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Suele pasar que los candidatos se distancien de sí mismos durante la campaña. Se vuelven más rígidos, están más protegidos por sus partidos y llevan ... tarjetas con respuestas medidas al milímetro que no circulan durante el curso. También le ha sucedido a Rocío Vitero (Vitoria, 43 años), que irrumpió con frescura en la arena municipal. Pero pese a esa austeridad dialéctica, la ganadora de las elecciones ha encarnado el aire nuevo del Ayuntamiento. Será porque era la única aspirante que había sido ajena al circuito institucional hasta hace cuatro años y ha demostrado un carisma magnético. Vitero es una 'rara avis' que arrancó la carrera electoral como una de las más desconocidas, que en cuatro años ha pasado de la Vitoria invisible, de trabajar mano a mano con las personas sin hogar o con patologías, a encabezar el Pleno.
Trabajadora social con especialización en exclusión y en salud mental, a Vitero le sobrevino el gran foco hace más de dos años, cuando estalló el escándalo de Miren Larrion (2021). La portavocía recayó en un principio en Félix González. La coalición optó por un hombre de la vieja guardia, ya que Vitero no pertenece a Sortu ni al resto de grupos que integran Bildu (Alternatiba, EA y Aralar), sino sólo a las siglas que los agrupan. Tuvo poco más de un año para moldear su candidatura. Casi a contrarreloj.
En el binomio que forman las palabras «izquierda y abertzale», podría decirse que Vitero representa mucho más a la primera que a la segunda. Nunca se ha definido independentista en público, ha reivindicado en repetidas ocasiones sus orígenes zamoranos (su objeto preferido es precisamente un pañuelo regional) y es euskaldunberri.
Sus rivales políticos percibieron su condición de euskaldun novel como un potencial hándicap a medio plazo, e incluso la facción abertzale más dura se lo reprochó en las redes sociales, pero a día de hoy no lo ha acusado en exceso, porque sus adversarias tampoco lo dominan a la perfección. En otras palabras, Vitero representa el nuevo giro de los soberanistas, que han diluido los discursos identitarios en los ayuntamientos de las capitales.
En los actos del pasado 3 de Marzo, pronunció uno de sus discursos más certeros al recordar que «de los cinco muertos, sólo uno había nacido en Vitoria. En los años 1960 Gasteiz creció gracias a muchas personas que acudieron de Galicia, Extremadura, Palencia... Les acogió, como a mi familia cuando buscaban un proyecto de vida». Tampoco puede decirse que haya dado un vuelco al discurso de Bildu sobre la memoria, ya que durante la polémica por la inclusión de 44 exetarras en las listas municipales y forales (es cierto que no era el caso concreto de Vitoria) no se salió de la línea que marcó el partido de «trabajar por la convivencia».
No cabe duda de que la portavoz soberanista se siente más cómoda al abordar cuestiones del ámbito social, que tiene recientes por su pasado como responsable del Aterpe y de la Comisión Antisida (Sidálava). Con las personas vulnerables le brota una versión más visceral. «Hay una situación de desprotección absoluta que hay que revertir», dijo en la última entrevista con EL CORREO. También se deja guiar por su entorno. Dicen quienes la conocen que aplica la perspectiva de sus allegados para plantear soluciones a los problemas de la ciudad y no perder el pulso de la calle; ya sea para conocer los problemas de movilidad a los polígonos o del comercio del Casco Viejo. Esto le confiere una mirada más práctica que idealista o erudita, que le permite conectar mejor con la ciudadanía y le distancia de su antecesora.
Vitero se ha familiarizado con las áreas de Hacienda y Comercio, habituales de la primera línea y donde el gobierno pone a sus principales figuras (han estado en manos de dos tenientes de alcalde).
Vitero, que ha destacado por su estilo, de factura local y más ambicioso, se desplaza en bicicleta (también practica el spinning) desde Salburua, pero ahora combina las dos ruedas con el recién estrenado tranvía. Forma parte de la generación que 'emigró' a los nuevos barrios, donde las viviendas son (más bien eran) más económicas y la media de edad se desploma en relación al Ensanche o San Martín, donde creció y residen sus padres. Pero de la cercanía con el Anillo Verde también agradece la válvula de escape que le ofrece con respecto a la tensión municipal. De hecho, suele acudir al monte (antes con su perra, Lola), a la playa y al pueblo de su familia cuando tiene ocasión.
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