de honor. RAFA GUTIÉRREZ

El mítico portero se desplazaba en silla de ruedas y fue Uxue la encargada de regalarle el broche de oro a su relación con el Glorioso. Cuatro generaciones arropadas por un escudo. «No me merezco ese honor, estoy nervioso», reconocía los días previos. Con la sencillez de quien se definía como «un portero corriente» cuando ya ostentaba el estatus de leyenda.

Tanto el Alavés como el Real Madrid le despidieron a a través de sus cauces oficiales y enviaron sus «condolencias a familiares, compañeros y seres queridos». Mendizorroza le brindó su particular tributo con un minuto de silencio previo al partido ante el Valencia. Descanse en paz.

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