
Antes del parón deportivo por el coronavirus tenía una ventaja de tres puntos sobre la competencia en la clasificación para los Juegos Olímpicos de Tokio 2021. Pero a falta de más pruebas, la madrileña Teresa Díaz será quien represente a la esgrima española femenina en el país nipón el próximo verano. La vida de la joven de 23 años está ligada a este deporte que corre por sus venas, ya que su madre es su entrenadora y su padre es el presidente del Club de esgrima Cardenal Cisneros.
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Aunque intentó jugar al baloncesto -pronto lo descartó por su altura-, Díaz siempre supo que quería probar las «peleas de espadas». Se enamoró de este deporte de inmediato a los 5 años y su trabajo y pasión la han convertido en Campeona de España sub'23. La tiradora también ha acudido a competiciones como el Grand Prix de Torino o la Copa de Europa de Clubes, donde resultó subcampeona, y ganó la Liga Iberdrola con su equipo.
Díaz compara la esgrima a un «ajedrez en movimiento», un deporte que obliga a mantener alerta todos los sentidos para engañar al contrario y «hacer esgrima anulando la del otro». La deportista entrena en Italia gracias a la oportunidad que le prestó la Federación para prepararse con los mejores tiradores. Las clases técnicas, las mañanas de asaltos y las sesiones de gimnasia y preparación psicológica forman parte de su día a día, pero también los estudios. Graduada en Educación Infantil, Díaz prepara ahora sus estudios de Psicología. Confiesa que antes de salir a los asaltos le gusta escuchar reguetón para motivarse.
Con Carolina Marín y Lydia Valentín entre las mujeres que le inspiran, Díaz tiene Tokio 2021 marcado en el calendario y está centrada en representar a España en los próximos Juegos como ya hicieron mujeres como Paqui Bazalo y Taymi Chappé antes que ella. Valiente y constante, en mayo hizo frente a los insultos que le profirió una persona que la siguió mientras se entrenaba al aire libre cumpliendo con las normas del estado de alarma. «Como deportistas, como mujeres y como seres humanos, no deberíamos tener que aguantar insultos ni amenazas de ninguna índole por parte de nadie», escribió entonces.
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