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Mientras Javier Milei era condecorado por Isabel Díaz Ayuso en Madrid, la Universidad Católica Argentina alertaba de que la pobreza alcanza hoy a más del ... 55% de los argentinos. Una de las primeras decisiones de su Gobierno ultraliberal fue desmantelar el cine pasando la motosierra por su principal institución, el Instituto Nacional del Cine y Artes Audiovisuales (INCAA).
Clarisa Navas (Corrientes, 1989) reconoce que hablar de películas cuando la mitad de sus compatriotas se mueren de hambre puede resultar frívolo, pero también es un espacio de resistencia para imaginar cómo dejar atrás esta pesadilla que vive una cultura admirada en todo el mundo. El Premio Honorífico de Zinegoak, que este 24 de junio arrancó su 21 edición, recompensa a una creadora empeñada en capturar la vida en su ciudad, Corrientes, una zona fronteriza al nordeste del país. Sus dos largometrajes de ficción disponibles en Filmin ('Hoy partido a las 3' y 'Las Mil y Una') demuestran una mirada de clase y género en un territorio desfavorecido, donde todavía es muy difícil ser gay o lesbiana.
–¿Cómo es Corrientes?
–Es un territorio muy particular y diferente a la idea que se tiene de Argentina. El clima es tropical, parecido al de Brasil y Paraguay. Un lugar prolífico si hablamos de mitos e imaginación, uno de los más antiguos de Argentina, muy conservador, en el que conviven una gran religiosidad con una suerte de desacato carnavalesco. Amo Corrientes, aunque a veces me complique la vida.
–¿Sigue viviendo allí?
–Voy y vengo. Pero siempre he tenido claro que iba a filmar en Corrientes. Los problemas que me afectan tienen que ver con ese lugar.
–La provincia es un estado mental.
–Sí. Es un lugar de escucha y apertura de la sensibilidad. Todo te toca de una manera mucho más profunda, porque tus cimientos radican allí.
–También será un lugar donde la diversidad sexual encuentra más resistencias que en Buenos Aires.
–Sí. Y ahora mucho más. Mi adolescencia y primera juventud fueron bastante complicadas. Sigo viendo cómo todavía hoy es difícil, queda mucho por hacer. Mis películas tienen que ver con la reivindicación de vidas que fueron muy ofendidas y que tienen complicaciones para existir de manera libre.
–Esa reivindicación de la realidad LGTBIQ+ surge de manera natural en su cine.
–Así es. Es el universo en el que muevo, pero también hay una conciencia política sobre la importancia de esos imaginarios en una provincia que no tiene prácticamente cine. Allí lo que prima son los gauchos, la música tradicional... Una cultura de hombres. Mis películas reivindican otras vidas que han sido borradas en ese punto del mapa.
–En sus dos largometrajes tienen mucha importancia el deporte, el fútbol y el basket.
–El deporte siempre ha sido muy importante en mi vida como lugar de refugio. En lugares conservadores y cerrados, el deporte es un lugar de encuentro, donde tienes posibilidades de ser un poco más libre. Hasta te puede posibilitar los encuentros amorosos. En el deporte reside la posibilidad de poder ganar algo cuando todo lo demás en tu vida es derrota.
–El deporte femenino apenas se ha tratado en el cine, solo me viene a la cabeza 'Quiero ser como Beckham'.
–No sé por qué. Además, es tan lindo de filmar... En Argentina hay pasión por el fútbol, pero solo ligada a los hombres. Yo fui entrenadora de basket de niñas antes de ser directora de cine.
–No es ninguna exageración afirmar que el cine argentino se está desmantelando.
–Lamentablemente no. Supera cualquier cosa que podríamos imaginar. Nada más asumir el poder uno de los primeros blancos fue el cine. Se han cancelado cualquier tipo de apoyo y subsidio a una industria que no dependía de subvenciones estatales. Han desmantelado injustamente todos los organismos que tenían que ver con el apoyo al arte. El cine no lo han conseguido cerrar porque hay una batalla diaria. Es un cine importante a nivel internacional.
–¿Se sigue rodando todavía?
–Muy poco, en este año prácticamente nada. Hay personas que ruedan de una manera muy independiente, sin ningún tipo de financiación, o cosas de plataformas. El cine de autor que conocemos y que ha dado tantas películas está en peligro de extinción. Las escuelas de cine, que dependen del INCAA, también están siendo desmanteladas. Argentina es un faro en la educación pública para muchos países de Latinoamérica. Esto está a punto de desaparecer.
–¿La gente del cine está unida?
–Sí, y también está el apoyo de actores muy conocidos. Pero es extraño, porque hay como una negación de esta realidad abrumadora. No sé qué modelo de cine va a quedar. Seguirá el INCAA, pero apoyando a un tipo de cine comercial.
–Películas para Netflix.
–Sí. Un modelo que limita y deja de lado a todo un país. Quedará un cine hecho por unos pocos en Buenos Aires.
–Hablar de hacer películas cuando la pobreza golpea al 55% de la población puede resultar frívolo.
–Es una pregunta insistente. ¿Qué lugar tiene la creación en momentos en los que no se tiene ni para comer? Creo que precisamente es ahora cuando, frente al empobrecimiento provocado por el gobierno, hay que imaginar la manera de salir de eso. El cine, el arte, es tan necesario como abogar por mantener la educación pública. Sirven para sostener la vida e imaginar otra cosa. El cine tiene una potencia muy grande, es la memoria de un país, por eso quieren erradicarlo. Continuar haciendo películas es una forma de resistencia.
–¿Qué le parece que Milei haya sido condecorado por la Comunidad de Madrid?
– Me parece atroz. El recrudecimiento de la ultraderecha por todos los lados es algo muy peligroso, nos puede llevar directamente a la extinción. La figura de Milei es lamentable. No gobierna, está en Twitter preocupado por ser una superestrella del ultra-ultraneoliberalismo y de las derechas a nivel mundial. Que encuentre eco en España es terrible, porque supone un aval y provoca la desesperanza de que se expande como un virus incontrolable.
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