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El periodista vasco Pablo González llevó una doble vida durante 14 años. Liberado el pasado 1 de agosto en un intercambio de prisioneros entre el Kremlin y Occidente, el freelance, que ha trabajado para varios medios españoles como corresponsal en la guerra de Ucrania, pasó casi dos años y medio preso en Polonia acusado de espiar para el régimen de Vladímir Putin. El programa 'Conspiranoicos' de La Sexta ha desvelado nuevos detalles sobre cómo González engañó a todos haciéndose pasar por reportero de guerra y sobre su verdadero trabajo para el Gobierno de Moscú.
El periodista Vicente Vallés reveló este jueves que ha ejercido como espía ruso «al menos desde 2010». Así lo acredita un documento en ruso guardado en su ordenador al que el presentador de los informativos de Antena 3, que ha llevado a cabo una investigación sobre el caso, ha tenido acceso. Este informe también acredita que percibía un sueldo del GRU (las siglas del departamento central de inteligencia de los servicios militares rusos) desde ese año. Cobraba 3.100 euros, gastos aparte.
Sin embargo, en 2017, González no estaba del todo de acuerdo con su sueldo y exigió al Kremlin un aumento. «Se quejaba de que tenía el mismo salario desde 2010. Además, pidió un piso en Moscú para cuando se retirara», ha precisado el periodista en el programa de La Sexta.
La rocambolesca historia de Pablo González arrancó el 27 de febrero de 2022, tres días después del inicio de la invasión rusa en Ucrania. González, que tiene doble nacionalidad rusa y española y residía en el pueblo vizcaíno de Nabarniz, fue arrestado en la localidad fronteriza de Przemysl cuando informaba para medios como Público y La Sexta sobre la llegada de refugiados ucranianos a esta pequeña ciudad polaca.
Hasta que fue él quien fue noticia.«El servicio de seguridad ucraniano me ha retenido tres horas y me han acusado de ser un peligro para la seguridad ucraniana porque algunas de las informaciones no les han gustado», anunciaba entonces en una conexión en directo. Las autoridades del país eslavo lo acusaron de «operar en beneficio de Rusia valiéndose de su condición de periodista» y lo mantuvieron en prisión preventiva, una condición que se renovaba cada tres meses. Así durante dos años y medio hasta que fue liberado en el famoso intercambio.
La escena bajando del avión, con apretón de manos a Putin incluido, dejó a todos atónitos. En este sentido, Vallés aseguró que el intercambio tenía «una importancia excepcional». Además de que no son habituales -el anterior tuvo lugar en 2010-, «no hay mucha gente que baje de un avión y tenga a pie de pista a Vladímir Putin esperándole. Evidentemente, no era solamente un periodista, que seguramente era lo que menos era. Debía ser alguien que tenía una importancia especial», destacó.
González era un reportero que informaba desde la zona de conflicto. Con el pretexto del micrófono accedía a búnkeres, a fábricas de armas y a milicias populares. Cada día estaba más cerca del frente. No levantó sospechas, pero con el tiempo se han puesto de manifiesto algunas conductas que resultaban extrañas a algunos compañeros de profesión. «Hay muchísimos indicios de que es un espía», señaló, Xavier Colás, periodista de 'El Mundo' que coincidió con el supuesto freelance vasco.
En el programa de La Sexta se analizaron algunos 'modus operandi' de González durante su cobertura de la guerra de Ucrania, así como aspectos de su vida privada. El hecho de que los informes en ruso o que nunca se conectaba a redes wifi era sospechoso. «No entra dentro del 'modus operandi' de un periodista enviar informes en ruso o decir 'estaré conectado a las 17 de Moscú' cuando trabajas en España», afirmó el periodista. Colás también recordó que «nos lo encontrábamos en zonas donde otros compañeros no podían llegar porque no les habían aprobado el viaje y para todos los contactos e informaciones que manejaba, escribía como un churro».
El periodista de 'El Mundo' también destacó que «hacía cosas que no tenían mucha lógica». En las elecciones parlamentarias de Ucrania de 2019 se sacó del a manga una historia diciendo que en las papeletas había un código y con ese código el gobierno podía saber lo que había votado la persona, una historia totalmente disparatada. En horas se la desmontaron en Twitter y tuvo que recular. Un periodista no hace esas cosas. Nunca me asaltó la duda de que era un espía aunque a veces me dio la sensación de que no era un periodista».
El experto en Servicios Secretos, Fernando Rueda, también afirmó que Pablo o Pavel, como le conocían en Moscú, era un patriota ruso» y que le prepararon para ser un espía. «Para mí es un personaje habitual en los Servicios Secretos. Son unos personajes que tienen una doble vida que asimilan. Para Rusia, él es un patriota. Nosotros le vemos desde el punto de vista español que ha traicionado montones de confianza. En realidad, él es un patriota ruso», deslizó.
Con el trabajo periodístico como coartada, González logró acercarse a disidentes del Gobierno ruso como Navalni. «Cuando pasó de la Navalni Pablo intentaba convencer a todos de que Navalni estaba tolerado en Rusia e iba a volver. Nalvani fue detenido poco después en el propio control de pasaporte de rusa, no pudo dar ni cinco pasos», relató Colás. Asimismo, salió a relucir una información de 'The Guardian', en la que un periodista que también coincidió con él, revela que mantuvo una relación, estando casado, con Zhanna Nmtsova, la hija de Boris Newtsov, lider disidente asesinado. González está casado y tiene 3 hijos, pero también se le atribuyen varios escarceos amorosos y una novia en Polonia. «Necesitaba penetrar en los disidentes rusos y qué mejor que mantener una relación con la jefa de la fundación, su hija. Eso te abre puertas y te da confianza. Él tenía aquí una mujer aquí, que yo hablé con ella, no sé si tenía conocimiento de que tenía otras relaciones amorosas y que era un agente del GRU, engañó a todos», lanzó Rueda.
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