Secciones
Servicios
Destacamos
Edición
Tiene Juan Mari Aburto pinta de hombre madrugador. Y a las 9.15 ya estaba 'fichando' en el colegio público de Deusto, donde fue a ... votar con su mujer. Le recibió una pequeña legión de apoderados jeltzales y una alfombra de serrín, que la baldosa mojada por culpa de los paraguas resbala. En la mesa, su hijo Jon, que estaba de vocal, y doce fotógrafos o más. Se saludaron con dos besos: «Hoy no le esperamos a comer», contaba Aburto -gabardina y pantalón azul oscuro, hoy sin corbata- en un hall del 'cole'. En las paredes, murales del sistema solar, los animales y la primavera. Observando curiosos la nube de asesores y periodistas, los que coincidieron sin saberlo con el alcalde votando. «Está más delgado ¿no?», es escuchó decir a una mujer. También que tenía un guardaespaldas «muy guapo».
Por dos minutos no se lo cruzó Estíbaliz Saiz. «Casi mejor, porque ni ganas de verle tengo. Que mire un poquito por su barrio, que yo vivo en la calle Iruña y allí no hay más que peleas». Dicho queda, y escapaba corriendo que llegaba tarde al mercadillo solidario que habían organizado para recaudar fondos para una protectora de animales. Una cuadrillita de chavales tampoco vio a Aburto por un pelo. «Hemos venido tan pronto porque a un colega le tocaba de suplente. ¿Y dices que viene ahora el alcalde? Qué pena que no hemos traído las palomitas...».
Palomitas igual no, pero un algo caliente ya apetecía, que estaba la mañana gris, sirimiri bilbaíno, poco invitadora para salir. Menos aún para madrugar. «Yo es que tengo maratón de zumba en La Alhóndiga», explicaba Maite, mallas y zapatillas, enérgica como pocos a esas horas. Votaba en el colegio de Basurto, en la misma mesa que la candidata del PP, Raquel González, que llegó a las diez. Y sin papeletas. Las cogió directamente en la mesa. «Ahí está la de Puigdemont», bromea un fotógrafo. Y recoge Raquel el guante: «¡Pues esa también la cojo, de recuerdo! Cosas extrañas que pasan en España».
Después se mete a inspeccionar la cabina. Que por cierto dan penita... con esas cortinas cochambrosas, aunque sea un planchadito.... «No hay papeletas nuestras dentro», se queja la candidata popular. Y la misma queja se escucha en casi todos los colegios. Pero hay explicación. La da una responsable de la Administración en el IES Unamuno de Bilbao. «No hay papeletas porque no caben todas. El reglamento explica que se pueden dejar las papeletas al lado de la cabina, y eso es lo que estamos haciendo. Lo ilegal es que haya unas papeletas en la cabina y otras no», que eso también pasaba, por cierto.
Otra queja a cuenta de las cabinas la hacían las dos interventoras de Vox que estaban en el Instituto Unamuno, carpeta verde en mano. «No puedes ejercer el derecho al voto en secreto porque las cortinas no cierran». De nuevo recurrimos a la responsable de la Administración, que niega la mayor. «Claro que llega la cortina, mira». Y sí, llega, llega. Claro que lo de la cortina igual es un mal menor para las apoderadas de Vox... «Tenemos problemas porque nos miran mal, una vocal de mesa se ha metido un poco con nosotras. No hay libertad, pero claro, luego los medios decís que somos la extrema derecha...».
La queja iba por colectivos en el IES Unamuno. Porque a Marisa Barbadillo lo que le indigna no es la cabina, son las escaleras. Trece, bien empinadas, lo que le obliga a subir por etapas. «Esto no es Miribilla, somos un barrio de gente mayor. ¿Por qué no han habilitado otra entrada sin barreras? Yo dentro de cuatro años ya no subo, que no estoy para estos trotes», se queja.
Y a unos metros Jose, el empleado de Correos que reparte el voto, entrega una carta que da también para el debate. Resulta que el remitente es una persona a la que no le toca votar allí... Y de nuevo la paciente empleada de la Administración -esta mujer se merece un plus- va a ver qué solución se le puede dar a aquello... La tiene porque «lo que cuenta es la credencial que va dentro, que es la que atestigua quién vota. El remitente puede ser otro porque igual tú votas pero tu voto lo entrega otra persona». Así que nos quedamos sin saber si el voto vale o no porque no se abrirá hasta pasadas las ocho de la tarde.
Y con tanta incidencia ya dan las once de la mañana y aparecen por los pasillos del Instituto -hay animales disecados en vitrinas, todavía hay cosas de esas- el candidato socialista a la alcaldía de Bilbao, Alfonso Gil, y su mujer, Idoia Mendia. Ella primero para todo, para votar y para hablar. «¿Qué voy a decir yo después de Idoia? Poco más». También le dejó sin palabras el otro día, cuando colgó en Instagram la foto del beso. «Se me caía la lágrima», reconoce Alfonso. Y explica Mendia: «La encontré el otro día, en el cajón de las reliquias y la colgué porque había sido nuestro aniversario el día antes. Nos la hicimos en casa de su madre».
- ¿Y eso con la madre en casa? ¡Pues anda que cuando no estuviera ella...!
- Alfonso: Ja, ja, ja. Mi madre es muy 'open minded'.
Dice Idoia que la foto del beso ha tenido muchos 'me gusta' y que está francamente sorprendida. «Yo la colgué para él. Somos gente normal que hace cosas normales». Le escucha decir esto un señor y se acerca un poco. «¿Y este quién es?». «El candidato socialista», le explicamos. Básicamente le da igual, pero es que había visto tanto trajín que le picó al curiosidad.
Le ha pasado también eso, lo de pasar desapercibida a Raquel González. «¿Que vota aquí la del PP? Pues no sé ni quién es», reconoce Dolores. Y luego, como los políticos, anima a votar: «Hay que votar, que si no, ganan Vox y los populismos».
«A mí no me pregunte, pregunte a los jóvenes», huye una mujer. Así que le toca al joven que viene detrás. «Bueno tengo 36 años...», cuenta Jose. También que vota siempre. Y que su plan dominical pasa por estudiar: «Estoy preparando oposiciones».
El (plan) de la presidenta de mesa donde ha votado la candidata del PP pasaba, hoy domingo, «por ir a misa», pero no sabe si podrá... «Hombre, para comer sé que puedes salir, pero para ir a misa no lo sé», le responde el vocal. Y qué lástima que no esté en este colegio la diligente empleada de la Administración, que se lo aclaraba antes de dar la doce.
Para esa hora ya habían votado por cierto todos los candidatos a la alcaldía de Bilbao. El más madrugador ha sido Samir Lahdou, que prácticamente abría el colegio de Solokoetxe a las nueve de la mañana. Aña Viñals, candidata de Elkarrekin Podemos votaba en el colegio Berriotxoa de Santutxu a las diez. Y allí estudio también de niña: «Fui una estudiante aplicada. Se me daban bien filosofía, economía, lengua y natura», cuenta Viñals, que todavía se acuerda de los 'profes': «Joseba, Maria, Marijose, Unitxer...», recuerda.
Por cierto que su número tres, Carmen Muñoz, coincidió con Alfonso Gil y Mendia en el colegio. «¡Carmentxu!». A las once. A la misma hora que Jone Goirizelaia (EH Bildu) votaba en General Concha -después, acompañaba a su madre-. Total, que el trabajo hecho para media mañana. A tiempo para el vermú.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Una moto de competición 'made in UC'
El Diario Montañés
Publicidad
Publicidad
Favoritos de los suscriptores
Muere la pelotari navarra Naroa Elizalde a los 27 años
Juan Pablo Martín
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.