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A la oposición le parece que tanto al alcalde como a su equipo de gobierno le falta brío, contacto con la realidad y un dinamismo ... en los proyectos que esté a la altura de la ambición de la ciudad. «Ha renunciado a ser vanguardia e insiste en un modelo agotado», lamentó la portavoz de EH Bildu, María del Río. En su opinión «no hay proyectos ilusionantes ni innovación social».
Para la formación soberanista al ejecutivo local le falta «participación y transparencia» a la hora de determinar sus actuaciones. En concreto, echó en falta la participación vecinal desde en el diseño de La Nueva Casilla hasta para definir el uso del frontón de La Esperanza. A juicio de Del Río, «nuestro trabajo no es tutelar a la ciudadanía, sino representarla». Y para ello abogó por un «modelo de gobernanza cooperativa» frente a las «privatizaciones» de los diferentes equipamientos municipales. También hizo énfasis en la necesidad de más actuaciones en materia de vivienda, cuidados y seguridad, además de en euskera y transición ecológica.
Desde el PP, Esther Martínez comenzó afeando a Aburto que «haya venido aquí a darnos un sermón, algo propio de personas que carecen de humildad y argumentos», y le pidió que «no nos rete a valores, principios ni corazón». En su opinión, el alcalde estaría afectado por los efectos que causan en él «los palmeros que le rodean y encapsulan de la realidad». Fue muy crítica la portavoz popular con distintas iniciativas municipales, desde «la ineficacia de la OTA» hasta «los problemas con el funicular y Bilbobus, o las torpezas con la zona de bajas emisiones».
En su opinión, «tenemos una ciudad con un potencial fantástico pero está funcionando al ralentí, sin visión de futuro; qué fue de aquel Bilbao que era líder en el norte de España». Frente a aquello ahora hay «perdida de población, huida de talento y envejecimiento» pese a que «tenemos mucho más presupuesto público que la mayoría de las ciudades». Con ese dinero, «más de 700 millones, no podemos decir que tenemos unos servicios mejores que otras ciudades». También hizo mucho énfasis en la inseguridad y en la parálisis de los grandes proyectos.
Ana Viñals, de Elkarrekin, puso el foco en esto último: «El estado general de la ciudad, desde hace tiempo, es el estado de espera: muchos programas, muchos planes y muchas estrategias, pero a la hora de la verdad y en lo referente a los grandes proyectos estratégicos, la realidad muestra que todo o casi todo está por hacer». Se refirió a Zorrozaurre, al plan de activación de Artxanda, al desarrollo de la ría, a La Nueva Casilla, a la zona de bajas emisiones, a Punta Zorroza, al soterramiento de Abando.
También hizo mención a que «Sader y Profersa continúan echándonos sus malos humos». Pues a todo esto «seguimos esperando». En relación a la vivienda, criticó que el Ayuntamiento está «más cerca del objetivo de convertir Bilbao en ciudad especuladora que en ciudad universitaria», y llamó a desplegar políticas que faciliten a la juventud el acceso a un piso. «Comenzamos a ser muchas las personas que estamos cansadas de esperar un futuro que no acaba de llegar», remachó. «Porque sin duda, el estado de la ciudad no puede seguir siendo indefinidamente el estado de espera».
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