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Primeros auxilios en nuestra cuna
Memoria en peligro ·
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Memoria en peligro ·
Un arqueólogo bilbaíno lidera un proyecto del CSIC para actuaciones de urgencia en monumentos dañados en Siria durante la guerra civil y la ocupación del ISISNuestras raíces están en una región que bordea el desierto árabe desde el valle del Nilo hasta la desembocadura del Tigris y el Éufrates. Por ... su forma de luna creciente con los cuernos apuntando hacia abajo, se la conoce como el Creciente Fértil o la Media Luna Fértil. «Ahí está el origen de la civilización: los inicios de la agricultura y la ganadería, las primeras ciudades y monarquías, la escritura, las primeras deidades y templos...», explica el arqueólogo bilbaíno Juanjo Ibáñez. Son hoy territorios de Egipto, Israel, Jordania, Líbano, Turquía, Irak, Irán y Siria, país donde él dirigió excavaciones desde 2004 hasta el estallido de la guerra civil.
Ibáñez estudia un momento clave en la Historia, la transición de las últimas comunidades nómadas de cazadores-recolectores a las primeras sociedades urbanas. Algo que sucedió en el Creciente Fértil hace entre 12.000 y 9.000 años. Al norte de Jordania, descubrió los primeros suelos de cal en chozas de hace 11.000 años y unas figurillas humanas únicas en el mundo que «se usaban hace 9.800 años en ritos funerarios». No ha vuelto a la región desde 2010 y ahora lidera, desde la Institución Milá y Fontanals de Investigación en Humanidades (IMF-CSIC), un proyecto para la recuperación de cuatro monumentos dañados durante la guerra civil y la ocupación del ISIS en Raqqa, al norte de Siria.
Su mano derecha en esta iniciativa, financiada con 100.000 euros por el British Council, es Isber Sabrine, un historiador sirio que empezó a excavar con él en 2005. «Nosotros vamos a esos países a investigar y muchos sentimos, además, la necesidad de contribuir a la conservación y gestión de un valioso patrimonio», dice Ibáñez. Con una «especial sensibilidad hacia el patrimonio», gracias a una beca de la Agencia Española de Cooperación Internacional, Sabrine cursó un máster sobre la materia en la Universidad de Gerona. Entonces estalló la guerra de Siria. Un conflicto que, además de destrozar incontables vidas, ha causado graves daños en «un patrimonio que también es nuestro», recuerda el arqueólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Cuando vieron las primeras imágenes de destrucción y saqueos de museos, los dos decidieron hacer algo más que lamentarse. Y Sabrine fundó la organización Heritage for Peace (H4P), Patrimonio para la Paz. Esta ONG, que cuenta con el respaldo del CSIC, tiene como objetivo la preservación del patrimonio y su utilización para afianzar la paz y la cohesión social. En esa línea, H4P lanzó hace dos años el proyecto Abuab (Puertas), que usa los museos de Barcelona como «herramientas de integración social» para los refugiados e inmigrantes de países árabes. «Se les lleva a los museos y se les explica todo en árabe. Es una forma de exponer a estos recién llegados a la historia y el patrimonio de Cataluña y de España», indica Ibáñez.
Isber Sabrine
«Lo único que desde la distancia podía hacer por mi país era poner mi experiencia y conocimientos al servicio de la conservación del patrimonio», afirma Sabrine. Así que desde España estableció contacto con individuos y organizaciones surgidas en Siria para proteger los museos, los monumentos, las bibliotecas, las antigüedades... Esa red es la base de un segundo proyecto ya muy avanzado que han exportado a otros países de la región. «Ahora estamos trabajando también en Irak, Yemen y Libia», dice Sabrine. «Isber quería ayudar a esos colectivos locales de algún modo, y nos propusimos la conexión entre ellos y nosotros, que tenemos conocimiento y capacidad de apoyo, a través de herramientas digitales», explica Ibáñez.
Con el apoyo de la Fundación BBVA, que ha aportado 75.000 euros, están desarrollando una aplicación para móviles que permita a voluntarios sobre el terreno alertarles de excavaciones clandestinas, destrozos en monumentos... «Con la información que recibamos, podremos mandar ayuda o protocolos para reparar los daños y hasta contactar con las autoridades locales», adelanta el investigador de la IMF-CSIC. La aplicación, en inglés y árabe, empezará a funcionar en abril y servirá también para luchar contra el tráfico de antigüedades. «Estamos creando una base de datos de piezas robadas en cada país para intentar evitar su venta ilegal», dice el historiador sirio.
Ibáñez y Sabrine trabajan al mismo tiempo en el proyecto financiado por el British Council. «Vamos a practicar los primeros auxilios a las murallas de Raqqa, el palacio Qsar al-Banat, la gran mezquita de Al-Mansur y la mezquita Al-Hamidi», detalla el arqueólogo. Luego, con más tranquilidad y financiación multinacional, habrá que plantearse su restauración y reconstrucción, si es el caso, pero ahora urge frenar el deterioro. Para ello, además de con H4P, contarán con una ONG local y con la catalana RehabiMed, que promueve la restauración sostenible, y harán una campaña de sensibilización entre la población. «Es fundamental involucrar a la población local en la gestión del patrimonio para que lo valore», apunta Sabrine.
La idea inicial era dirigir esa «cura de urgencia» sobre el terreno, pero la pandemia les ha obligado a modificar sus planes, para lo que han aprovechado los contactos y las herramientas hechas para el desarrollo de la 'app'. «Veinte profesionales locales -arquitectos, responsables de patrimonio, arqueólogos...- recibirán un curso de formación a través de internet. Serán los que hagan los estudios de daños de los cuatro monumentos y propongan planes de consolidación, siempre en contacto con nosotros».
Una empresa local ejecutará los trabajos, que tienen que estar acabados para finales de febrero. «Son actividades de estabilización y no tienen una gran complejidad técnica», asegura Ibáñez. Además, los expertos locales evaluarán los daños de otros treinta monumentos del casco histórico de Raqqa con vistas a su futura restauración. «Todo ello, con el permiso de las autoridades de la autonomía kurdo-árabe, que están muy interesadas en que esto se lleve a cabo».
Las ciudades viejas de Damasco, Bosra y Alepo; los restos de Ebla y Ugarit; el sitio de Palmira; el Crac de los Caballeros... «A los restos de los orígenes de nuestra civilización, se suman muestras del primer arte omeya, castillos de la época de las Cruzadas... Siria tiene un patrimonio riquísimo, difícil de gestionar y básico para su economía. Antes de la guerra, una de las principales fuentes de ingresos del país era el turismo cultural», recuerda Ibáñez. Parte de ese legado ha sufrido, además de los daños consecuencia de un conflicto bélico, el ataque de los fanáticos del ISIS contra todos los restos no propios de la cultura musulmana. Los islamistas destruyeron los templos de Palmira -«son irrecuperables»- como antes habían hecho en Afganistán con los Budas de Bāmiyān. «Sólo quedan escombros. Se puede hacer una reconstrucción perfecta de los templos de Palmira, pero será una reconstrucción. Y será muy difícil la recuperación del zoco de Alepo, que era algo espectacular», lamenta el arqueólogo.
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