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Abel Gance le dedicó un filme en 1927 que se convertiría en un clásico
Un personaje que es todo un género

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Cine ·

El emperador es un filón para el mundo audiovisual: aparece en más de 300 títulos

Laura Lazcano

Viernes, 23 de abril 2021, 22:06

Las batallas napoleónicas son tan hermosas como enormes ballets letales; todas tienen una brillantez estética tal que no es necesario tener una mente militar para apreciarlas». Esto pensaba Stanley Kubrick allá por 1969 cuando aún confiaba en que la Metro-Goldwyn-Mayer le financiara uno de sus proyectos más deseados, un filme sobre la vida de Napoleón. Decidido incluso a encontrar un país que le alquilase sus fuerzas armadas para poder filmar las grandes batallas, llegó a imitar el estilo de Bonaparte a la hora de comer y a infligir los mismos juegos de control psicológico a sus trabajadores que el general francés llevaba a cabo con sus subordinados. Así, a lo largo de la Historia del Cine, este halo de fascinación en torno a la figura del militar corso no ha dejado indiferentes a directores de la talla de Abel Gance, Woody Allen, Ridley Scott, Peter Weir o Sacha Guitry, entre otros, que, a diferencia de Kubrick, sí consiguieron inmortalizar a Napoleón en la gran pantalla. Como afirma el propio Napoleón: «Me gustaría ser mi propia posteridad, ser testigo de lo que un poeta me haría pensar, sentir y decir». Quizás lo que no imaginaba es que esa necesidad de trascendencia a la que aludía se ha visto cubierta por más de 300 adaptaciones audiovisuales, que a su vez han dado lugar al género napoleónico.

Asimismo, otro cineasta que acercó su concepción del cine a la célebre megalomanía de Napoleón fue Abel Gance, quien en 1927 estrenó 'Napoleón', clásico del cine mudo que llegaría a convertirse en su obra maestra definitiva. El director francés, que pretendía realizar seis películas con una duración total de nueve horas, se vio abocado por temas de presupuesto a narrar desde la infancia de Bonaparte hasta la campaña de Italia. La epopeya de Gance se muestra capaz de aunar momentos de intimismo y de una épica sin igual. La propensión bélica de Napoleón ya parece subrayarse desde una de las primeras escenas, que presenta al protagonista en su niñez sumido en una pelea de bolas de nieve entre colegiales mientras da órdenes a sus compañeros para que salgan victoriosos de la contienda. Igualmente, parte de la majestuosidad que desprende la obra de Gance se debe a la presencia de Segundo de Chomón como responsable de algunos de los avances técnicos más increíbles de la época: el uso dramático del color, la cámara subjetiva, los 'travellings' aéreos, transparencias, cámaras atadas a los caballos, enganchadas a una guillotina o disparadas con un cañón. Por no hablar de la Polyvision o la combinación de tres pantallas paralelas de imágenes en acciones simultáneas, precedente del Cinemascope que Gance utiliza en el montaje de la campaña de Italia. Por otra parte, la elección de Albert Dieudonné para interpretar a Napoleón no solo establece durante años una referencia visual en el imaginario cinéfilo sino que engloba a su vez la tendencia del cine francés de representar a Bonaparte como un superhombre: un héroe y estadista brillante, un genio que se sacrifica por su concepto de patria.

Escena de la rendición en 'Waterloo' de Bondarchuk.

Otra película que recoge la estela de esta representación positiva de Napoleón es la obra homónima de Sacha Guitry, aunque de una forma más mesurada: si bien encarna la juventud y energía del Napoleón de la época de la Revolución, al final del metraje es posible concluir que su final trágico se debió a un exceso de poder. Con un narrador omnisciente y cierto tono cómico, 'Napoleón' de Guitry supone un acercamiento didáctico a los momentos vitales clave de la vida del general.

Otras influencias

Fue a partir de los años cincuenta cuando se hizo más palpable la influencia rusa con adaptaciones como 'Guerra y paz' de King Vidor y 'Waterloo' de Sergei Bondarchuk. Aunque más centrada en derroteros románticos (como 'Desirée' de Koster, 1954, con Marlon Brando como el emperador), la obra de Vidor ya muestra una imagen de Napoleón totalmente alejada de todo el cine anterior. Podría resumirse en un plano de Herbert Lom, el actor que le da vida, tras una ventana contemplando con rostro sombrío el paisaje de Moscú mientras reflexiona amargamente sobre el declive de su ejército. El claroscuro y los contrastes conseguidos en la fotografía de Jack Cardiff sugieren la estampa de un Napoleón decrépito, sumido en el pesimismo.

'Conquest' de Brown, con Charles Boyer y Greta Garbo. Marlon Brando como el joven Napoleón en 'Desirée'. 2. La imagen más célebre del 'Napoleón' de Gance. Cartel del filme de Sacha Guitry.
Imagen principal - 'Conquest' de Brown, con Charles Boyer y Greta Garbo. Marlon Brando como el joven Napoleón en 'Desirée'. 2. La imagen más célebre del 'Napoleón' de Gance. Cartel del filme de Sacha Guitry.
Imagen secundaria 1 - 'Conquest' de Brown, con Charles Boyer y Greta Garbo. Marlon Brando como el joven Napoleón en 'Desirée'. 2. La imagen más célebre del 'Napoleón' de Gance. Cartel del filme de Sacha Guitry.
Imagen secundaria 2 - 'Conquest' de Brown, con Charles Boyer y Greta Garbo. Marlon Brando como el joven Napoleón en 'Desirée'. 2. La imagen más célebre del 'Napoleón' de Gance. Cartel del filme de Sacha Guitry.

El desprecio por Napoleón se manifiesta también en 'Waterloo' (Sergei Bondarchuk, 1970), superproducción de Dino de Laurentiis sobre la célebre batalla y quizá uno de los filmes más críticos con el personaje. Rod Steiger se pone en la piel de un tirano que se sabe derrotado; un Napoleón colérico, voluble e incapaz de ver la realidad de su última lucha. El cineasta soviético revela una logística asombrosa tras la composición de cada batalla a la vez que dispone los pensamientos de Napoleón y Wellington como hilos conductores de un relato en el que cada uno representa el sentir de sus respectivos pueblos: el francés y el británico. Finalmente, conviene destacar una película como 'Los duelistas' (1977), ópera prima de Ridley Scott basada en un relato de Joseph Conrad. La historia gira en torno a dos oficiales del ejército de Napoleón que, por culpa de un malentendido, comienzan un duelo que se prolongará durante años. Curiosamente, quizás estemos ante una de las obras que más justicia le hace a Bonaparte sin que este haga acto de presencia en todo el metraje. Pues el filme de Ridley Scott se revela como un estudio de gran complejidad sobre el carácter de Napoleón en el que cada personaje encarna distintos aspectos contradictorios de la personalidad del militar corso.

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