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Vieron el partido de ayer al mediodía. Si no fue así, primero las radios y luego los diarios les han informado profusamente de lo bien ... que lo hizo España y del virtuosismo de Ricky Rubio, que le aseguró el galardón de mejor jugador del Mundial. Un título de gran valor solo reservado a los jugadores mas talentosos.
Habrán visto fotos, reseñas y alabanzas del trabajo de Rudy Fernández, convertido en el máximo reboteador del partido. Atrapó 10. En 29 minutos agotadores. Y recordarán la solidez de Marc Gasol, presente en el quinteto del campeonato junto al base del Masnou.
También el retorno del león enloquecido que es Sergio Llull, siempre heróico. Estas circunstancias no se les escapan a nadie.
Ahora, un poco se futurología. Si el baloncesto español quiere seguir seduciendo al mundo no es de recibo que algunos jugadores renuncien a estar. Sergio Rodríguez, Nicola Mirotic y Serge Ibaka tienen un compromiso con sus compañeros que no deben eludir. En el profesional mundo del fútbol unas renuncias así removerían las estructuras políticas. En el baloncesto, ni una línea de condena.
¡Somos tan poca cosa! Como aceptando que para estos eventos solo son jugadores interesantes aquellos que juegan en Euroliga o en NBA. No porque los ACB sean peores. Sencillamente, porque no están acostumbrados a las guerras que curten al jugador.
Juancho Hernangómez daría para el debate. Es con mucho el español que reúne más condiciones para acceder a los puestos decisivos. No lo hace. Le falta continuidad. Saltó del modesto Estudiantes a Denver, sin minutos exigentes aquí y sin relevancia allá. Como para forjarse el jugador duro que sustituya a los curtidos veteranos.
Un inciso. El Mundial ha mandado un recado a la NBA. Si venís con jugadores del grupo A de vuestra liga, ganáis, y todos a casa. Si todo el equipo es grupo B, mal asunto. Para estos, las reglas de juego y las dimensiones del campo son demasiado escollo. La selección USA tiene que salir de entre los tres mejores jugadores de las franquicias.
Otro factor determinante en estas competiciones pasa por el sentimiento de pertenencia que muestren los jugadores a lo largo del mes en que se reúnen. Vienen muy cargados de partidos, dejan a las familias y, sin embargo, deben estar dispuestos a pasárselo bien. Nuestro grupo lo tiene, quizás porque a lo largo de los años han convivido con tantas alegrías que se han hecho invulnerables.
Decía días antes Andrés Nocioni que «España y Argentina son los dos equipos con más pasión por este deporte y que merecen jugar esta final histórica». Si no es así, Serbia.
Después de todo lo visto es curioso comprobar que nueve jugadores argentinos han jugado o juegan en España. Que en el Mundial había mayoría de jugadores ACB. Que en nuestra liga, por cierto, solo el 27% son españoles.
Decídanlo ustedes. ¿Seguirán los milagros de unos pocos o caeremos en la vulgaridad inmediata? Seamos optimistas. En el deporte español siempre hay unos tipos que hacen saltar la banca.
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