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Carla Berrocal «resignifica» el western en su cómic feminista 'La tierra yerma'

Carla Berrocal «resignifica» el western en su cómic feminista 'La tierra yerma'

Se trata de una obra de trasfondo feminista con un formato que le acerca al manga. «Es un homenaje a la vertiente más pop del tebeo», dice la ilustradora

Viernes, 28 de junio 2024, 20:33

«Un cuento para contarle a las niñas que somos, a las que son y vendrán», así define la escritora Sara Torres 'La tierra yerma' (Reservoir Books), el nuevo trabajo de Carla Berrocal (Madrid, 1983), una de las voces más inspiradas de nuestra actual historieta. Con aires de western y un curioso formato que le acerca al manga, con las páginas de color amarillo, el cómic presenta la historia de dos familias enfrentadas: la casa de Salvatierra y la de Isla Perdida. Como escenario, un desierto sin horizonte en el que deambulan unas criaturas siniestras que amenazan a las protagonistas, todas mujeres. La violencia y un amor prohibido añaden tragedia a este drama rural que supone un nuevo paso en la carrera de la autora tras 'Doña Concha', biografía y ensayo gráfico sobre Concha Piquer.

-Se ha atrevido con un género atípico en el cómic en la actualidad: el western. ¿Por qué?

-En un principio es un género que no me llamaba mucho la atención, pero sí que me apetecía abordarlo porque creo que tiene elementos interesantes, el conflicto con lo salvaje, por ejemplo. Me apetecía mucho resignificarlo, precisamente por su carácter tan patriarcal, era todo un reto convertirlo en otra cosa.

Portada del cómic.

-También hay elementos de folclore y mitología.

-El folclore español es una cosa que me alucina, la verdad. Me parece muy poco explotado en nuestra ficción… Tenemos un patrimonio de historias populares de una riqueza extraordinaria y, sin embargo, seguimos dejándonos seducir por argumentos o entornos de influencias americanas. Tenemos una cultura abandonada, esperando ser rescatada. Además, creo que plataformas como Netflix están homogeneizando las historias, todas son iguales, con los mismos personajes, la misma estética… todo.

-Hay quien apunta a Lorca.

-Es evidente, claro. Lorca está ahí. Pero también mi herencia sudamericana, ese realismo mágico que habita el campo y la vida de la gente, que enfrenta su cotidianidad a la fantasía.

-¿Es un cómic multirreferencial?

-Claro, metí en la batidora todo lo que pillé. Desde la fantasía, la poesía, el folletín, el manga, el folclore…c Algo ligero, agradable y accesible, que era lo que me pedía el cuerpo después de la rigidez de 'Doña Concha'.

-Hay planificaciones de página muy cinematográficas.

-Me encanta el cine y creo que es una de mis grandes influencias, se nota que intento cuidar la mirada, ver dónde pongo el foco…c pero también me gustaría pensar que tengo influencia del cómic más clásico, desde Milton Caniff a Giménez, Jijé o cualquier otro. Y que estos han dejado su huella en mi inconsciente. No creo que sea sólo una influencia, el cómic clásico desde luego que también lo ha sido.

-¿Cómo te planteaste el proceso de trabajo y la documentación?

-Pues al principio fui bastante intuitiva, 'eLa Tierra Yerma'f era un proyecto que inicié en mi Patreon (micromecenazgo), pero que se fue al carajo al poco tiempo, así que aproveché para rehacerlo y ofrecérselo a mi editor. Quería rehacer la historia y ambientarla bien en la zona. Escribí un «gtuit»h en el que pedía ayuda y el periodista Edu Bravo me puso en contacto con Macu Vicente, una historiadora charra que me ayudó con toda la documentación. En cuanto al proceso técnico, tuve que ser muy disciplinada porque pedí una subvención del Ministerio de Cultura y la fecha de entrega era muy apretada, así que, con jornadas de diez horas y mucho esfuerzo, logré sacar el dibujo adelante en seis meses.

-'La tierra yerma' es en blanco y negro, sin grises, aprovechas los colores por planos, la ausencia de línea… ¿es una marca de la casa?

-Me encanta el blanco y negro puro, creo que el cómic que me ha gustado siempre es así, sin color. También me gustaría pensar que es un homenaje a las historietas antiguas, al manga, a la vertiente más pop del tebeo.

-¿Por qué las hojas son amarillas? Es una decisión curiosa.

-Además de apelar a lo yermo, el amarillo es un guiño a las revistas mangas más comerciales, que en Japón se venden con un papel malo, parecido al de las guías telefónicas pero más lijoso. En cada número vienen distintas series y son impresas en papel muy barato de varios colores…c verde, magenta, amarillo. Me hacía gracia también hacer un guiño a esas publicaciones. Como te digo, en general pretende ser un homenaje a la vertiente más popular del cómic.

-También llama la atención el tamaño de la edición, más cercano al formato libro o al manga.

-Continuando la idea del papel y hablando con mi editor, Jaume Bonfill, le comenté que quería que fuera un formato pequeño, manejable, con sobrecubierta, parecido a los tankobon (tomo recopilatorio). En definitiva, quería hacer un manga cañí.

-En la historia hay amor y muerte, también sororidad, los motores de nuestra existencia.

-Bueno, vitalmente fue un momento complicado y creo que salieron muchas cosas a través de los personajes. Creo que el amor y la muerte son dos cosas que, en realidad, están muy unidas, son emociones básicas y universales que aparecen en la gran mayoría de libros, y además tenía muchas ganas de hacer dramón.

-Plantea una suerte de matriarcado, con sus luces y sombras. ¿Es una utopía?

-Por supuesto, ningún sistema por muy bueno que sea, es perfecto, porque las que lo habitamos no lo somos. No puedo exigirle al feminismo un matriarcado sin sombras, porque todas las tenemos.

-Hay elementos fantásticos y algunos momentos oníricos que buscan cierto lirismo, escenas que soluciona gráficamente exprimiendo el lenguaje del cómic.

-Me encanta el cómic y creo que narrar algo es extremadamente complicado, cuanto más cómics hago, más complejo me parece, es sumamente orgánico y vivo. No se parece en nada a la literatura o el cine. Tiene similitudes con el proceso creativo del arte, pero, aún así, existen tantas variables que creo que es un lenguaje incomparable. Me encanta el lirismo y lo onírico, creo que es algo que me hace sentir cómoda, que permite al lector completar significados o llevarlos a otros territorios.

-¿Cómo vive el actual momento del cómic y la ilustración?

-Creo que hay una oferta increíble, muchas y muy buenas obras, a nivel editorial la oferta es buenísima, pero la industria convive con el fantasma de la precariedad y los abusos, por los que hay que trabajar.

-La Inteligencia Artificial se ve como una amenaza en el sector, ¿es pesimista?

-Tengo mucha incertidumbre, si bien creo que en el futuro puede ser una herramienta que nos pudiera permitir trabajar más rápidamente, es algo que me genera muchas dudas. Creo que por un lado estamos dejando de dar valor a los procesos, nos importa más la inmediatez que el camino por el que surge algo. Los videos en las RR.SS. aceleran los dibujos, los vídeos largos nos aburren… Por otro, el contenido con el que han sido alimentadas las IAs vulnera derechos de autor, no se regulan y son grandes emporios los que nos venden como triunfo tecnológico una herramienta que mutila el pensamiento conceptual y creativo. Creo que, en el futuro, la gráfica tenderá a cierta homogeneización, cosa que me preocupa. Siendo honesta, quizás sí, tengo una visión pesimista en relación a la cultura y las IAs.

-Compagina su obra de autora con cierto activismo, sobre todo en redes y eventos. ¿Agota?

-Muchísimo. Es agotador, pero en un trabajo poco constante como es el nuestro, que va por temporadas, creo que cuando una obra tiene cierta visibilidad hay que aprovechar y moverse mucho, porque al final eso genera nuevos proyectos.

-¿Qué público busca con 'La tierra yerma'?

- Creo que es el público el que elige las obras, no el autor. Cuento mi historia para mí con el objetivo de llegarle a alguien, pero no pienso en el público cuando la hago.

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