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Vuelven los kaikus, las arratiarras y los mendigoizales... gracias a estas emprendedoras

Oihane Pardo y Esther Lecumberri nos devuelven un trocito de la historia de Euskadi a través de unas chaquetas que se utilizaron siglos atrás

Viernes, 20 de diciembre 2019

Es curioso observar cómo hemos normalizado el uso de ciertas prendas que pertenecen a la tradición de países extranjeros y cómo hemos dejado caer en el olvido los diseños más especiales vinculados a nuestra tierra. A nadie le sorprende ya utilizar caftanes de estilo marroquí cuando llegan los meses de verano, una falda escocesa para una cena navideña o echar mano de un kimono japonés para salvar cualquier evento especial. Joseph Altuzarra, el creativo de su firma homónima y uno de los diseñadores más aclamados de la moda neoyorquina, hizo un esfuerzo por homenajear sus orígenes euskaldunes transformando las tradicionales alpargatas de yute y tiras en unos altísimos tacones. A partir de ahí, vemos un gran vacío en la escena comercial. ¿Qué ha sido, por ejemplo, de los kaikus, los mendigoizales o las arratiarras? Algunos, los más jóvenes, quizás los desconozcan, pero hemos dado con dos emprendedoras, una de Guipuzkoa y otra de Navarra, que se han lanzado a la aventura de rescatarlos para volver a generalizar su uso. Basándose en los patrones originales, su misión es renovar estas prendas tradicionales que tantos recuerdos acumulan a sus espaldas para 'crear historias que se lleven puestas'.

Oihane Pardoheredó su primer kaiku de su abuela. Esa prenda que antiguamente usaban los arrantzales vascos jamás dejó de ser una de sus indispensables, ocupando, invierno tras invierno, un lugar privilegiado en su armario. «Se convirtió en mi abrigo favorito en las diferentes ciudades y países en los que he vivido. Era mi conexión con mi casa, mi familia y mi cultura», defiende. Sin embargo, el peso de los años le pasó factura y su tejido comenzó a deteriorarse. «Quise comprar uno nuevo y me di cuenta de que esta prenda vasca estaba en peligro de extinción. Ya apenas se vendían y los que encontraba nada tenían que ver con aquel elegante kaiku de mi abuela que sentaba tan bien». Aunque Oihane es licenciada en Arquitectura, tiene pasión por la costura, así que decidió hacerse una chaqueta nueva adaptada a sus gustos con detalles actuales. Su éxito fue tal que le llevó a replantearse su futuro laboral. Dejó su trabajo en Shanghái, hizo las maletas y, con un billete de vuelta a casa y mucho trabajo por delante, se adentró en su proyecto más especial. Un año después, nacía 'Amarenak', que significa 'de las madres' en euskera.

  1. Los kaikus del mar, el símbolo de Amarenak

El objetivo de esta donostiarra no es otro que el de dar una nueva vida a prendas y objetos tradicionales mediante la innovación y el diseño. Tras una campaña de 'crowfunding', empezó a diseñar sus primeros kaikus, unas piezas que se han convertido en la seña de identidad de la empresa que ya ha llegado a personas de más de 15 países, en 3 continentes diferentes en poco más de dos años.

El kaiku es un abrigo tradicional de Euskadi que llevaban los arrantzales cuando iban a faenar al Cantábrico. Se hacía con un paño de lana muy tupido, perfecto para soportar los vientos y chubascos del norte. Se caracterizan por no tener cuellos, por llevar un bolsillo frontal y unas coderas que, por lo general, tienen forma de corazón. Durante los años 50, las abuelas empezaron a hacerlos para sus nietos, en una versión más de calle, hasta convertirlos en el abrigo más popular y común del País Vasco, tanto para niños como para adultos. Ohiane los renueva con nuevos colores y alegres ribetes en contraste.

  1. La arratiarra, tradicional del valle vizcaíno de Arratia

Oihane pronto se dio cuenta de que Amarenak no se podía quedar ahí y comenzó una intensa búsqueda en archivos del País Vasco para recuperar otros trajes tradicionales. Por eso, descubrió la arratiarra, una chaqueta con la que antiguamente vestían los hombres en el día de su boda. Era la mejor prenda que tenían en el armario y, tras la celebración, se guardaba como traje de gala para ocasiones especiales. El valle de Arratia, en Bizkaia, fue uno de los lugares en los que más tiempo conservó esta tradición.

Al igual que el kaiku, se confeccionaba con paño de lana de gran calidad. Además, eran de color negro, tenían bolsillos falsos y estaban ribeteadas con cordoncillo del mismo tono. Hoy en día, apenas se conservan un par de ejemplares originales de la época. Esta diseñadora donostiarra ha decidido adaptarlo a la silueta femenina, innovando con nuevas combinaciones de colores. El resultado son unas elegantes piezas de lana merina, perfectas para eventos, cenas especiales, fiestas o bodas de invierno.

  1. Minucioso punto de cruz en color azul

No contenta con esto, también ha querido poner en relieve a través de su colección 'Kardena' los antiguos linos bordados con punto de cruz de color azul que las mujeres vascas confeccionaban, entre otras cosas, como ropa de cama para el ajuar de las novias. La complejidad de estos bordados hacía muy difícil su reproducción, así que han hecho un minucioso trabajo de digitalización y reinterpretación para darles una nueva vida.

Lo que hace aún más especial el trabajo de Amarenak es que los tejidos y las fornituras de sus prendas son siempre de proveedores cercanos de España y Francia. Después, se confeccionan de forma artesanal y con mucho cariño por sastres y costureras guipuzcoanas. De este modo, ayuda a generar empleo de calidad y a fomentar la producción local de ropa. Al igual que las obras de arte, no hay dos iguales, son colecciones de edición limitada y cada pieza está numerada. «Creemos que cada persona es única, y al vestir una de nuestras prendas, una nueva historia comienza a escribirse».

  1. Los mendigoizales de las montañas vascas

En Navarra encontramos a Esther Lecumberri, también conocida como 'la chica de las lanas'. Como en el caso anterior, y como en la mayoría de historias que hablan de artesanía y tradición, la herencia familiar tiene un papel fundamental en su historia. La pasión de Esther comenzó a tejerse con tan solo ocho años, cuando se abuela le enseñó por primera vez a hacer punto y ganchillo. Pronto aprendió una tradición doméstica que reinaba entre las mujeres de los caseríos, esas que abrigaban a sus familias con lanas confeccionadas con sus propias manos. Desde entonces, tuvo la idea de transmitir este arte desde su rinconcito de la vieja Pamplona. Los mendigoizales son una de sus especialidades.

Se trata de unas chaquetas que se utilizaban en las montañas, confeccionadas en tricot en punto link y con dibujos de Jacquard bicolor en los delanteros, en los que se representaban los escudos de las provincias vascas o un simple damero. Uno de sus rasgos más reconocibles son las tiras acabadas en pompones o borlas bicolor que hacían las veces de cierre. Tiene su origen en los caseríos de finales del siglo XIX, donde se tejían de forma artesanal, a mano y con dos agujas. Una tradición que hoy recupera Esther, que las confecciona por encargo y a medida. Las personaliza al gusto del cliente y, además, las vende en su tienda online o en su tienda-escuela de la calle pozo blanco 17 de Pamplona, donde también imparte cursos.

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