
Hacia una cultura de la cultura financiera
Pablo Sanz
Viernes, 10 de noviembre 2023, 11:52
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Pablo Sanz
Viernes, 10 de noviembre 2023, 11:52
Hace un par de semanas, tuve la ocasión de participar, en San Sebastián, en un foro organizado por Elkargi, entre otras instituciones. En él se habló del binomio banca e industria. Dos elementos absolutamente sinérgicos, en relación de dependencia mutua hasta el punto de que, del ajuste de este engranaje depende la prosperidad de nuestra economía real, la de nuestras empresas, la de nuestras familias. Entre los temas tratados, la cultura y la educación financiera de nuestra sociedad. Y al hilo de este debate, se plantearon algunas reflexiones interesantes e, incluso, divertidas, pero, en todo caso, ilustrativas de la relevancia de este tema que, desde hace unos años se ha situado en un lugar destacado de las agendas de las entidades privadas e instituciones públicas que intervienen en los mercados financieros.
En 2008, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) suscribieron un convenio de colaboración para mejorar la cultura financiera de los ciudadanos que, desde esa fecha, se ha concretado en cuatro sucesivos Planes de Educación Financiera. En el ámbito internacional, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico cuenta también con una política especifica en este ámbito que se ejecuta a través de la denominada International Network on Financial Education (INFE). Todas las entidades de crédito, así como sus asociaciones, están también colaborando activamente a estas actividades de formación y difusión, que ponen un acento especial en los jóvenes y en la capacitación digital de las personas mayores.
Y es que, en la misma línea, no podemos olvidar la relevancia que tiene la relación de cada uno de nosotros, de los ciudadanos, con sus finanzas personales. Una adecuada cultura financiera contribuirá a la adopción de decisiones informadas y a un consumo responsable de productos financieros. Por el contrario, la falta de formación en este ámbito puede conducir a situaciones de vulnerabilidad y exclusión.
Estrechamente vinculada con las iniciativas de promoción de la educación financiera, e igualmente necesaria, se encuentra la política de lucha contra la exclusión financiera que pueden sufrir quienes, por edad, capacitación digital o por vivir en zonas rurales, tienen dificultades de acceso a los servicios financieros.
A mi juicio, todas estas iniciativas son críticas para nuestro desarrollo como sociedad, y muy especialmente para las nuevas generaciones. El acceso a los servicios financieros con la información y conocimientos adecuados es una pieza clave para facilitar la igualdad material y real de los ciudadanos que nuestro texto constitucional reclama.
Adicionalmente, jóvenes adecuadamente formados en finanzas, se convertirán en empresarios responsables, en autónomos creadores de empleo. En los «buenos padres de familia» que menciona el Código Civil que gestionan su economía familiar de forma diligente y ordenada, multiplicando las oportunidades personales y profesionales de sus hijos a los que educarán en esa cultura financiera de la mejor -si no la única- forma posible, que es con el ejemplo.
Por tanto, la educación financiera es una pieza clave para nuestro crecimiento y desarrollo como sociedad, y, al mismo tiempo, una palanca critica para la eliminación de las desigualdades sociales y el riesgo de exclusión y vulnerabilidad.
La regulación puede -y debe- continuar exigiendo que las entidades de crédito actúen con transparencia, pero no puede suplir el proceso de libre formación de la voluntad de cada ciudadano individual que sólo será verdaderamente libre si cuenta con los elementos de juicio y conocimientos necesarios. Idealmente, debe ser cada ciudadano quien sea capaz de estructurar su cartera financiera y gestionar su economía personal de forma responsable y madura, y ello exige una educación financiera integral a través de todas las etapas del desarrollo educativo. Vamos, desde el colegio.
Todos los ciudadanos son, naturalmente, consumidores de servicios financieros; solicitar una hipoteca, abrir una cuenta corriente, aplazar un pago con una tarjeta de crédito son ejemplos de uso de dichos productos financieros.
Por ello creo que es una buena noticia que la educación y cultura financieras se hayan situado en el centro del debate. Especialmente ahora, cuando junto a los productos bancarios tradicionales aparecen nuevos instrumentos como las criptomonedas o los activos digitales, cuya regulación es aún muy incipiente, y cuya comercialización o publicidad a través de redes sociales multiplica el alcance de los riesgos asociados a ellos, en particular entre los jóvenes.
Cultura financiera que será el resultado de una adecuada educación en finanzas, pues como decía mi recordado profesor, el Padre Abia, «la cultura es aquello que sabes cuando has olvidado todo lo que has aprendido en el colegio».
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