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Se soltaba hace unos días el presidente catalán, Pere Aragonès, admitiendo que, como independentista y de izquierdas, siempre le resulta «apetecible trolear al PP». Me ... puse en su lugar y reconocí que a mí, aunque solo sea para esta columna, también me gustaría trolear a todos los candidatos a lehendakari.
Pensé en Imanol Pradales (PNV) al leer que busca evitar una Euskadi «a dos velocidades», cuando Balmaseda, la capital de Las Encartaciones donde nací, sigue siendo la gran comarca olvidada del País Vasco. O en Eneko Andueza (PSE), al acusar al PNV de llevar a Euskadi «al declive», pese a que todos sabemos que volverán a formar gobierno de nuevo si les salen las cuentas. También en Otxandiano (EH Bildu) por su confesada austeridad nórdica. Y en Javier de Andrés (PP), que no cree normal que sean la cuarta fuerza en Euskadi. ¿Cómo medir si no su potencial? O en Sumar, que presume de ser «la única garantía» de que Euskadi pueda tener un gobierno progresista. O en Elkarrekin Podemos, cuya cabeza de lista, Miren Gorrotxategi, rara vez se desprende del abrigo por su alergia al frío, que tanto me fascina.
Jamás he confiado mi voto a ningún partido. Quizá porque he pensado que el mío es demasiado importante como para entregarlo a una formación en exclusiva o por temor a arrepentirme al día siguiente. Algo que me afean a menudo muchos amigos, reprobando mi compromiso democrático.
Pensé en todo esto al releer una cita que ojeo a diario en la pantalla del ascensor de mi garaje. «Es mejor haber amado y haber perdido que jamás haber amado», del poeta Alfred Tennyson. Fue al recordarla cuando reparé sobre mi nulo enganche con los políticos de antes y los de ahora. Pero, sobre todo, me asaltó el temor de que quizá todos los candidatos intenten trolearme a mí. Quién sabe si ha llegado la hora de decantarme por alguno.
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