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Arnau Estanyol participa en la conquista de Nápoles, objetivo del ambicioso rey Alfonso V de Aragón en 1442. Como sucede con el monarca, el noble ... catalán protagonista de 'En el amor y en la guerra' (Grijalbo) se halla entre dos mundos, el erótico y el bélico, el bajomedieval y aquel que ya apunta el Renacimiento, entre Cataluña y la península italiana. La última obra de Ildefonso Falcones, que ya encabeza la lista de los más vendidos, cierra la trilogía iniciada hace dos décadas con 'La catedral del mar'. El autor, uno de los maestros españoles de la novela histórica, presentará el volumen el jueves a las 19 horas en la Biblioteca Bidebarrieta de Bilbao.
– ¿Usted era un abogado que escribía por vocación o hobby?
– Siempre he escrito. Cuando falleció mi padre, le revelé a mi madre que quería dedicarme a la literatura y ella me dijo que muy bien, que hiciera lo que quisiera, pero que estudiara para tener un trabajo con el que sostener a mi familia y a mí, y fue el mejor consejo que me han dado. Dejé la abogacía porque a los clientes no les importa tu éxito ni quieren pasearse con un autor, sino contar con asesoramiento legal las veinticuatro horas.
– ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor, al menos para la narrativa?
– No fue mejor, sobre todo para el pueblo llano. Lo que sí es cierto es que la historia proporciona situaciones, lugares y experiencias desconocidas o no tan usuales para el lector, hoy sometido al bombardeo de estrés y violencia a través de pantallas. La novela nos proporciona tranquilidad y reposo.
– ¿Qué buscan los lectores de novela histórica, una trama o un mundo perdido?
– El género histórico busca el mismo entrenamiento que cualquier novela, es decir, tramas pasionales. Nunca hay que olvidar que los escritores debemos proponer mediante la lectura momentos de asueto, de olvido de los problemas y, asimismo, de creatividad, porque el lector también crea con su imaginación. Eso sucede con una trama ambientada hace siglos o con un thriller situado en el siglo XXI. Hay que buscar escenarios atractivos, no insulsos. Pretendo que la gente se apasione, con independencia del trasunto histórico.
– ¿Existe más interés por la novela histórica ahora, cuando la historia se vuelve cada vez más irrelevante?
– No es que se haya vuelto irrelevante, sino que existe interés en reducir su importancia, lo mismo que sucede con la filosofía o las lenguas, asignaturas que llevan a la gente a pensar. De esta manera, la opinión pública se hace más manejable. Parece que hay que elegir entre matemáticos e historiadores, como si fueran excluyentes.
–¿Por qué ha precisado de veinte años para completar la trilogía?
– Porque entre medias he escrito otras obras. Tuve la fortuna de que 'La catedral del mar' fuera tan bien acogida por el público y que 'Los herederos de la tierra' prolongase el éxito, pero este proyecto no supone un eje vertebrador de mi obra. Siempre he ido buscando caminos diversos. He viajado desde el siglo XV al XX.
– ¿Cómo elige el marco histórico?
– Cualquier narración, incluso esta, puede situarse en ámbitos distintos, incluso en la actualidad, porque habla de fenómenos permanentes como la pasión, la venganza o el sexo. Debes elegir el episodio histórico para añadir un plus. Los hechos objetivos son unos y luego es preciso adaptarlos al contexto.
– 'En el amor y en la guerra', su última obra, se enmarca en la conquista aragonesa de Nápoles a mediados del siglo XV. En España pocos saben que dominó parte de la península italiana.
– Sí, es un periodo poco conocido, que luego tuvo una segunda parte con Fernando el Católico. Los aragoneses conquistaron Nápoles, pero la dinastía se desgajó.
– La guerra, incluso el conflicto, no es la excepción, sino la cotidianidad. El rey y los suyos, como el protagonista, viven siempre abocados a la lucha.
– Las rencillas son continuas. He intentado no profundizar mucho para no convertirla en una novela bélica. En el mundo renacentista italiano las estrategias cambiaban cada dos meses. El Papa se aliaba con Florencia y, poco después, se unía a Nápoles. Los pactos variaban continuamente y, más tarde, se hicieron más complejos con la llegada de los turcos.
– Habla de individuos con vidas paralelas entre dos orillas.
Piense que el rey aragonés conquistó Nápoles y nunca regresó a la península, mientras a reina María gobernaba Cataluña.
– El sexo es uno de los protagonistas de la novela. En estos tiempos, cuando la Iglesia goza de un gran ascendiente, las elites viven abiertamente la poligamia o la homosexualidad.
– Es así. En esta época el cambio cultural resulta evidente. El oscurantismo medieval del legado aragonés contrasta con el influjo italiano, que busca la belleza y el hedonismo. En Florencia, abanderada del Renacimiento, la homosexualidad o, mejor dicho, la bisexualidad, estaba a la orden del día y se hallaba bien vista. El rey Alfonso V, que estaba casado, se enamoró de un efebo y no se le conocieron más relaciones con mujeres. Debemos recordar que su modelo estaba en el hombre clásico, el romano y griego.
– ¿Cómo se documentó para elaborar la historia?
– Fue complejo, tuve que leer muchos libros en italiano. Hay que tener en cuenta que Nápoles perdió sus archivos durante la Segunda Guerra Mundial y recurrí a los de la Corona de Aragón.
– ¿No se siente seducido por la idea de ubicar una historia en el momento presente?
– Claro que lo he pensado, pero no es mi registro. Tanto a los lectores como a la editorial les gusta este tipo de novela y sería un poco absurdo cambiar.
– ¿Dónde se encuentra la excelencia dentro de este género?
– Para mí es importante la veracidad, el estudio pormenorizado de las circunstancias históricas. Tienes que ser muy puntilloso y si la historia no cuadra en ese contexto, hay que cambiarla y mantener la tensión. Hay que motivar al lector para que cree el mundo en torno a esa novela. Yo lo intento desde la sencillez, no lo concibo de otra manera.
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