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«Cuentan que en mi familia siempre se sienta un comensal de más en cada comida. Es invisible, pero está ahí». Así comienza 'El comensal', ... la novela con la que Gabriela Ybarra ganó el Premio Euskadi de Literatura en 2016. Un libro construido en torno a dos ausencias: la de su madre, Ernestina Pasch, víctima de un cáncer en 2011, y la de su abuelo, el empresario Javier de Ybarra, asesinado por ETA en 1977. Alcalde de Bilbao, presidente de la Diputación de Bizkaia y de EL CORREO, ETA lo consideraba el referente intelectual de Neguri. Pidió 1.000 millones de pesetas en su secuestro. Su cuerpo sin vida fue encontrado en las estribaciones del Gorbea.
Ángeles González-Sinde (Madrid, 1965) regresa a la dirección 13 años después de 'Una palabra de tuya' con la adaptación de 'El comensal', que rueda estos días entre el País Vasco y Navarra. Susana Abaitua y Ginés García Millán protagonizan un drama para el que la exministra de Cultura ha querido contar con la propia Gabriela Ybarra. «El guion tenía que ser distinto de la novela, porque el proceso interno que cuenta es difícil de contar en cine. Hemos tenido que añadir y quitar cosas, siempre con su visto bueno», explica la ganadora de dos Goyas.
- ¿Se ha visto desentrenada o dirigir es como andar en bici?
- Es como cualquier otra profesión: cuanto más practicas, más habilidades adquieres. Hay gente que encuentra los rodajes apasionantes y le gusta ese ambiente y la presión. Mi parte favorita es el trabajo con los actores, lo que más echaba de menos.
-¿Por qué se animó a llevar al cine 'El comensal'?
-Leí la novela cuando se publicó en 2015. El editor fue mi pareja, Claudio López Lamadrid (fallecido en 2019). Le pregunté quién tenía los derechos y se había interesado por ellos Isabel Delclaux, una productora joven. Ella me aceptó como adaptadora y directora. La película incide mucho en la relación entre el padre y la hija, que en la novela está menos desarrollada. Juntos hacen un viaje, por eso hacemos tanto hincapié en los escenarios del País Vasco.
-El tema central es la transmisión de la memoria.
-Sí, una transmisión inconsciente de la memoria. Parece que hay como dos maneras de abordarlo: están quienes no quieren mirar atrás porque piensan que quedarse en lo negativo no es útil para la supervivencia, y quienes creen que si no desenmarañas los conflictos del pasado y los pones en limpio cargas con una losa. En cualquier caso, quieras mirar atrás o no, ese peso está ahí. Ese comensal invisible que se sienta en todas las comidas familiares es una presencia que marca muchas conductas de la España contemporánea. Ocurre en todos los países donde ha habido violencia social. Esta película habla de esa transmisión de la memoria y de cómo también por omisión estamos condicionando la mirada de nuestros hijos. Muchas veces son ellos los que se ven obligados a buscar una explicación y a romper esa cadena de transmisión de conflictos invisibles.
-¿Es 'El comensal' una película sobre ETA?
-No. Es una película de dinámicas de familia. No hay un análisis político, no entramos en eso. Contamos cómo un hecho violento va lastrando las conductas. Es como un duelo congelado que alguien tiene que afrontar para vivir con libertad y conciencia en sus decisiones.
-La película salta de 1977 a 2011.
-El pasado es una parte importante que hemos rodado en Getxo. Treinta días, del 20 de mayo al 20 de junio de 1977, en los que el padre, de joven, está con sus hermanos en la casa familiar y tiene que enfrentarse al secuestro y a la imposibilidad de conseguir el rescate que les piden. Ha sido muy bonito contar con Ane Gabarain, una actriz extraordinaria. Hace un personaje que en la novela es muy pequeño, la cocinera, pero que en la película es muy importante, el pilar en el que se apoyan los cuatro hijos.
'el comensal'
política
-Se ha llevado a dos actores de 'Patria': Susana Abaitua y Ane Gabarain.
-¿Ah, sí? ¡Es verdad! Como Susana hizo el casting y estaba elegida desde hace tantos años no la asocio con 'Patria'. La serie me encantó, ya me había leído la novela en su momento. Creo que nosotros nos movemos en otro terreno, aquí no aparecen los etarras más que en el momento del secuestro. Nos quedamos en la intimidad de esa familia.
-La película es pura ficción.
-Hemos cambiado los nombres de los personajes por decisión de Gabriela y mía. Por respeto a la familia real y por tener libertad y alterar los hechos en la medida en que el cine te lo exige. Y no sientes la responsabilidad moral de contar la vida de nadie. 'El comensal' no es un documental ni pretende serlo. Es una historia que le ha ocurrido a muchas otras familias.
-Se me hace raro no preguntarle por la política ahora que no ostenta cargos públicos, más allá de ser presidenta del Real Patronato del Museo Reina Sofía.
-Haber estado en política es un estigma que no ayuda en tu carrera. Ha pasado mucho tiempo, pero sigue sin aportarte en tu currículum, parece que te convierte automáticamente en sospechoso. En lo personal haber sido ministra de Cultura me ha aportado mucho, pero en la imagen pública levanta suspicacias. Vivimos un momento en el que la política lleva muchos años desprestigiada. Hay que ser valiente para dedicarse ahora a ella y agradecerle al que da un paso adelante y quiere ocupar cargos.
-¡Cómo han cambiado las cosas desde la polémica 'ley Sinde' a estos días, en los que pagamos Netlix y Spotify sin rechistar!
-Sí. Era algo que iba a caer por su propio peso. Sinceramente, a lo mejor aquel debate contribuyó a una toma de conciencia, a que a mucha gente no le sorprendiera cuando hubo que pagar. Ya habían escuchado las razones de quienes nos dedicamos a la cultura y explicamos en su día que hacerla no es gratis, que mucha gente vive de ella.
-Hasta ha vuelto a las redes sociales, usted que tuvo que cambiar los números de teléfono de su casa y el móvil por las amenazas que recibía.
-Tampoco soy muy activa en redes, hay que tener un tiempo del que carezco. Tengo Facebook, Instagram y Twitter, pero no los uso mucho.
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