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Bruto y víctima

Quizá el puñetazo a Rajoy haya salvado a ese joven de cometer alguna barbaridad mayor y ahora, en los meses de penitencia, tenga ocasión de repensar mejor algunas cosas y corregir el rumbo futuro

Fernando Savater

Miércoles, 30 de diciembre 2015, 19:58

Quienes hemos sido maestros muchos años y siempre consideramos que nuestra primera vocación es intentar ayudar a los jóvenes a afrontar civilizada y humanamente la ... vida, solemos tener una disposición exageradamente tolerante para las fechorías que cometen los aún menores de edad. No para disculparlas, claro está (hay niños de trece años capaces de crueldades tan refinadas como el peor de los nazis), pero al menos para considerar a sus autores como víctimas también en cierto modo, además de verdugos. Hasta que llegan a la edad plenamente adulta (que no sé exactamente cuándo fijar: un viejo psicoanalista amigo mío solía decirme «nuestro drama es que no hay adultos»), uno no puede dejar de pensar que quienes hemos fracasado en educarles somos también en cierta medida algo culpables o, mejor dicho, algo responsables de las barbaridades que cometen. Intentar educar -una de las tres tareas imposibles según Freud, junto a gobernar y psicoanalizar- obliga a ensanchar mucho nuestro sentido de la responsabilidad, aunque por supuesto nunca tanto que condene a los adolescentes a una especie de limbo irresponsable.

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