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AFP
Martes, 11 de junio 2019
Hace cuatro años que Idamelys Moreno entrena para convertirse en una campeona de boxeo, pero aún pelea con su sombra: su país Cuba, la potencia mundial de este deporte, no le permite subirse al cuadrilátero oficial. «No nos dan la oportunidad», se queja Moreno, de 27 años y estudiante de una licenciatura en Deportes. Acaba de terminar una sesión de entrenamiento en un gimnasio privado de La Habana, ambientado con fotos de grandes astros masculinos como Teófilo Stevenson.
De niña, esta morena de baja estatura y cuerpo tonificado practicó atletismo, fútbol y luego lucha, pero hace cuatro años descubrió su gran pasión: el boxeo. Aspira a pelear en los 57kg (pluma). «Si nos dan la oportunidad, también podemos aumentar ese gran medallero que tienen los hombres», añade, en referencia a los 37 títulos olímpicos y 76 mundiales que atesora el boxeo masculino, el llamado «buque insignia» del deporte cubano.
Con la esperanza de que el Instituto Cubano de Deportes (INDER) de luz verde al boxeo femenino «antes del próximo ciclo olímpico», Moreno entrena sin descanso y lo hace generalmente con hombres que la superan en estatura y alcance. Algunos la apodan 'La Domadora', en referencia a los 'Domadores de Cuba', franquicia local en la Serie Mundial de Boxeo (WSB). «Es una boxeadora con mucho entusiasmo y tremendas capacidades físicas, pero todavía no está desarrollada en todos los planos», asegura su preparador, el subcampeón olímpico de 2008 y bronce mundial en 2005, Emilio Correa (hijo).
Cuba tiene representación femenina en todos los deportes, incluso en la halterofilia y la lucha desde 2006, pero no ha logrado superar el último bastión del «machismo deportivo». Que el boxeo es «cosa de machos» o peligroso para la mujer, son dos ideas enraizadas en la isla, donde, pese al aval de los principales dirigentes de ese deporte, no se acaba de reconocer la variante femenina, que debutó en Londres en 2012. «Todos los deportes de combate son peligrosos, pero tenemos protectores de senos, cabecera, protección bucal. No afecta para nada a la mujer», razona Moreno y subraya que la demora en aprobarlo «terminó desalentando a una decena de jóvenes» de La Habana.
El sudor hace brillar la piel oscura de Moreno, después de hacer 'sparring' con Yuria Pascual, una bióloga de 26 años, y con Ana Gasquez, una francesa que llegó a la isla en 2014, atrapada por la magia del boxeo isleño, «el mejor del mundo». Cuando 'La Domadora' habla de sus sueños, lanza un potente recto de derecha: «alcanzar una medalla mundial y olímpica».
Yuria, que se inclina por los 75 Kg (mediano), acota: «si los hombres pueden, ¿por qué nosotras no?». Por su parte, la meta de Gazquez (75kg) es boxear por Cuba. «Si lo estoy aprendiendo todo aquí, cómo es que voy a representar a otro país», explica en perfecto español esta espigada francesa con figura de modelo de pasarela.
En los gimnasios del país que enseñan boxeo, las mujeres tienen las puertas abiertas. «Los varones nos ayudan, no nos discriminan», precisa Gasquez. Destaca que con la «escuela que tenemos aquí», podrían desarrollarse «mucho más rápido que en otros países». Según Correa, de aprobarse el boxeo femenino, su práctica sería «masiva». «Esta es la isla de este deporte», apunta.
En 2016, el presidente de la Federación Cubana de Boxeo, Alberto Puig, anunció la posibilidad de incluir la modalidad femenina, pero lo cierto es que tres años después ninguna cubana de la isla ha podido entrar a un cuadrilátero oficialmente. «No le podemos negar a las femeninas cubanas el derecho que tienen a competir», reclamó Alcides Sagarra, de 82 años y el padre de la Escuela Cubana de Boxeo. «Van a tener un buen nivel en su momento», vaticinó, quien llegó a formar a unos 80 campeones olímpicos y mundiales, incluido al legendario Stevenson (1952-2012).
Aparentemente, «todo el mundo está de acuerdo», pero «no se acaba de aprobar el boxeo (femenino)», protesta Pascual. «¿Quién tiene esa última palabra? Realmente no lo sé», agrega Moreno. Es inevitable que tanto ella como Pascual se vean en el espejo de Namibia Flores, una excepcional fajadora cubana que llegó en 2016 a los 40 años -edad máxima para pelear según el reglamento- sin realizar su sueño de darle un oro olímpico a Cuba. «No quiero que eso pase con nosotras», afirman.
Pero boxeadoras, entrenadores y comentaristas deportivos advierten que el problema es mayor. Cuba se está quedando rezagada y está perdiendo la posibilidad de alcanzar medallas. En los próximos Juegos Panamericanos de julio en Lima, las mujeres boxearán en cinco divisiones, dos más que en Rio en 2016, y el masculino se reducirá en dos. «Sin el apoyo de las mujeres, será un problema (aspirar al trono)», opina Moreno.
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