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En una trainera, las maniobras del patrón traen consigo éxitos y fracasos colectivos. Sobre él recae una responsabilidad de alta dirección, sobre todo cuando las mínimas diferencias entre calles o los mínimos cambios del tiempo asumen un alto protagonismo en los debates aurraunlaris. El acierto o error de los patrones se mira con lupa y seguramente más si la que se encarga de guiar la embarcación, manejar el timón y marcar el ritmo de la tripulación es una mujer. Hoy traemos a 'Campeonas' la historia de la segunda patrona que ha visto este deporte en toda su historia. Se trata de Izaro Lestayo, al mando de un bote que compite en la liga ARC-1 de remo, la segunda división de las traineras, bautizado con el nombre de 'Esperanza'. Es el equipo de Getaria integrado únicamente por hombres que este fin de semana pasado se ha llevado su primera bandera de la temporada en Pedreña y que este jueves, festividad de Santiago, competirá por un nuevo trofeo en aguas de Lekeitio. Antes que Lestayo fue patrona, en 2015, la vizcaína Iratxe Martínez de Pinedo. En su caso, lo hizo en Lutxana en una categoría inferior, la ACR-2.
En esta disciplina la norma es que haya dos patrones, se procura que sean compatibles, así que Izaro Lestayo comparte méritos y fracasos con Unax Eizaguirre. «Pero a la que le está tocando atender a los periodistas es a mí, por ser una chica en ... un mundo de hombres, y él está encantado», sostiene, entre risas, la propia Izaro. Natural de Getaria, ella es una experimentada remera de 21 años que desde septiembre tiene pensado compaginar esta afición con la carrera de Odontología. Al tiempo que entrena seis días a la semana trabaja como higienista dental y, en verano, como monitora de tiempo libre. La verdad es que no es del todo consciente de que ocupa un alto cargo. «¿Lo es? Es cierto, sí», reflexiona. Tampoco se siente jefa. «Somos todos del pueblo, algunos de los remeros incluso son de mi cuadrilla, nos conocemos bien, todos me han dicho que confían en mí», apunta.
Izaro Lestayo ya fue patrona de la trainera de San Juan femenina, un equipo ahora desmantelado. «No veo grandes diferencias entre chicos y chicas», dice. Y le quita hierro al asunto y pide reconocer en el artículo, por qué no, lo merece, al hombre que ha hecho posible que esta joven hormiguita atómica, sonriente y resolutiva, llame la atención en mitad del mar cuando se la ve agachada y «pegando gritos durante veinte minutos» a la cabeza de un grupo de no menos aguerridos remeros. Se trata de Jon Larrañaga, entrenador del equipo de Getaria. «Me llamó y me propuso ser patrona. Conocía mi trayectoria y no le importó que yo fuera mujer. De hecho, ni se lo planteó, me dice ahora. Como yo, no fue consciente de la que se iba a armar, pero le agradezco enormemente haberme dado esta oportunidad. Cuando para él no resultó tener ninguna importancia, otro seguramente de entrada no habría pensado en una mujer para este puesto«, explica Lestayo.
El código de regatas de la Federación vasca de Remo establece que «una regata de remo es una competición de deportiva que consiste en una o más pruebas que, si es preciso, se dividen en varias mangas disputadas en una o distintas modalidades de embarcaciones con remeros diferenciados en principio en distintas categorías según su sexo, edad y peso». Sobre los timoneles o patrones, la normativa señala que «un hombre no podrá ser timonel de un equipo femenino y viceversa, salvo en las competiciones de la categoría Masters o si, en circunstancias especiales, el Comité Ejecutivo permite lo contrario». «Si una mujer dirige a los chicos se ve como ventaja, porque normalmente ella pesa menos y en la proa es lo que conviene. Y si un hombre dirige a las chicas se ve como desventaja, por lo contrario, suele pesar más», explica esta getariarra.
Ahí está Izaro, desafiando a los embates del mar con sus 50 kilos más un lastre de cinco pegado a su cuerpo para llegar a los 55 kilos que, según este mismo código, debe pesar como mínimo un patrón vestido con uniforme de competición. «La primera vez que salí de patrona de los chicos fue en Baiona. Cuando alguien del público animaba, en lugar de escucharse 'aupa mutilak' oíamos 'aupa neskak', fue divertido», recuerda esta enamorada del mar que empezó a remar con su abuelo cuando era tan solo una niña. «Los chicos siempre quieren ganar una bandera pero para mí el mayor logro es ver que casos como el mío entren dentro de la normalidad. Que yo sea una de tantas y no una excepción. Entonces sabré que las cosas funcionan como deberían».
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