
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El desfile de complementos para soportar los latigazos en la piel del rácano mercurio fueron variados. Los guantes y gorros se distinguieron como las prendas ... que con más gusto portaron los atletas. La mascarilla, ese fiel testigo de nuestras vidas y bocas desde hace año y medio, fue de uso religiosamente obligatorio, aunque siempre hay alguno que se une a la corriente negacionista para llevar la contraria. Fueron los menos y en esa armonía y sentido común discurrió la marea multicolor en la capital alavesa que despertó el instinto «animador» que todo vitoriano lleva dentro a base de ser testigo de pruebas y eventos deportivos en la ciudad del deporte.
Esa «marca registrada» se exporta y es un atractivo reclamo para foráneos que del deporte hacen virtud para extender su interés a lo turístico y gastronómico. «Es que una visita a Euskadi implica comer bien», explicaba Adela, compañera de Manuel, corredor popular enganchado al atletismo desde hace cinco años. «Esto ya forma parte de nuestras vidas. Viajamos, corremos, hacemos turismo y disfrutamos de la vida», añadía la pareja madrileña. La prueba, que tenía un limite de 2 horas y 30 minutos, dio para promesas cumplidas, apuestas y retos personales. «La pandemia en 2020 nos privó de estrenarnos en una carrera de 21 kilómetros, pero por fin la hemos hecho», celebraron Laura y Sonia, dos cántabras treintañeras, enganchadas al running gracias a la Carrera de la Mujer. «Ahí empezamos y después de eso hemos seguido. Entrenamos y tenemos un vida saludable, pero después de lo que hemos quemado hoy -por ayer-, no vamos a perdonar una buena comida y un par de cervezas», confesaban al unísono.
La Media Maratón de Vitoria tiene un marcado acento popular y familiar. El trabajo en equipo para los López es esencial. Eso y una buena organización. Mientras Eneko atiende a sus hijos, participantes de la carrera txiki, no pierde detalle de la evolución de Nerea, su mujer. Es su tercera media maratón y su objetivo pasaba por hacerla en menos de 1 hora y 45 minutos. «Queremos ver ya a la ama cruzar la meta», deseaba Enaitz, el mayor. Nerea cruzó la meta, feliz, cumpliendo su objetivo. Es una de las señas de identidad de la prueba de las pruebas. Porque aquí todo el mundo gana. El primero o primera en cruzar la meta y hasta el último, como fue el caso, según los registros oficiales y dentro del tiempo permitido, de Mikel Garmendia en el puesto 1.783 con un tiempo de 2:28.27 horas. Para ellos, una oda al esfuerzo que en otros casos se convirtió en frustración, como delataban las lágrimas de Ibon. «Me he sentido mal en el kilómetro ocho y he preferido dejarlo. He venido caminando para animar a mis amigos», lamentó con cierto aire de tristeza.
Con orden y paciencia, el pabellón de Mendizorroza fue un desfile de 'finishers'recibiendo su merecido avituallamiento con responsabilidad cívica ante el virus que viene y va. De hecho, las malas lenguas ya empezaron a especular y poner en entredicho la celebración de la San Silvestre vitoriana. Hoy, tanto el Ayuntamiento como la federación tomarán la decisión sobre la disputa o no de la última carrera del año.
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