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Un subgénero apoyado en la técnica
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Su protagonismo hasta los años noventa fue limitado, pero los nuevos efectos especiales han propiciado un puñado de filmes que giran en torno a los volcanesSecciones
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Su protagonismo hasta los años noventa fue limitado, pero los nuevos efectos especiales han propiciado un puñado de filmes que giran en torno a los volcaneslaura lazcano
Sábado, 2 de octubre 2021, 00:57
Los volcanes representan un fenómeno natural aterrador que el cine no ha dudado en explotar, clasificado habitualmente en los subgéneros de aventuras y desastres. Con ... frecuencia, se ha recurrido a técnicas como maquetas en miniatura o al uso de la metilcelulosa -compuesto químico que espesa productos alimenticios- para recrear la lava en estas producciones. También se ha echado mano de la cámara temblorosa y sets de escenarios sobre raíles para simular el efecto de los temblores, la tierra agrietándose y las paredes balanceándose. Métodos muy efectivos para transmitir la confusión y la angustia que puede generar una situación así. Ya lo sentenció Susan Sontag en su célebre artículo 'La imaginación del desastre': «No hay nada más excitante que ver cómo se desmoronan todos los costosos decorados». A eso aludía la escritora estadounidense cuando hablaba de la estética de la destrucción. Ríos de lava avanzando inexorablemente colina abajo. Nubes de azufre que intoxican el ambiente. Bolas de fuego arrasando todo a su paso. Estallidos provenientes de un cráter que expulsa rocas de gran tamaño. Edificios desafiando su propia verticalidad. Pánico generalizado entre los habitantes preparando su huida. La muerte de las ciudades y la destrucción de la humanidad en imágenes que conforman ambas el más puro espectáculo visual desde el inicio de los tiempos. Pues como decía Sontag, la catástrofe es uno de los temas más antiguos del arte.
Así, en esta primera categoría de cine de aventuras, caracterizada a menudo por un toque familiar y naif, se ubican filmes como 'El mundo perdido' (Harry O. Hoyt, 1925), 'Los últimos días de Pompeya' (Ernest B Schoedsack, 1935), 'Viaje al centro de la tierra' (Henry Levin, 1959), 'El tiempo en sus manos' (George Pal, 1960) y 'Al este de Java' (Bernard Kowalski, 1968), entre otras. El argumento de 'El mundo perdido' -película muda en blanco y negro y basada en una obra de Arthur Conan Doyle- se centra en una expedición que viaja a la selva brasileña para demostrar la existencia de dinosaurios. La erupción del volcán, que se reserva para el tramo final de la película, provoca una estampida de dinosaurios huyendo de la lava en una secuencia magnífica en la que se puede apreciar el genio de Willis H. O'Brien, uno de los pioneros de la técnica de animación conocida como 'stop motion'. El animador estadounidense fue famoso también por su posterior trabajo en 'King Kong' (1933) y por ser uno de los precursores de la carrera de Harry Harryhausen. De esta manera, 'El mundo perdido' se erige como uno de los primeros filmes del mundo en los que se utiliza esta técnica y a su vez testimonio apasionante de la evolución de los efectos especiales.
En materia de trucajes tampoco se queda atrás 'Viaje al centro de la tierra' (Henry Levin, 1959). Basada en la obra de Julio Verne y dentro del género fantástico, la trama gira alrededor de un grupo de exploradores que viaja a Islandia, al centro de la tierra, en busca de la ciudad perdida de Atlantis. Una vez allí, deberán enfrentarse a todo tipo de aventuras aparentemente inocuas desde una caverna de cuarzo con algas luminosas, un bosque de hongos gigantes y una serie de criaturas terroríficas que aguardan su llegada mientras custodian tesoros. Curiosamente, termina siendo una erupción volcánica lo que salva a los protagonistas: un chorro de lava les propulsa al exterior de la corteza terrestre poniendo fin a los peligros del viaje. Con un tono ligero de comedia y un puñado de escenas de acción nada desdeñables, la adaptación de Verne se reivindica como una obra totalmente disfrutable en la actualidad.
Hay que viajar de Islandia a Indonesia para asistir al siguiente volcán cinematográfico en 'Al este de Java' (Bernard L. Kowalski, 1968), filme que ya comienza sus títulos de crédito iniciales con la explosión del volcán Krakatoa. El filme de Kowalski demuestra una buena labor de dirección materializada en escenas como la de la tripulación del barco descubriendo la temible silueta del volcán enfrente de ellos una vez se disipa la cortina de humo en la que estaban envueltos. Basado en la erupción de este mismo volcán en 1883, y aún con ciertos problemas como el hecho de que se comenzase a rodar con el guión inacabado y que los productores se diesen cuenta demasiado tarde de que el Krakatoa está al oeste de Java (y no al este como sugiere el título), lo cierto es que el filme ofrece un espectáculo pirotécnico a la altura.
Con todo, hay que señalar que los volcanes en esta primera subcategoría de películas de aventuras no eran elementos del todo centrales en el argumento. Tenían importancia pero la trama no giraba en torno a ellos, sino que a menudo aportaban un toque de exotismo a una historia ambientada en islas lejanas o paraísos perdidos y/o se utilizaban como recursos para alcanzar un clímax y cerrar la narración de forma conveniente. Todo esto cambia a partir de la década de los noventa. A excepción de 'El diablo a las cuatro' (Mervin LeRoy), que se estrenó en 1961 marcando un precedente para este tipo de cine venidero, esta tendencia de cine de catástrofes realmente centrada en volcanes surge hace apenas treinta años. Así, el filme de Mervin LeRoy se centra en la historia de un cura y tres presidiarios que pondrán sus vidas en peligro para salvar a los lugareños de una isla donde un volcán ha entrado en erupción. Rodado en Hawai, donde se construyó un 'volcán ficticio' y se detonaron explosivos en su interior, 'El diablo a las cuatro' cuenta con una escena final en la que el cielo se vuelve rojo mientras la isla se destruye.
De este modo, parece seguro afirmar que cuanto más nos acercamos a la actualidad, la escena de la erupción antes hace acto de presencia en la trama. Es lo que tienen en común obras más recientes como 'Dante's Peak' (Roger Donaldson, 1996), 'Volcano' (Mick Jackson, 1997), '2012' (Roland Emmerich, 2009) o 'Pompeya' (Paul W. S. Anderson, 2014), todas ellas clásicos modernos del género de catástrofes. Herederas del cine de conciencia medioambiental de la década de los 70, no dudan en dar rienda suelta a todo un aparato efectista que parece confirmar las peores sospechas sobre nuestro compromiso con el medio ambiente.
Y, sin embargo, si existe una película esencial en la narrativa de volcanes en la que la naturaleza realmente se mimetice con el drama humano, esa es 'Estrómboli, tierra de Dios' (Rossellini, 1950). Tras escribirle Ingrid Bergman a Rossellini una carta en la que le expresaba su admiración y se ofrecía a trabajar para él, se embarcan ambos en un apasionado romance del que poco después saldría un matrimonio, varios hijos y el filme que nos atañe. Bergman encarna el papel de Karin, una inmigrante lituana en un campo de prisioneros en la Segunda Guerra Mundial, que decide casarse con un pescador e irse a vivir a Estrómboli, la isla de la que él proviene.
Rossellini filma la isla como un laberinto rodeado por mar y bajo la amenaza de un volcán. Y a ella, como una extranjera en ese territorio en el que la lava no permite que crezca nada. Pronto Estrómboli deviene una segunda prisión para ella. El volcán está presente en la mayoría de las conversaciones en las que incluyen a Karin. Los ancianos hablando del peligro que representa, el cura advirtiendo a Karin y su marido de que la vida ahí es tan dura como la tierra. O su propio marido: «Lo reconstruimos todo, hasta la tierra»; Karin recibe una acogida hostil por parte de los lugareños. Un carácter altivo y un par de malentendidos le procuran de inmediato el sambenito de adúltera. «Estoy perdida, he vivido de ilusiones, como si alguna fuerza maligna me empujara», dice Karin. Todos bajo el influjo del volcán. De una presencia superior que se impone sobre los lugareños. Su marido la encierra en casa y ya no hay escapatoria. Tercera penitencia para Karin.
Como era inevitable, el volcán entra en erupción. Todo tiembla. Los lugareños corren a las barcas. Cuando termina, ella decide abandonar la isla, escapar de esa vida. Y comienza el último acto en el que Karin intenta ascender por el volcán para llegar al otro lado de la isla. Llora del cansancio y pide a Dios que le dé paz mientras se recuesta en esa tierra volcánica. Rossellini escenifica la crisis existencial de una mujer que se ve forzada a volver a lo primigenio mientras desafía las fuerzas divinas de la naturaleza.
Por último, salvando las distancias con el melodrama neorrealista, hay otro filme cuyo eco resuena en las imágenes de 'Estrómboli'. Las escenas de Ingrid Bergman deambulando por las calles de la isla mientras se guía por el llanto de un bebé o ella jugando con los niños en la orilla del mar entroncan con las que crea Lucile Hadzihalilovic en 'Evolution' (2015). Hadzihalilovic imagina una sociedad matriarcal que realiza experimentos con niños y rueda esta fábula de ambiente inquietante en la geografía árida de Lanzarote. No llegamos a ver ningún volcán pero, al igual que en 'Stromboli', el paisaje volcánico hechiza, margina y confina a sus habitantes dominados por una tierra oscura que vista de cerca puede estremecer.
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