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La historiadora y escritora Fermina Cañaveras asegura que se ha producido un «borrado absoluto de la Historia de las mujeres» y que para conocerla, hoy como ayer, «esa memoria de las mujeres la tenemos que hacer nosotras». Ese es el motor que ha convertido en novela su investigación sobre las miles y miles de las casi niñas, las adolescentes, jóvenes y adultas que fueron sometidas por los nazis a esclavitud sexual en el campo de exterminio de Ravensbrück, muy cerca de Berlín. La cifra exacta no se conocerá nunca porque, explica Cañaveras, aunque al principio los nazis llevaban fichas y tatuaban el pecho y el brazo a las prisioneras, al final, avanzada la guerra, dejaron los registros y quemaron documentos. «Y había muchas que no sobrevivían a la primera noche, o que una vez muertas, no enterraban en el campo sino en bosques alejados de allí».
Los nazis las llamaban putas del campo (Feld-Hure) y se lo tatuaban en el pecho en el colmo de la «marca de propiedad» y la «anulación», y a sus barracones, burdeles. Es la terminología que, en realidad, aun se utiliza. «Las propias prisioneras polacas que dieron testimonio sentían que era como una liberación poder utilizar la palabra, no les importaba. Hubo otras mujeres que no querían ser recordadas así».
- El hecho es que eran violadas de forma sistemática. Hacían lo que llamaban experimentos con ellas. ¿No tendríamos que repensar cómo denominar esta historia tan terrible?
- Eran esclavas sexuales, las torturaban. Ese campo se concibió para eso: para ver cómo podían funcionar los burdeles en esa situación, para el exterminio y la trata. Primero fueron allí prostitutas berlinesas. Luego cambiaron su sistema. Y mientras que los nazis hablaban de los burdeles, las mujeres hablan de barracones de las mujeres.
'El barracón de las mujeres' (Espasa) recoge esa denominación desde el título para contar, a través de la ficción, lo que tantas prisioneras vivieron allí. Se nutre de casos reales para contar otro caso del que Cañaveras ha encontrado referencias en varios archivos personales de supervivientes de tanta violencia. «Necesitaba novelarlo porque yo iba encontrando piezas pero me faltaban muchas otras. Leía sobre la mujer española con nombre de bailarina...».
Esa es Isadora: adolescente en la guerra, acosada por roja en la posguerra, huida a Francia en busca de su hermano, resistente, enviada a Alemania enseguida. Sobrevivió a todo. Todo es demasiado. «Por respeto, hay muchas cosas más duras que las que he escrito que no están en la novela. Yo quería hablar del campo de las olvidadas y he sufrido y llorado mucho escribiendo». 'El barracón de las mujeres' es el recuerdo y el homenaje a ellas, entre las que hubo muchas españolas. Charly Olaso (María Dolores García Echevarrieta) y Nicolasa María Oliva Linares (Nicolasa García Chicharro) eran vascas. No era raro que llegaran a Ravensbrück con sus documentos falsos, cosa que a lo largo del tiempo también ha complicado las identificaciones.
La novela es además una llamada de atención. «Esto se sigue haciendo. Los nazis fueron proxenetas y los proxenetas hoy siguen traficando y abusando sexualmente de mujeres. Me pregunto qué diferencia hay con las que llevan a clubes de carretera y tienen una deuda de por vida».
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