
Patricio Pron y la literatura de los hijos
Novela compleja ·
La memoria trágica de la dictadura argentina se combina con los juegos de estilo y la autoficciónSecciones
Servicios
Destacamos
Edición
Novela compleja ·
La memoria trágica de la dictadura argentina se combina con los juegos de estilo y la autoficciónLa figura del padre juzgada, homenajeada o contemplada con imparcialidad desde la perspectiva filial parece haberse puesto de moda en la narrativa de lengua castellana. ... Dos casos recientes los encontramos en 'La figura del mundo' del escritor mexicano Juan Villoro, novela en la que el progenitor es diseccionado en sus extravagancias con una penetrante mirada no exenta de ciertas dosis de compasión, y en 'Madre de corazón atómico', un ejemplo antitético del anterior, en el que el novelista coruñés Agustín Fernández Mallo nos ofrece un retrato cargado de admiración y afecto. El caso de Patricio Pron es más complejo porque se encuentra enmarcado en el contexto de la militancia contra la dictadura militar argentina, así como de las secuelas que esta dejó en esa generación, y porque, al abordar la figura paterna, este autor no renuncia a hacerlo con una creativa voluntad experimental. Patricio Pron publicó 'El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia' en 2011 bajo el sello editorial Mondadori, y nos ofrece ahora una nueva versión del libro, editada por Anagrama, corregida, ampliada, epilogada e ilustrada con medio centenar de fotografías inéditas que justifican, tanto el reencuentro con esa obra y su relectura, como las objeciones que pueda suscitar y planteársele desde una obligada visión y revisión críticas.
La principal de ellas reside en que un tema que reclama un tratamiento justo, esclarecedor y ético, como el del régimen represor que se impuso en Argentina entre marzo de 1976 y diciembre de 1983, no parece congeniar, en principio, con un proyecto de escritura metaliteraria, autoficcional y cargada por lo tanto de subjetividad. Si, como opina el propio autor en el Epílogo, ya el mismo lema de «memoria, justicia y verdad» invoca «tres términos enormemente complejos y parcialmente contradictorios», la paradoja se hace más patente en un texto que se zambulle en la complejidad estructural, en el ludismo fabulador de la herencia bolañista y en la técnica del 'fisking', que consiste en dinamitar la trama argumental y en recrearse en las contradicciones, sin perjuicio de que el desarrollo de ese planteamiento no tenga sus logros y sus alicientes en el estilo.
A esa propuesta, temeraria en el plano formal y en el de los contenidos, se añade un hecho distorsionante: el autor, al haber nacido en 1975 y pertenecer a una generación que no pudo tener una versión testifical de primera mano de la tragedia dictatorial argentina, debe interpretar esta a la luz del testimonio de sus padres, que sí la vivieron como actores y como testigos. Lo cual no impide que el novelista se imponga como un deber, no carente del factor moral, el tratamiento de dicho tema desde «la literatura de los hijos». Con ese espíritu, «que no sube en la lluvia» sino que baja a la tierra del pasado, el propio escritor, protagonista y narrador de la novela, que se halla al inicio de esta en Alemania, donde ha vivido los últimos ocho años, decide volver a su país cuando su familia le da confusas noticias de que su padre ha caído enfermo y él advierte que le están ocultando la gravedad real de su estado.
En ese regreso confirma la veracidad de su sospecha. En efecto, su padre se encuentra hospitalizado e inconsciente. La situación le permite husmear en el escritorio de este y toparse con una enigmática carpeta que da fe de una investigación que llevó a cabo en torno al asesinato de un tal Alberto Burdisso en una localidad llamada El Trébol. Dicho personaje establece un inquietante nexo con los años de la represión, porque se trata del hermano de Alicia Burdisso, una joven con la que su padre compartió inquietudes políticas peronistas, que fueron las que la condujeron a engrosar la lista de los desaparecidos.
Es con esa misteriosa documentación y con la voluntad de comprender la historia y la personalidad paternas, de escribir sobre ella, con la que se inicia una aventura novelesca que va a desarrollarse en cuatro bloques narrativos a la manera de un puzle, que, dado el dilatado, divagatorio, errante y no menos conseguido estilo del texto, da la impresión, por otra parte, de que su autor no tiene demasiada prisa por acabar de componer.
'El espíritu de mis padres…' es una novela contradictoria empezando porque, siendo su tema la memoria, parte de un narrador que asegura haberla perdido por completo debido a un prolongado consumo de drogas en los años de su experiencia alemana, en los que asistía al consultorio de un psiquiatra del cual dice no recordar su nombre «ni cómo di con él».
.
Pablo Martínez Zarracina
Un encuentro casual entre Victoria, una adolescente que trabaja en la granja de su familia, y un muchacho que aparece vagabundeando por un pequeño pueblo de Colorado da comienzo a 'Como si fuera un río'. Además de casual, el encuentro es llamativamente cinematográfico. El chico se toca la gorra al saludar y la chica le contesta con una de esas frases breves e ingeniosas que tienden a surgir solo en los guiones. Hay incluso un primerísimo plano porque la protagonista detecta que al desconocido la dulzura parece brotarle «de lo más hondo de su ser» y «derramarse como el agua de un manantial rebosante». El enamoramiento, claro, es instantáneo. Y problemático. Estamos en 1948 y el chico, Wilson Moon, además de un espíritu libre, es un indio, lo que hace que la familia de Victoria le invite al instante a largarse del pueblo si no quiere tener problemas. Por supuesto no lo hará y eso desencadenará una serie de acontecimientos trágicos y emotivos cuya mera anotación destriparía una novela que obedece de un modo decisivo a la lógica trepidante de la superproducción sentimental.
Solo diremos que lo que comienza siendo una historia de amor termina siendo una especie de epopeya biográfica de orientación feminista que se incrusta en tres décadas de historia estadounidense. El modo en que Shelley Read anima ese escenario cambiante es quizá lo mejor del libro. Lo más relevante es sin embargo que la trama principal resulta previsible y arquetípica y en ella florecen los clichés como los melocotones en el melocotonar que la protagonista recibe y custodia como legado familiar: «impecables, de grosor uniforme y dulzor extraordinario».
J. Ernesto Ayala-Dip
Generalmente nos acercamos a la cultura griega a través de solventes libros de historia o manuales. Adquirimos con ellos conocimientos macrohistóricos, pero nos quedamos sin conocer su día a día. Eso que Unamuno bautizó, con lúcida definición, la intrahistoria. Sabemos, por ejemplo, qué fue de Grecia. Cómo organizó su sociedad, sus estamentos religiosos. Cómo fundó conceptos que hoy son todavía de extraordinaria vigencia. Pero muy poco sabemos de su vida cotidiana. Conocemos su arquitectura, pero ignoramos como se movía la gente por sus calles. Algunas noticias indirectas las tenemos a través de su literatura, de sus obras épicas. Pero desconocemos qué ocurría en la vida diaria de los esclavos. Pues bien, hoy comento un libro que agradezco haber descubierto. Se trata de 'Un año en la vida de la antigua Grecia', del historiador inglés y profesor de la Universidad de Oxford Philip Matyszak.
Este formidable libro está pensado para describirnos la vida de un griego corriente en las vísperas de la 132 Olimpíada del año 248 aC. El autor crea una serie de personajes prototípicos de la época. Cada uno de ellos representa un estamento, un latifundista, una mujer a punto de casarse, una esclava. Así transcurre la vida cotidiana de estos personajes durante un año. Tomemos a Tracia, una niña princesa que es cautiva en su propia región de Tracia por unos esclavistas griegos de Atenas. Un día ve la oportunidad de huir. Lo hace pero sabe que tiene muy pocas posibilidades porque el estado ateniense ofrece una compensación económica a quien informe de su paradero a los esclavistas. Al fin, Tracia empieza una nueva vida en Alejandría. ¡Una maravilla de libro!
Iñaki Ezkerra
'Aurora Q' es la novela con la que Mario Cuenca Sandoval obtuvo el Premio Málaga 2023 y en ella aborda un caso que conmocionó a la sociedad española de 1981: el de dos mellizos de doce años, David y Raquel S. que aparecieron armados, descalzos y ensangrentados en una carretera después de haber dejado un rastro de asesinatos. Su peculiar estado fue denominado «salvaje. De hecho, a este calificativo se debe la S que, en lugar de su apellido, sigue a los nombres que los niños llevaban bordados en sus ponchos. La novela adopta el estilo narrativo de una trascripción clínica y responde a las sesiones de un seminario que imparte, dos décadas después de aquellos sucesos, el psicólogo que analizó a las criaturas siguiendo las pautas de la escuela lacaniana.
En realidad lo que va mostrando el texto es la incapacidad del sistema, la sociedad y sus propios estamentos para afrontar un fenómeno de esa índole. Primero yerran los servicios sociales, que sedan a los dos hermanos y los ponen a disposición del Tribunal Tutelar de Menores. Yerra después el juez que, ajeno a los indicios de un posible autismo o de un trauma generado por un prolongado maltrato que pudieran presentar los detenidos, los diagnostica llanamente de «idiotas» al observar su conducta aparentemente exenta de emociones. Como yerra finalmente el propio psicólogo y conferenciante, que no cejará jamás en el empeño de hacer casar sus tesis con las nuevas pistas que, a modo de una trama policíaca, va desvelando el argumento; entre ellos, la pertenencia a una secta aislada en un territorio boscoso, que da a las primeras hipótesis un imprevisto e irónico giro. ¿Quién es el salvaje?
Elena Sierra
Lorenzo Silva y Noemí Trujillo hacen un alegato contra la prostitución en la tercera entrega de la serie policíaca protagonizada por la inspectora Manuela Mauri; y no solo contra la prostitución de menores, que menores son las chicas sobre las que se habla aquí, sino en general. Porque ninguna mujer nace para puta, por mucho que captadores y proxenetas se empeñen en que sí, en que es una salida como otra cualquiera.
Pero eso Susana no lo sabe cuando, con 16 años, accede a la propuesta de una mujer en un parque. Y decirle que sí la mete en una espiral de destrucción, que incluye cada vez más clientes para satisfacer el ansia de dinero de sus proxenetas y cada vez más drogas para soportar esa realidad y cada vez más abusos por parte de unos cuantos hombres que consideran que ese cuerpo es suyo, que está a su disposición para lo que ellos quieran.
La inspectora Manuela Mauri desvela en esta novela cómo funcionan esos círculos criminales en los que todo va de la mano -el abuso de menores, la esclavitud sexual, el narcotráfico, el blanqueo de dinero, los policías vendidos-. «¿Queremos ser un país con más burdeles que hospitales?», se preguntan los autores de 'La innombrable'. Ante la prostitución se suele hacer la vista gorda, bah, poca cosa, tan antigua, ¿no? Pero el problema es de una envergadura mucho mayor. Y la inspectora está convencida de que ya es hora de dejar de mirar para otro lado para dejar de pensar que una persona es una mercancía a la que sacarle rendimiento. En esta nueva entrega de la serie viene combativa, y eso que está en horas muy bajas.
Iñigo Linaje
Este libro se publicó hace 25 años, pero estará siempre de actualidad. Era una lectura pendiente, pero sé que cuando la termine volveré a ella de inmediato. Por dos razones: por el testimonio hermosamente humano que contiene y por el compromiso cívico y moral que atesoran sus páginas.
'Cuadernos africanos', de Alfonso Armada, reúne dos libros paralelos que se adscriben a dos géneros que, como lector, me apasionan: el diario íntimo y el periodismo literario. Por un lado, recoge las crónicas que Armada escribió en los noventa como corresponsal de 'El País' en varios países africanos y, por otro, el diario de viaje a ese «corazón de las tinieblas». Un viaje a un infierno terrenal situado en Ruanda, Somalia y Sudáfrica donde el periodista no solo es testigo del espanto de la guerra, sino también de las múltiples injusticias que carcomen aquellos países.
'Cuadernos africanos', una obra de denuncia y una indagación personal, relata con prosa maestra el horror y está lleno de preguntas y remordimientos. Escribe Armada: «¿Qué sentido tiene estar aquí? Volveremos a nuestras confortables casas donde podremos perpetrar un olvido duradero que nos permita vivir sin pesadillas».
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
La chica a la que despidieron cuatro veces en el primer mes de contrato
El Norte de Castilla
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.