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Superó seis lesiones graves de rodilla, pero precisamente no fue eso lo que terminó apartándola de los terreros de juego, sino su corazón. Y es que la gallega Anair Lomba, más conocida como Lombi, decidió poner punto y final a su carrera con 29 años el pasado mes de julio cuando tras dos temporadas en las filas del Valencia comprobó que no iba a poder volver a jugar en el club de sus amores, el Espanyol, en el que había militado durante tres campañas, de 2014 a 2017.
Se le habían cerrado las puertas y en vez de resarcirse y de seguir practicando lo que más le gustaba en otra entidad, como estaba haciendo, prefirió dejarlo todo, pese a contar en verano con varias ofertas. "Me fui de un sitio sin querer irme por algo que no dependía de mí y que iba más allá de la dignidad que, considero, debe tener un futbolista. El problema es que ese club nunca se fue de mí, y mi intención siempre ha sido volver. Hace un tiempo que mi cabeza y mi corazón me piden jugar en casa. Hace un tiempo que pienso que engaño a cualquier equipo que no sea el mío porque siento y muero en blanquiazul", explicó en una carta muy sincera que publicó en sus redes sociales.
Natural de la localidad pontevedresa de A Guarda, la delantera destaca por su olfato goleador y su buen disparo. Pese a haber pasado también por el Barça, siempre quiso remarcar que los valores que había encontrado en el club perico le habían calado muy hondo. "No quiero engañar a nadie ni dar un porcentaje de mí que no sea el que he dado siempre y no quiero defender un escudo cuando mi corazón late en otro color".
El 11 de diciembre de 2016 fue la última vez que me puse esta camiseta. Al menos oficialmente hablando.
— Anaïr Lomba (@Anair16) March 2, 2020
El 1 de Marzo de 2020 se cierra, por fin, una herida que iba más allá de una cicatriz en mi pierna.
Gracias, de corazón, a los que lo han vivido y sufrido conmigo 💙 pic.twitter.com/6Gv9y7Vp8q
Lombi se pasó siete meses echando de menos el fútbol, pero en ningún momento se arrepintió de su decisión, siendo alabada por la afición del conjunto blanquiazul. Fue elegida embajadora de LaLiga, ejerciendo en diversos actos con exfutbolistas como Fernando Hierro o Guti, pero a finales de enero sonó su teléfono y escuchó la noticia que tanto había deseado oír. Su club requería de sus servicios para tratar de reflotar al equipo, hundido en la última plaza de la tabla desde hace meses. Ni se lo pensó. Se convirtió en el último fichaje del mercado de invierno del Espanyol.
Un ídolo que ha visto como su deseo se ha hecho realidad. Después de pasarse algunas semanas recuperando el tono, este pasado domingo en Lezama volvió a vestirse de corto, con la equipación del conjunto catalán, camiseta que no defendía desde diciembre de 2016. "El 1 de Marzo de 2020 se cierra, por fin, una herida que iba más allá de una cicatriz en mi pierna. Gracias, de corazón, a los que lo han vivido y sufrido conmigo". Apenas pudo ayudar a su equipo dentro del terreno de juego ya que fue el último cambio de Jordi Ferrón. Athletic y Espanyol firmaron un empate pero a buen seguro Lombi se llevó en su mochila una sensación mucho más agradable que la que dan los puntos.
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