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Santiago Sánchez Amores | Transportista
Hay que retrotraerse hasta 1987 para dar con la fecha en que Santiago Sánchez Amores se puso por primera vez al volante de su camión. ... Desde entonces, reconoce, ha habido momentos «buenos» para el negocio, pero desde 2007 «lo hemos pasado muy, pero que muy mal». Tras la huelga de este pasado mes de marzo, sí advierte cierta mejora, pero este profesional que trabaja en el Puerto de Bilbao destaca que el problema ahora es la falta de relevo. «No hay gente que trabaje en el sector y eso va a generar un problema en los precios. No hay relevo generacional».
¿Y por qué sucede esto? Sánchez Amores lo explica. Antes, las exigencias para ser transportista eran menos y eso «favorecía el acceso al negocio». Ahora, en cambio, «parece que hay que ser universitario». El camionero recuerda que el procedimiento actual requiere pasar una prueba del Gobierno vasco para la capacitación profesional y el pago del permiso de conducir, que puede alcanzar los 4.000 euros, además de depositar 9.000 de fianza por vehículo. Y hay otro problema, añade: desde que se paga la entrada del camión, cuyo valor ronda los 150.000 euros, hay que esperar un año a su llegada.
Son un cúmulo de circunstancias que dificultan en exceso la llegada de nuevos profesionales y crean un «grave problema» para el que va a haber que buscar soluciones, como «homologar a gente para que se incorpore y facilitar las pruebas, así como abaratar los costes».
En las actuales circunstancias, es contundente. «A mi hijo le diría que no, que no se haga transportista. Aunque pueda ganar más dinero, arriesgas todo tu patrimonio, respaldando el negocio no solo con tu camión, sino con la vivienda y con todos los ahorros».
Nieves Quintana | Agricultora
Tres décadas lleva al frente de su explotación esta agricultora centrada desde 2019 en el cultivo de cereal, girasol y habas en el pueblo de Otazu (Vitoria). Antes también fue 'patatera' y en campañas de recogida y siembra contaba con tres trabajadores. «Ahora solo estamos mi marido y yo», apunta Nieves Quintana. No tienen hijos ni tampoco, por lo tanto, la necesidad de buscar relevo generacional. «Las inversiones en maquinaria ya las medimos mucho, hay demasiados gastos en tratamientos, en gasoil... Este año hemos adelantado mucho dinero y tengo claro que no vamos a poder recuperar todo tras la campaña».
En el campo «dependemos de lo que nos caiga del cielo», añade Quintana, y en los meses de mayo y junio «apenas ha llovido y está haciendo excesivo calor, poco habitual en estas fechas», lo que repercutirá de manera negativa en la cosecha. «Así que nuestra economía diaria tiene que ser como un fondo de inversión, de donde sacar dinero cuando sea necesario. Sabemos que de cada tres o cuatro años habrá uno o dos malos. Y los ahorros son importantes».
Su trabajo es vocacional «y estar en contacto con la madre naturaleza, cuidándola para preservarla de cara a nuevas generaciones, siempre es enriquecedor. Es una forma de vida». Pero hay otros aspectos de su día a día «que no me gustan nada», reconoce esta alavesa de 57 años. «Tenemos muchas dificultades con la burocracia, es el cultivo que peor llevo. Hay que presentar todo el papeleo de forma digital, con certificados, y eso es agotador». A su juicio, «resulta un hándicap y no favorece nada la llegada de gente nueva y joven al campo».
Manuel Iturregi | Hostelero
Manuel Iturregi es autónomo desde 2001, cuando montó un referente de Bilbao, el Residence. Entonces, la zona de Barraincua y Alameda Recalde del ensache del 'botxo' no era tendencia para locales de coctelería, pero este emprendedor lo vio claro y apostó fuerte. Y es que Iturregi defiende que, en las condiciones actuales, «la clave es la vocación». «Si tienes las cosas claras y te ilusionas, tiras para adelante, porque si no, o vas con el riñón cubierto o cualquier coste imprevisto te puede destrozar el negocio; fíjate con la pandemia».
En este tiempo, la hostelería ha sido para los trabajadores autónomos uno de los sectores más castigados. El barman cree que la causa de ese descenso tiene mucho que ver con «la aparición de franquicias que se hacen con locales regentados por familias que no encuentran continuidad, así como con el fenómeno de empresarios que se hacen con seis o siete negocios en los que contratan a un encargado».
Además, Iturregi insiste en que el modelo ha cambiado. «Hace falta especialización, es muy difícil desarrollar un negocio en el que el mismo local te sirva para todo: desayunos, comidas, copas... Resulta complicado hacerlo todo y hacerlo bien. Ya no vale montar un bar». Y esa exigencia es para el hostelero una dificultad para que muchos decidan dar el paso de ser autónomos. «Aquí el último en cobrar es el dueño y al principio no hay descanso, siete días, 24 horas». La gente, explica, si no tiene el proyecto claro, prefiere ser encargado u otra cosa y tener un sueldo asegurado. El dueño del Residence cuenta ahora con tres empleados con antigüedades que van hasta los seis años; una 'rara avis' en el mundo de la hostelería, pero que le permite compaginar su actividad con cursos y una consultoría.
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