El año 2023 no se debe interpretar sin tener en cuenta los tres o cuatro años anteriores. Coincidiremos en que estamos viviendo tiempos bien intensos. Hemos pasado por una pandemia, que modificó nuestros hábitos de vida hasta extremos inimaginables, pasamos después por una crisis de ... las cadenas de suministro mundiales, en la que parecía que en el mundo había escasez de casi todo lo crítico, después nos encontramos con una guerra en Europa, que provocó un shock energético del que aún no nos hemos recuperado, y finalmente vemos un mundo digiriendo la inflación de costes que ha quedado consolidada con tensiones yacentes de ámbito geopolítico.
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Demasiados factores anómalos concentrados, podríamos pensar. Son, simplemente, tiempos diferentes, en los que la predictibilidad parece que ha dejado de existir, los ciclos ya no son sencillos de prever y la inestabilidad resulta norma. Pero el mundo es amplio, lleno de oportunidades, especialmente en el ámbito del consumo, con relaciones proveedor y cliente cada vez más estratégicas, que buscan irremediablemente ser sostenibles. Ante eso, la respuesta es la acción. Nos movemos, nos mantenemos ágiles, nos adaptamos, diversificamos el negocio creando plataformas de futuro sin perder el foco en nuestras bases de beneficio.
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