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z. a.
Domingo, 14 de agosto 2022, 01:01
Ana Unzurrunzaga | Administrativa
Ana Unzurrunzaga conoce bien todos los sinsabores de buscar empleo después de haber cumplido los 45. «Llegué a desesperar. Caí en una depresión que me ... llevó a adoptar una actitud pasota, porque sentía que, independientemente de cuánto me esforzara, nadie me iba a llamar», recuerda esta administrativa de 56 años, que se quedó por primera vez en paro en 2014 y que ha hecho multitud de cursos, tanto de Lanbide como de otras instituciones, para reciclarse en el sector de logística y comercio internacional. «En más de cinco años recibí solo un par de ofertas de trabajo», cuenta.
Preocupada por la exigua pensión que le quedaría tras haber cotizado a la Seguridad Social solo 16 años, Unzurrunzaga tuvo que pedir ayuda para superar el trauma: psicológica y económica. «Estuve medicada y en alguna ocasión incluso tuve que solicitar la Renta de Garantía de Ingresos (RGI)», confiesa. No obstante, cuando estaba a punto de tirar la toalla, la suerte le ha sonreído. «La Federación Vizcaína del Metal me llamó para decirme que una empresa buscaba de forma urgente a alguien con mi perfil y en un par de días me contrataron. He encontrado el trabajo que llevaba toda mi vida buscando y estoy feliz», dice.
Concluirá pronto los tres meses de prueba y se asentará entonces en su primer empleo indefinido. «A la empresa le aporto compromiso y la estabilidad que no buscan los jóvenes, porque espero que este trabajo me dure hasta la jubilación», señala, agradecida por la oportunidad pero también convencida de que es la persona adecuada para el puesto.
Roberto Bustos | Publicista
Roberto Bustos, que trabajaba con colectivos desfavorecidos en una asociación, presentó su renuncia y se propuso dar un giro radical a los 48 años para entrar en el mundo de la empresa. «No me veía ahí a los 50», explica. Consciente de que «hay pocas oportunidades en el mercado», pero convencido de que «el fin del covid ha cambiado algunas cosas», diseñó un plan basado en tres pilares: «El psicológico, para superar el duelo que surge después de siete años en un empleo; el formativo, para actualizar mis competencias a través de una de las lanzaderas de Dema; y el de las relaciones personales, gracias a las que conseguí entrevistas». Este peruano afincado en Bilbao desde hace 19 años culminará su transformación el próximo día 29, cuando comience a trabajar para Acceture en uno de los edificios más simbólicos de la empresa vasca: la Torre Iberdrola. «Una de las claves está en aprender a venderse mejor. Yo he pasado de creer que estoy pidiendo trabajo a pensar que voy a solucionarle problemas a la empresa. Es vital creérselo», argumenta.
Ana Cáceres | Autónoma
«En 2002 comencé a trabajar como jefa de tienda en Eroski, pero, diez años después, me quedé embarazada y decidí ponerme de cajera», recuerda Ana Cáceres, que siempre ha valorado más su vida que el trabajo. Eso sí, nunca ha dejado de formarse, y en 2017 decidió compaginar su empleo con un voluntariado en Cruz Roja. Ahora, a los 50 años, se ha animado a dar un salto y poner en práctica los conocimientos adquiridos. Tras ganar uno de los premios 'Tu idea cuenta' de Álava Emprende por su proyecto Orientación y Empleo (OYE), ha decidido crear su propio puesto de trabajo. «Antes tenía vértigo al cambio, ahora ganas de emprender. Quiero ayudar a que la gente salga de la rueda de las RGI y del paro de larga duración», cuenta. De momento, ya tiene en su radar al colectivo de vendimiadores, y espera ir ampliando el foco. «Ir de víctima no soluciona nada. Sé que hay gente que lo pasa mal y que yo he tenido seguridad económica, pero la edad suma más que resta. Ahora tengo más sensatez y me sé estructurar mejor», dice.
Unai Markaida | Directivo
A Unai Markaida, ingeniero especializado en producción y calidad, la pandemia le pilló de sopetón: «La empresa estaba en crisis y esa fue la puntilla. Algunos habían previsto su salida, pero a mí me sorprendió». Comenzó entonces un período de paro que recuerda como una condena: «22 meses, menos siete días». Con amplia formación actualizada, idiomas y una experiencia dilatada, Markaida no pensó que sus 54 años fuesen un problema. «Llegué a la fase final de varios procesos de selección. Pero, aunque rebajase mis expectativas, nada cuajaba y al final entendí que algo estaba haciendo mal», explica. Tras 16 meses en dique seco, decidió acudir a servicios profesionales de recolocación, «como cuando tienes un problema de salud vas al médico». Fue un intenso proceso de introspección. «Cuesta mucho darse cuenta de que hay que pedir ayuda. Pero crear una marca personal y sumergirse en las redes cambia las cosas de forma casi radical», afirma. Al final, él eligió su empleo entre varias ofertas. «Ahora incluso me llaman a mí», concluye.
Felipe Rebollo | Ingeniero
Después de haber trabajado durante 16 años en una planta petroquímica de Santurtzi, Felipe Rebollo ha tenido que batirse el cobre buscando trabajo en diferentes sectores. Y reconoce que, aunque lo ha logrado media docena de veces desde que cumplió los 45, cada vez es más complicado. «La primera estuve en paro tres meses. Luego seis, y la última vez casi un año», cuenta. Pero, a los 60, este ingeniero sigue teniendo éxito. «La mayoría de las oportunidades llega a través de contactos personales, aunque hay que aceptar que el mercado laboral ha cambiado y que las condiciones salariales que se ofrecen son peores. No se puede mantener la mentalidad de hace 30 años», advierte. Para Rebollo, la clave está en «considerar que buscar trabajo es un trabajo en sí mismo, y hay que hacerlo a conciencia». Subraya la necesidad de actualizarse y adaptarse constantemente, «algo que puede costar más a cierta edad», y señala que son necesarios cambios sociales, «empezando por eliminar la discriminación a los mayores», y en el ámbito de la empresa.
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