
Mismos actores, otra historia
Análisis ·
La negociación que PNV y PSE abren el lunes no se parecerá a las de 2016 y 2020: los jeltzales necesitan diferenciarse tras el arreón de Bildu en puertas de su proceso internoSecciones
Servicios
Destacamos
Edición
Análisis ·
La negociación que PNV y PSE abren el lunes no se parecerá a las de 2016 y 2020: los jeltzales necesitan diferenciarse tras el arreón de Bildu en puertas de su proceso internoNueve a uno. Así restregó ayer Pedro Sánchez a Alberto Núñez Feijóo el resultado que la llamada mayoría d e la investidura obtuvo en Euskadi ... frente al PP. Como si PNV, Bildu, PSE y Sumar fueran una especie de suprapartido progresista. La 'boutade' del presidente del Gobierno en su primer duelo parlamentario con el jefe de la oposición tras el 21-A no pasaría de ser una más de las lecturas interesadas de los resultados que todos hacen arrimando el ascua a su sardina si no fuera porque, en su apariencia naif, la ocurrencia esconde una bomba de relojería para el PNV, la de asimilarse a los partidos de izquierdas que apoyan a Sánchez en Madrid, pero con los que tiene que competir a su vez en Euskadi.
Esa 'cruz', que los jeltzales arrastran desde que apoyaron la moción de censura de Sánchez, es una más de las inercias que el PNV intentó romper durante la campaña de Imanol Pradales y explica también, en parte, por qué la negociación del Gobierno de coalición con el PSE que arranca este lunes no será como las anteriores, la que alumbró el primer bipartito en la 'era Urkullu' en 2016 y la que reeditó ese mismo acuerdo en 2020.
En aquellos años, el PNV había emprendido una travesía progresiva hacia la socialdemocracia para intentar mimetizarse con una sociedad que cambiaba deprisa y se volvía cada vez más ecléctica, más mestiza y diversa. En tiempos de bonanza electoral, la estrategia del PNV parecía claramente ganadora: progresista en lo social, más ambigua en lo económico, tradicionalmente nacionalista en lo identitario. De ahí que, en capítulos anteriores, los mayores choques entre jeltzales y socialistas se dieran por asuntos como el derecho a decidir o la bilateralidad, que se incluían en el apartado de discrepancias pactadas, o por los recelos que despertaban en el PSE figuras como la de Jonan Fernández, en sus tiempos de secretario de Paz y Convivencia. Los socialistas huían entonces de la 'teoría del conflicto' y del soberanismo clásico. Cuestiones más, digamos, doctrinales, pero importantes para preservar la identidad propia.
Pero las sucesivas crisis -singularmente, la pandemia- y el empuje de EH Bildu han cambiado drásticamente el panorama. Los actores que se sientan a la mesa de negociación son los mismos en las siglas, pero algunas caras han cambiado, empezando por el líder del PSE, antes Idoia Mendia y ahora un Eneko Andueza que ha visto avalada en las urnas su apuesta por diferenciarse de sus socios jeltzales y pasar a la ofensiva. Los dos escaños que ganan los socialistas por los cuatro que pierden los jeltzales se traducirán no sólo en un pulso para reequilibrar las cuotas de poder dentro de la coalición, sino también en un tira y afloja ideológico en el que amalgamar los programas se antoja más difícil que nunca. Si a eso se añade que la negociación discurrirá, de nuevo, en campaña -la de las europeas, fundamentales sobre todo para un PSOE que se la juega con Feijóo- la batalla ideológica está servida.
La primera conclusión es que es probable que el acuerdo, aunque se alcance antes -está fuera de toda duda que lo habrá-, no se conozca hasta después del 9-J. La segunda, y más importante, que los asuntos en los que los negociadores se batirán el cobre serán, más que nunca, los que les permitan exhibir una forma de gobernar que marque la diferencia y evite pasar sin pena ni gloria mientras Bildu sigue representando su papel de fuerza opositora responsable.
Por ello, es de esperar que la consejería de Vivienda, hasta ahora gestionada por los socialistas, se convierta en un botín codiciado. Y no sólo porque el PNV ha llegado hasta el Constitucional en su batalla contra la ley estatal apoyada por PSOE y Bildu, sino porque eso permitiría al PNV, que ha hecho de la defensa de los propietarios una de las líneas maestras de campaña, marcar perfil. Lo mismo sucede con Osakidetza o Educación: pueden parecer 'patatas calientes' pero Pradales necesita, más que nunca, vender gestión y proyectar que existe un 'PNV style' que les hace acreedores a seguir gobernando más allá de 2028.
De fondo, se recorta también el proceso interno que Sabin Etxea debe convocar en torno al verano y en el que, de nuevo, las distintas 'familias' del partido pugnarán por conservar su cuota de poder. Por lo pronto, Joseba Egibar ya proclamó tras el escrutinio «para que nadie se equivoque en sus pretensiones» que Pradales será lehendakari y Bakartxo Tejeria presidenta del Parlamento vasco. El cargo de la cabeza de lista por Gipuzkoa representa, en realidad, el peso del territorio dentro de la organización. Su presencia en la mesa negociadora, el interés en fiscalizar de cerca unas negociaciones más intensas que nunca.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Los libros vuelven a la Biblioteca Municipal de Santander
El Diario Montañés
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones para ti
Kepa Bilbao Ariztimuño: Paz, ¿qué paz?
Kepa Bilbao Ariztimuño
Favoritos de los suscriptores
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.