El CEO de Extremadura New Energies, promotora de la mina de Valdeflores, posa en una imagen de archivo con la reproducción virtual de la instalación industrial proyectada de fondo.
El segundo mayor yacimiento de litio de Europa espera en Extremadura su oportunidad
MATERIAS PRIMAS ·
El CEO en España de la multinacional australiana Infinity Lithium está «seguro» de que el polémico proyecto de Cáceres entrará en la segunda lista de estratégicos, que se publicará en unos cuatro meses
A tres kilómetros de la ciudad monumental de Cáceres, en una montaña a 40 metros de altura, se encuentra el segundo mayor yacimiento de litio ... en roca de toda Europa.
San José de Valdeflores, como se llama el paraje rico en el 'oro blanco', es famoso por su reconocido potencial y por los nueve años de trámites que acumula la empresa interesada en explotarlo, pero sobre todo por la férrea oposición vecinal que ha provocado.
Ahora, y a pesar del foco mediático del que siempre ha gozado, se ha quedado fuera de la primera lista de minas estratégicas señaladas por Europa y esto ha suscitado dudas sobre el futuro de la mina.
¿Qué significa en realidad este gesto de Bruselas? ¿Ha ganado la batalla la plataforma ciudadana? ¿Se retiran los promotores agotados? Ni una cosa ni la otra.
«Estamos seguros de que, tras haber sido precalificados como estratégicos, entraremos en una segunda lista, que esperamos sea publicada en unos cuatro meses por la Comisión Europea. No tenemos miedo de no obtener los permisos necesarios. Cumplimos con la legislación y esperamos operar en 2029 tras dos años de construcción», aseguró a este diario el CEO de Extremadura New Energies (ENE), Ramón Jiménez.
La empresa, filial española de la australiana Infinity Lithium que promueve la mina, cree que el avance de los trámites de cada proyecto, en estados diferentes, ha podido pesar en la primera elección de Bruselas. Su competidora directa, Lithium Iberia, sí ha logrado el espaldarazo para el proyecto en otro paraje también cacereño, el de Las Navas, aunque aún espera la Declaración de Impacto Ambiental de la Junta de Extremadura.
Potencial reconocido
Lo que no parece estar en entredicho es la importancia del yacimiento de Valdeflores, que espera una segunda oportunidad. Sólo es superado en recursos por otro en la República Checa, que también se encuentra en fase de tramitación aunque el estado participe al 52%.
De San José de Valdeflores se podrían obtener cada año 33.000 toneladas de hidróxido de litio -tras tratar el mineral en roca-, material básico en la fabricación de los cátodos que necesitan las baterías para funcionar. Todo tipo de ellas: desde las milimétricas que lleva un sensor utilizado en la agricultura hasta la que pone en marcha un coche eléctrico lo necesitan. «Solo con nuestra producción se podrían sacar al mercado 800.000 coches Tesla Model 3 cada año», calcula Jiménez.
Pero también, y más importante para los objetivos estratégicos y económicos de la UE, las grandes baterías de almacenamiento eléctrico que permite a las renovables gestionar la energía que generan y cuyo despliegue está ahora impulsando la UE con ayudas directas, gestionadas a través del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico (Miteco). Porque este es el gran poder del litio: su capacidad para almacenar la energía.
33 mil
toneladas
de hidróxido de litio son las que se podrían producir anualmente en la mina de Valdeflores.
9
años
es el tiempo que lleva el proyecto en fase de desarrollo y tramitación desde que comenzaron las investigaciones sobre el terreno.
113
millones
de euros es lo que el gobierno regional recibiría en impuestos directos cada año durante 26 años de ponerse en marcha la mina.
De este último material, obtenido tras someter a las rocas a un proceso industrial que también se realizaría en las tres plantas proyectadas por ENE en Cáceres, «somos absolutamente dependientes» de países extracomunitarios, valora Susana Timón, científica titular del departamento de Recursos Geológicos para la Transición Ecológica del Instituto Geológico y Minero de España (IGME). Calcula la experta que con la explotación en Valdeflores «se podría asegurar, en parte, las necesidades europeas de litio en el futuro próximo».
«Todo el mundo está de acuerdo en la importancia de estos minerales», advierte el CEO de ENE, y de que los tenemos «en cantidades brutales», pero «la minería es el patito feo». Desde los años 60, «quedó un poso negativo en la sociedad, que está en contra de esta actividad en toda Europa, a pesar de que no tiene nada que ver con épocas pasadas. Está automatizada, es de bajo impacto, etc».
Esto, a su juicio, esta contestación social «está impidiendo de alguna forma que los proyectos se desarrollen pronto». Se refiere a que si la Administración tiene que ser exquisita y celosa a la hora de otorgar permisos para una actividad compleja desde el punto de vista medioambiental, y con la población en contra, los técnicos extreman hasta el infinito sus precauciones.
Manifestación en Cáceres contra la mina de Valdeflores el pasado mes de junio.
HOY
Ningún argumento a favor de la instalación –extracción a 40 metros de profundidad, relleno de galerías al finalizar, poco impacto visual, uso de energía verde, etc.– convence a los integrantes de la plataforma Salvemos la Montaña de Cáceres, entidad que más presión ejerce en contra por considerarla un atentado a la salud y a la preservación del patrimonio natural de la ciudad.
Sobre la precalificación de estratégico de este proyecto, dijeron en un comunicado hace unos meses: «Es evidente que continuaremos nuestra oposición frontal en aras de recuperar la seguridad jurídica que las decisiones políticas nos intentan arrebatar, primando el beneficio económico de unos pocos sobre la salud y la seguridad ciudadana y ambiental». Los vecinos creen que el trato por parte de la administración es «bochornoso» para los intereses de los cacereños.
Jiménez conoce bien todas estas circunstancias y reconoce que la presión ciudadana les afecta. El suyo es precisamente un proyecto ejemplar para entender por qué Europa ha decidido acelerar la burocracia en esta actividad industrial que ahora considera prioritaria.
El último escollo
El último requisito que ha impuesto la Junta de Extremadura, que es quien en cualquier caso da los permisos al final, es que las pruebas para demostrar el impacto de la mina realizadas en Australia no han valido y tienen que montar otro laboratorio experimental en Cáceres para reevaluarlo.
Esto les ha obligado a devolver los 18,8 millones de euros en ayudas que ya habían recibido del PERTE de Europa por no poder cumplir plazos -estas pruebas les llevarán un año más de retraso- y así evitar pago de intereses.
«En cualquier punto de Europa la media para un proyecto de minería es de unos diez años de desarrollo», asume Jiménez, quien no ve fuera de lo normal el tiempo que acumula su empresa, que lleva en desarrollo nueve, durante los cuales ha ido ajustando el diseño del proyecto.
Desde ENE esperan que a finales de año les otorguen el permiso necesario para comenzar la construcción en 2026 y en 2029 estar operando. No tienen ninguna duda de que lo conseguirán, insiste.
Cuando este momento llegue, las cifras de negocio que se manejan son muy altas. Se estima que el precio de la tonelada de litio sea de unos 30.000 dólares en 2027.
¿Quién se beneficia de esta explotación? Obviamente, ENE, porque es una empresa privada, pero a través del pago de impuestos directos y los empleos generados aseguran que revertirá positivamente en la economía cacereña, argumento que niegan en rotundo la plataforma de vecinos movilizados en contra.
Según el proyecto presentado, se crearán 700 puestos de trabajo y solo en impuestos directos, el gobierno regional recibirá 113 millones de euros al año durante 26 años y, el central 128. «La gente piensa en mina y recuerda el desastre de Aznalcóllar. Han pasado casi 30 años. Las cosas han cambiado mucho», concluye Jiménez.
¿Cuál será el destino del litio extremeño?
«Por razones de confidencialidad no puedo revelar con quiénes tenemos firmados ya compromisos de ventas, pero lo lógico es que este material vaya al mercado nacional de baterías de litio», asegura Jiménez. Actualmente, solo hay una fábrica de este tipo de productos en España, ubicada en Getafe. Pero el sector de la fabricación de baterías ión-litio, como el de la minería, está en plena eclosión de proyectos. Al menos hay tres en fase avanzada: en Navalmoral de la Mata (Cáceres), Zaragoza y Málaga. Estas dos últimas factorías cuentan con la participación de capital chino a través de las empresas CATL y Sermatec.
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