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Lorena se confiesa «muy presumida». De aspecto cuidado, la mujer, vecina de Bilbao, frecuentaba desde hace unos cuatro años una peluquería en el barrio de ... Santutxu. «Aunque una vez me quemaron el pelo, estaba muy contenta de cómo me peinaban», admite ahora. En una de sus frecuentes visitas al establecimiento, le propusieron una oferta para aplicarse bótox. Algunas de sus amigas ya han recurrido a este tratamiento de belleza para eliminar arrugas y mejorar el aspecto del cutis, así que le pareció una buena idea. «Soy una lanzada. Y pensaba que iba a quedar guapísima», dice.
Sabía que la peluquería tenía en la parte de arriba un espacio que ella creía que se utilizaba para «trabajos de esteticién», pero no cuáles. «No sabía que era un sitio ilegal». Le explicaron que «venía una chica que trabajaba en una conocida clínica de cirugía estética del centro de Bilbao algunos días y justo esa tarde le tocaba, así que me dieron cita». Fue el pasado 7 de noviembre, a las tres de la tarde. «Estaba todo emocionada por salir ideal». La supuesta profesional le pareció «muy agradable». «Era una chica joven y decía que estaba todo el día pinchando, que tenía mucho trabajo», recuerda. De unos 30 años, le contó que «vivía con su pareja en Santutxu y que tenía un hijo». El local contaba con una camilla y con jeringas para aplicar la toxina botulímica.
El paquete costaba 270 euros. «Le hice un bizum». Era un completo ('full face', en inglés), que incluía «el entrecejo, la frente, eliminar patas de gallo, la zona del lagrimal, el código de barras y el pliegue de la nariz». «Me pinchó por todos los lados». Lorena se fue a su casa tan contenta, sin ser consciente de que se trataba de un centro sin permiso para realizar ese tipo de prácticas de medicina estética y que proliferan cada vez más. La moda del 'bótox party' ha llegado a Euskadi. Dos días después, «cuando iba a desayunar, noté cierta parálisis en los labios».
Con el paso del tiempo fue a peor, incluso «se le escapaba la bebida por la boca», según se refleja en la denuncia que ha presentado ante la Ertzaintza por un delito de lesiones por imprudencia e intrusismo profesional. Aficionada a hacerse fotos, cuando se dio cuenta de que también le había afectado al ojo y de que tenía «el párpado caído», entró en «pánico» y le pidió a un familiar que le llevara a Urgencias, en la clínica Zorrozaurre de Bilbao. Allí el médico le advirtió de que había sido víctima de una «mala praxis, de que me habían pinchado mal. Hay puntos del rostro donde no se debe inyectar», le informaron. Sufría una parálisis facial.
Hasta ese momento, había contactado por whatsapp con la chica que le había aplicado el bótox. «Me decía que no me preocupara, que era normal, que dejara pasar una semana». Lorena ha presentado esta conversación como prueba en la denuncia. Entonces, acudió a la consulta de un cirujano estético, pero declinó hacerle ningún arreglo. «Me dijo que no había nada que hacer, que tenía que esperar a que se me pasara el efecto del bótox, unos seis meses».
Durante este tiempo, «apenas he salido de casa. Coincidió con la Navidad y se encerró. No fue a ninguna cena. «Lo más fuerte ha sido no poder socializar. La gente cuando me veía, decía 'pero qué te has hecho'. Me dejaron como un monstruo, como el Joker. Ha sido horrible», lamenta. Más de cinco meses después, la parálisis se le ha corregido en parte, aunque aún no ha recuperado su sonrisa. «Y que ganen un dineral pudiendo destrozar a la gente y jugando con su salud física y mental... Son unos delincuentes», lamenta. «Para mí lo peor ha sido la cabeza, más que la cara», reconoce.
A Lorena le da tanta vergüenza lo ocurrido que «sólo se lo he contado a mi entorno más cercano». «Todos me recomendaron que denunciara». Se puso en contacto con el despacho de abogados Gómez Menchaca para llevar el caso a los tribunales. Después, supo que la joven que la atendió «no está colegiada ni ha trabajado nunca en ninguna clínica de Bilbao. No es ni enfermera». Ha decidido contar su caso «para alertar a la gente y que no lo pasen tan mal como yo». La Ertzaintza, por orden judicial, registró el local hace unos días en busca de pruebas de esta actividad ilícita y la víctima ha sido llamada a declarar en el juzgado.
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