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A Pello Bilbao (Gernika, 33 años) le gusta decir que no es el mejor en nada. Los otros ciclistas estiran esa definición y añaden que ... es bueno en todo. En su viaje por este deporte ha tenido paciencia, ha buscado la excelencia y ha sabido adaptarse al medio. Vale para todo. Gregario y líder. Sube, baja y sólo Vingegaard, Pogacar y Van Aert le superaron en la contrarreloj de este Tour. Para ganar la etapa de Issoire dictó una clase magistral sobre cómo resolver una fuga. Instinto, economía de gasto y remate. Ha sido el Tour de Bilbao, de Pello, que hoy llega en la sexta plaza a París.
- ¿Qué sintió al verse a solas con Vingegaard en el puerto de la Loze, el más duro del Tour?
- Lo que he sentido desde el inicio de la carrera, que puedo ser protagonista y estar delante. Todo lo que he conseguido viene de que me he tomado este Tour como algo especial. Se notaba en el ambiente en casa, en Euskadi, en el Gran Départ de Bilbao. Fue especial. Por eso he venido mejor preparado que nunca y me siento en la mejor condición de mi vida. He disfrutado en carrera y he tratado de aprovechar cada oportunidad. Ha habido días agónicos como el de la Loze. Todos íbamos al límite. Y fue un lujo poder estar en el juego de la etapa hasta el final. He visto las fotos en las que corono ese puerto con Vingegaard y será un recuerdo para siempre.
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- Ha acabado bien, pero el Tour empezó mal. La muerte dos semanas atrás de su compañero Gino Mader. El pinchazo en Pike, donde tanto quería brillar...
- Las dos semanas previas al Tour fueron muy complicadas. Tras lo de Gino, abandonamos la Vuelta a Suiza. No quería saber nada de la bici. Incluso me preguntaba qué es lo que hacemos, por qué tenemos que arriesgarnos tanto... Puse todo en duda. Y luego pasé de eso a encontrar la motivación para ir al cien por cien en carrera. La transición fue rápida. Le di la vuelta a la situación. La familia me ayudó.
- ¿Y el pinchazo en Pike?
- Fue un pequeño pinchazo que venía desde el Vivero. Los coches estaban muy lejos porque la carrera iba muy estirada. Noté algo, pero un compañero me dijo que no venía nada en la rueda. Seguí porque pensé que con el líquido sellante que llevan las ruedas saldría adelante, pero en la bajada vi que la presión era muy baja. En otra situación, con la cabeza más fría, igual hubiera cambiado de bici, pero ese día, quizá cegado por las emociones, no tomé la decisión correcta. Llegué a la meta casi tocando llanta.
- Durante esa etapa pasó por Gernika, por su casa, por el bosque está ayudando a reforestar. Por sus raíces.
- Sí, me siento un privilegiado al vivir donde vivo. Se respira además un ambiente muy ciclista. Noto mucho apoyo. La gente disfruta con este deporte y nadie se quiso perder el paso del Tour. Una oportunidad única. Se respiraba el ambiente desde semanas antes. Ese día fue impresionante. Me resultó difícil concentrarme al cien por cien en la carrera porque iba pendiente de la gente, de los ánimos. Cuando crucé el centro de Gernika parecía que estaba en fiestas. Impresionante. Con la velocidad que íbamos no distinguí ni una cara, pero sí noté todos los ánimos.
- ¿Cree que el Tour ha sembrado futuras vocaciones ciclistas entre los chavales?
- Sin duda. Va en aumento. Cada vez más gente se anima a probar el ciclismo. En competición y como pasatiempo. Seguro que el Tour tiene un impacto entre los chavales. Y más si tenemos corredores ganando etapas como Ion (Izagirre) y yo.
- En este ciclismo dominado por veinteañeros, usted ha logrado la plenitud pasados los treinta.
- No cambiaría mi trayectoria. He disfrutado al máximo. He ido consiguiendo logros progresivamente. Y estoy convencido de que es la mejor manera para completar una carrera deportiva larga. Desde el punto de vista económico me hubiera venido mejor obtener estos resultados con 22 años y haber firmado grandes contratos, pero, en lo emocional y en cuanto a la motivación, creo que es más llevadera una trayectoria de menos a más.
- ¿Se siente un ciclista más matemático o más intuitivo?
- El secreto está en la combinación de las dos cosas. El ciclismo no se puede afrontar como el atletismo, donde todo es más fácil de calcular. En el ciclismo cada día hay que hacer una interpretación de la etapa. Te encuentras con rivales muy diferentes. Según las circunstancias, puedes buscar colaboración en tu equipo o con corredores de otras escuadras... Si te limitas a manejar solo datos, es fácil que fracases. Aunque hoy tenemos mucha información a nuestro servicio. Podemos conocernos a nosotros mismos. Los números ayudan mucho.
- No es el mejor en nada, pero es bueno en todo.
- Bueno, sí. Yo también lo veo así. Es lo que me ha colocado en la parte alta del Tour. Fui el cuarto en la contrarreloj. No me dejé mucho tiempo en los días de alta montaña. He aprovechado fugas y circunstancias de carrera... Sí, creo que se me puede definir así.
- Y así ganó la etapa de Issoire, en la que manejó siempre el ritmo de la fuga y asumió el riesgo de gastar más fuerzas que el resto.
- Yo también iba con ese miedo. Fui generoso en el esfuerzo. Era consciente de que tenía que ser el dinamizador del grupo. Si me escaqueaba y trataba de guardar más fuerzas, aquello no iba a funcionar. Ser generoso me sirvió para que los otros colaboraran al máximo. Ahí estuvo la clave. No pude seguir a Neilands cuesta arriba, pero tuve la cabeza fría para impulsar el reagrupamiento detrás. Gracias a que había sido voluntarioso todo el día conseguí convencer al resto para cazar a Neilands. Por eso logré llegar a los tres kilómetros finales con la situación bajo control y que todo se resolviera con las piernas.
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