
La candidata acorazada: experta en armas y 'feminista' a su manera
Amaia Martínez ·
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Amaia Martínez ·
La cabeza de lista de Vox sostiene su afán por romper tópicos sobre los políticos en general... y su partido en particularPor orden ascendente de presencia en el Parlamento vasco, empezamos con Amaia Martínez, la candidata de Vox. Y dirán... ¡pero si esta no es nueva! ¿ ... Le hace falta presentación? Y llevan razón, ella es una de las pocas cabezas de lista que repiten, ya que lleva cuatro años en su escaño. «¡Se me han hecho largos!», confiesa mientras se fuma un 'piti' al sol en los jardines de Villa Lucía, una bodega de Laguardia donde suele ir con sus allegados a pasar el día y relajarse, como otros políticos de distinto signo, 'vips' autonómicos de todo tipo y disfrutones en general, que esto no entiende de siglas ni de nada. Hay buen vino («está cojonudo», anuncia), buena comida y mucha paz. Vamos, un retiro espiritual molón y necesario, según Amaia. «Es que la política desgasta mucho física y psicológicamente», se justifica.
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Y también, añade, «romper estereotipos» y dejar a un lado «prejuicios» sobre ella y su partido. Como todos, sin querer, podemos tener algo de eso, casi mejor que se defina ella misma: «Soy guerrera en el buen sentido, muy familiar y empática: se me acerca la gente a contarme sus problemas y me los llevo a casa». ¿Algo más? Sí, ahí va: «Feminista». Y al decirlo se acerca a la periodista y la mira fijamente, casi esperando una reacción física (una mueca de escepticismo, un leve desmayo, una carcajada no tan leve). «Soy feminista, sí, pero no por ello voy a tirar por tierra a un hombre. A mí me han criado en la igualdad. Es que yo no podría estar en un partido machista», aclara. ¿Y xenófobo o racista? «Por favor, si tengo compañeros de partido de color...». ¿Poco comprensivo, por ejemplo, con colectivos como el LGTBI? «Tengo amigos gais absolutamente maravillosos...». ¿Y con las libertades de las mujeres? «Lo de 'llegar a casa sola y borracha', como dicen algunas... ¿No será mejor acompañada y sobria?»
Amaia Martínez Grisaleña (Vitoria, 1968) Es licenciada en Ciencias de la Información por la UPV/EHU. Tiene una hija y regenta una armería junto a su marido en la capital alavesa. Irrumpió en política en agosto de 2020 y desde entonces ha sido portavoz de Vox en el Parlamento vasco.
Y así va repasando algunas de las principales críticas que recibe su formación. ¿Lo de primero los españoles y luego el resto? «Si en tu casa hay necesidad, primero solucionas eso, ¿no?». Da la sensación, que ella confirma, de que se ha pasado los últimos cuatro años de su vida dando explicaciones de este tipo y de muchos otros. «Sí, me he sentido en el foco. Al menos agresiones no he sufrido. Alguna mala cara por la calle, sí..., pero me da igual, paso, no me afecta, esa gente no me conoce. Me quedo con una frase que me dijo hace poco mi hija, que tiene 27 años: 'Estoy muy orgullosa de ti'», desvela, y ahí se emociona un poco. Su marido, Fernando, que anda por ahí, le echa un capote: «Ella no es de llorar, solo por lo importante...».
De hecho, tiene fama de 'durota'. Cuando estudiaba Periodismo en Leioa e iba más bien poco a clase («sacaba muy buenas notas, pero le daba mucho al póker») se dedicaba a jugar a pelota pala, «a veces contra tíos y muchos se llevaban una paliza, ¿eh?», asegura desde su casi metro ochenta (contando los tacones que lleva siempre). A pesar de sus devaneos deportivos, terminó la carrera con holgura y trabajó en la radio, aunque enseguida cambió de tercio y, junto a su marido, se puso al frente del negocio familiar que había levantado su suegro en Vitoria: una armería. Compañeros de otras formaciones todavía la recuerdan cogiendo la pistola de un guardia de seguridad al que le desmontó y volvió a montar la 'pipa', que tenía un problema, con una habilidad inquietante para quienes solo lo hemos visto en las pelis. «¿Quién te lo ha contado...? -pregunta- ¿Llama la atención porque soy una mujer? Pues vaya... ¡Es mi trabajo! Al principio los clientes que venían a la tienda preferían tratar con mi marido, pero me gané su confianza».
- Las armas nos dan 'yuyu' a mucha gente.
- Sí, sí, con las armas pasa como con el porno, ¿no?, que nadie lo consume. Todo mentira. Además, te digo una cosa, la gente que las compra y quienes las vendemos tenemos que estar 'limpios' del todo..., ¡como la patena! Hay que cumplir muchos requisitos...
- ¿Y es buena disparando?
- Muy buena. Ir a una galería de tiro es relajante para mucha gente, porque hay que concentrarse mucho al disparar. A mí me gusta más el tiro al plato.
Le encanta su faceta de armera y tenía con ello «la vida resuelta» y hasta tiempo para la lectura, su gran pasión (ahora bastante arrinconada), que cada vez le roba más espacio a su vivienda. «Acabamos de habilitar otra librería más», interviene su marido. Entonces, ¿por qué se ha metido en este lío de la política? «Porque criticar lo mal que están las cosas desde el sofá de casa no es mi estilo. Y porque yo, hija de un trabajador de Michelin y de un ama de casa, he 'mejorado', y no me gusta la idea de que las generaciones que vienen vayan a vivir peor que nosotros».
Públicamente, los políticos se 'cascan' a gusto, pero a nivel personal se suelen llevar bien (vale, hay clamorosas excepciones). Ahí va un chascarrillo sobre Amaia contado por alguien en las antípodas ideológicas de Vox: parlamentarios de todas las formaciones hicieron una porra para elegir con qué otro miembro de la Cámara se irían de potes. Contra toda previsión, ganó ella. «Muchos que ni siquiera me saludaban me han dicho en privado que les he sorprendido gratamente», dice. Cuando hace dos años murió su padre, Joaquín («el amor de mi vida», desliza), hasta alguien de Bildu le dio el pésame («con mucha discreción, eso sí»). Urkullu lo hizo públicamente. «Un hombre elegante», agradece.
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