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El moreno de barba me besa... y ya quiero volver a verle.
Me besa el moreno de barba que conozco en el Bombón Club... y ya quiero volver a verle

Sexo en Nueva Bilbao (VI)

Me besa el moreno de barba que conozco en el Bombón Club... y ya quiero volver a verle

Vamos al local de Galerías Isalo y allí me fijo en Andoni, también divorciado, que me acompaña a casa porque dice que quiere conocerme más

Karri Bilbao

Viernes, 13 de diciembre 2024, 01:08

SEXO EN NUEVA BILBAO

Cada viernes, Karri Bilbao nos comparte las historias y experiencias que vive con sus amigas. Tras años de convivencia en pareja han regresado a las noches (y tardeos) de la villa.

Es sábado y nos citamos en Sua San, un local acogedor y con mucho encanto decorado en el exterior como si siempre fuese Navidad. Quedamos pasado el mediodía, hora perfecta para pedir una de sus especialidades, el brunch. La proximidad al Guggenheim favorece que muchas de las mesitas las ocupen comensales de múltiples nacionalidades. La calle es un crisol inimaginable hace no tantos años, una ventana a una Nueva Bilbao que nada tiene que envidiar a cualquier ciudad de Europa. Reflexionamos sobre ello Ane, Maite, Izaskun y yo, cuatro de la cuadrilla dispuestas a disfrutar de un día lluvioso por la villa en la mejor de las compañías.

Tras un segundo café, decidimos que ya va siendo hora de ir de compras, aunque solo sea para mirar. Izaskun propone que iniciemos recorrido por la zona de Marqués del Puerto, donde es fácil encontrar algo bonito. Y tiene razón porque Ane se compra un jersey y Maite unos botines de tacón alto que deciden estrenar esta misma tarde. A mí me encanta un bolso en versión miniatura en el que apenas caben un móvil y las llaves, pero decido pensármelo dado el precio y que ya he gastado demasiado en lo que va de mes. Un par de tiendas por la Gran Vía después, Maite propone que, dada la cercanía a su casa, vayamos a dejar las bolsas y a cambiarnos antes de salir de tardeo.

Vamos al Bombón Club, perfecto con la música en directo, y allí picamos algo. En la mesa de al lado hay una cuadrilla de chicos más o menos de nuestra edad. Me gusta el moreno de barba y se lo hago saber con un cruce de miradas que no deja lugar a dudas. La culpa fue del cha-cha-chá de Gabinete Caligari nos anima a bailar y, casi a la par, los de la mesa de al lado saltan a la arena, como dice la canción. El pub se empieza a llenar y la falta de espacio favorece la cercanía con el grupo mientras, estratégicamente, busco la manera de situarme próxima al que ha captado mi interés. En distancias cortas me gusta incluso más. Marcho al servicio y cuál es mi decepción cuando regreso y ha desaparecido…

Fuera llueve y continuamos bailando mientras las horas vuelan. Pido en la barra otra cerveza y me sorprende encontrar a mi lado al moreno de la barba que había perdido de vista horas atrás. «¿Todavía por aquí?», me pregunta. «Se nos pasó el tiempo sin apenas darnos cuenta», respondo con una sonrisa pícara. Él ha regresado junto a su cuadrilla tras comer un par de pintxos e ir al Cotton. Se llama Andoni. «Me extraña no haberte visto antes», le digo. «Ni siquiera me suenas…» Divorciado desde hace tres años. Efectos secundarios de la pandemia, claro. Las cuadrillas de ambos desaparecen y le digo que es tarde y que debería irme a casa. Pide acompañarme y por el camino declara que le encantaría conocerme un poco más. En el portal nos despedimos con un beso y una llamada perdida por su parte. Son las cinco de la madrugada y me acuesto deseando volver a verle…

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