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«Andoni me inquieta, me descoloca, me asusta... Y encima en el Pagasarri recibo un mensaje suyo».
«Subo al Pagasarri después de dejar con las ganas a Andoni y me escribe: 'Karri, ayer estuvo...'»
Sexo en Nueva Bilbao (XXI)

«Subo al Pagasarri después de dejar con las ganas a Andoni y me escribe: 'Karri, ayer estuvo...'»

Mis amigas tienen opiniones enfrentadas sobre si debería olvidarme de él o dejarme llevar y apostar por la relación

Karri Bilbao

Viernes, 28 de marzo 2025, 01:03

SEXO EN NUEVA BILBAO

Cada viernes, Karri Bilbao nos comparte las historias y experiencias que vive con sus amigas. Tras años de convivencia en pareja han regresado a las noches (y tardeos) de la villa.

El día después de mi encuentro con Andoni en su apartamento, despierto con los sentidos embriagados. Preferiría sentir indiferencia hacia él, que fuera tan solo alguien agradable para citarme de vez en cuando, reírme y disfrutar de un concierto, un plan de día entero o una tarde en compañía masculina, sin mayores complicaciones, exigencias ni expectativas. Algo así como tener la situación bajo control, un amor conveniente, ordenado y racional… Pero cuando se trata de sentimientos, nada mejor que el refranero popular para resumir, sin grandes teorías elaboradas ni tratados de psicología emocional, la cruda realidad en pocas palabras: «El corazón tiene razones que la razón no entiende».

Mañana de domingo fresquito pero primaveral, he quedado a las nueve con Ane e Izaskun para ascender al Pagasarri en caminata tranquila y sin mayor objetivo que llegar a la cima en buena compañía. Me sirvo de ellas para desgranar y verbalizar porqué me siento así; inquieta, descolocada, asustada, eufórica y con la adrenalina como un tobogán. Les digo que Andoni me atrae como un imán pero que activa todos y cada uno de mis mecanismos de defensa. ¡Está contraindicado!, me repito en señal de alarma una y otra vez. ¿Contraindicado, para qué? Me responde a la gallega Izaskun. Si es con quien quieres estar, déjate llevar y no pierdas el tiempo pensando tanto, expone.

Ane, sin embargo, me recuerda con su pragmatismo habitual, que en las últimas semanas su existencia (mejor dicho, su ausencia) ha alterado mi equilibrio natural, que para qué alimentar una relación abocada al fracaso cuando se muestra esquivo y, a todas luces, con una doble faz porque seguro algo esconderá en la sombra. Ane desconfía de su comportamiento de semanas atrás, del 'ghosting' inicial. También aconseja que me guíe por mi instinto de autoprotección. Izaskun, sin embargo, simplifica con un «haz lo que te pida el cuerpo y punto».

Ya en la cima, me miro con perspectiva como si yo misma fuera la punta de un iceberg; una montaña que no desentona entre el paisaje, en aparente armonía e idílica calma, pero con sus contradicciones, reversos y temores escondidos. Ambas amigas tienen razón porque justifican con sus consejos mi dualidad interior; el ángel y el diablillo de toda la vida que personifican la conciencia de manera coloquial. Y es que, por un lado, disfruto en compañía de Andoni y le deseo, me alegra cuando sin esperarle me habla por WhatsApp, intuirle o tenerle en mente y que aparezca por sorpresa, sin previo aviso. Sin embargo, por otro, me hace sentir vulnerable al quebrar mi coraza como si se tratara de una frágil cáscara de huevo que arrastra el viento, devolviéndome a un estado que dejé atrás hace muchos años, fruto del cansancio y el desencanto.

Ane se sitúa a mi lado y con un gesto de aprecio me saca de mi ensimismamiento. Desandamos el camino y ponemos rumbo al asador Mendipe. Bebemos sidra embotellada antes de sentarnos a la mesa reservada y pedir una ensalada ligera para acompañar txuleta a la brasa. En los postres recibo un mensaje de Andoni: «Ayer estuvo genial, Karri. Un beso». Sonrío al leerlo. Responderé más tarde, sin prisa.

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