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ÁNGEL RESA
Domingo, 1 de agosto 2021, 13:26
El contundente desayuno que debían de ingerir la actual campeona mundial y la vigente europea resultó un almuerzo indigesto para la selección española, pese a ... su intento de que el dolor de tripa afectase al otro bando. Especialmente por la parte que atañe al técnico italiano de La Roja, que decidió inaugurar la matinal aquí (media tarde en Japón) con la apertura en domingo de su misal táctico. Más bien 'El libro gordo de Scariolo', repleto de ideas malévolas para el adversario como corresponde a un estratega sobradamente acreditado. Si se trataba de incomodar al formidable Doncic apenas caben dudas sobre la aptitud de Sergio y la obediencia casi militar de su solidaria y entregada tropa a la causa olímpica.
Pero… la Eslovenia que lidera el fenómeno de los Mavericks demostró, en un duelo eléctrico donde las chispas pudieron quemar a cualquiera de los dos equipos, su capacidad para sobrevivir a las trampas tendidas desde el banquillo español. A falta de los puntos del enorme base de Liubliana (sólo doce tras destruir a Argentina con 48 en el duelo inaugural), el rival recurrió a una fe inquebrantable, su mayor frescura ofensiva en el tramo decisivo, la importancia de Cancar y la hemorragia que provocó el nacionalizado Tobey en el rebote ofensivo y las transiciones frente a un Pau físicamente superado. El resultado final, demasiado cruel en un compromiso sobre el alambre, miente algo o cuenta una media verdad.
Sí, porque tanto Abalde como Ricky dispusieron de dos triples para extender otros cinco minutos el encuentro, pero ya entonces se intuía a un bloque español demasiado dependiente de impulsos individuales frente a un esloveno más suelto y cómodo sobre el parqué. Ganó la vigente campeona de Europa por su afán de supervivencia frente a la pizarra de Scariolo. Un entrenador que desempolvó la táctica defensiva de la 'caja y uno' (cuatro elementos en zona y la vigilancia extrema en el cara a rostro del soldado Claver ante Doncic o Llull frente a Prelevic) y envió sucesivos cancerberos para contener las picaduras letales de 'El fenómeno'. Casi todo resultaba bien hasta el minuto 27 (57-45 a favor de España), antes del crecimiento contrario en un océano de mareas altas y bajas según soplaran los vientos.
El combinado de Sergio gobernó un partido de rango mayor durante más tiempo que el rival, pero sus crecidas a lomos de la puntería exterior, las dos faltas en ataque arrancadas al monstruo, la mejoría de Marc, los fogonazos de Llull en estado efervescente o puro y el arrojo exterior de Abalde no bastaron. Ni siquiera los triples con los que quiso reivindicarse Pau y los de Rudy castigando los descansos atrás de Doncic -que recolecta rebotes desde su liviana posición de 'líbero'- consolidaron un triunfo que se veía muy posible (doce arriba con sólo un tercio de partido por disputarse) frente al ánimo de una Eslovenia orgullosa. Conocedora, y mérito tiene, de que incluso sin la anotación exagerada de su guía y 'conferenciante' -por sus protestas y diálogos permanente con los árbitros- podía tutear a la vigente campeona del mundo.
Una cita densa, de esas en que conviene repartir toallas también a los espectadores para secarse el sudor y tensiómetros que controlen las marejadas arteriales. Un compromiso bien planteado desde el banquillo para aplacar el veneno del chico de moda, pero que recordó la teoría de la manta. La que enfría los pies o la cabeza porque resulta casi imposible cubrir todos los flancos. A pesar, incluso, de las entregas individuales al servicio del grupo como el trabajo de Rubio en el rebote defensivo, las rotaciones para los intentos de puntear los tiros adversarios… Pero sin el premio de la comunión en el epílogo de la misa mayor. En cuartos de final espera la Estados Unidos de Kevin Durant.
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