
El peligroso rescate de los ocho marineros del 'Diana I'
La memoria negra ·
El Helimer Cantábrico salvó a la tripulación de un barco arrastrado por el temporal hasta los bloques de Punta Lucero en pleno naufragio, en enero de 2004Secciones
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El Helimer Cantábrico salvó a la tripulación de un barco arrastrado por el temporal hasta los bloques de Punta Lucero en pleno naufragio, en enero de 2004El capitán del 'Diana I', Roberto Pría, de origen cubano, fue el último en abandonar el barco antes de que este fuera engullido por el Cantábrico, enfurecido como pocas veces. Antes, quiso ayudar a los siete marineros que formaban su tripulación, cuatro españoles, uno cubano, un colombiano y un peruano, que fueron izados de dos en dos por el Helimer Cantábrico, el helicóptero de Salvamento Marítimo, con base en Gijón.
Ocurrió el 17 de enero de 2004. El 'Diana I', con bandera portuguesa y alquilado por una empresa gallega, estaba fondeado en el Puerto bilbaíno. De 82 metros de eslora y 3.300 toneladas de capacidad, pretendía cargar fertilizantes en el muelle de Santurtzi una vez pasado el fin de semana. Se trata de una práctica extendida que algunos armadores se ahorren las tasas de atracar en el puerto, al abrigo de sus instalaciones. No calcularon que el temporal anunciado de fuerza siete fuera a ser tan feroz. Un repentino turbón (aguacero con viento fuerte) sorprendió al mercante en lastre a varias millas del litoral a primera hora de la tarde.
«Dimos máquinas para alejarnos de la costa, pero el barco estaba vacío y el mar nos iba dominando», explicó el capitán al llegar al hotel Conde Duque de Bilbao al que fue trasladada la tripulación tras el rescate. La tediosa espera en el Abra se había convertido de repente en una lucha contra la naturaleza. «Cuando el mar se pone bravo, no hay quien pueda con él», se resignaba el patrón. La batalla se saldó con un claro vencedor. «Nos acabó tirando contra las rocas. A las cinco y media lanzamos el SOS y llamamos a los prácticos del puerto de Bilbao», resumía Pría. «Lo más importante en ese momento era que la gente saliera vida. El mar empeoró, empezaba a anochecer y el barco daba bandazos contra el rompeolas».
Las gigantecas olas habían arrastrado al buque contra los bloques de hormigón de Punta Lucero. En un primer momento se intentó el salvamento por agua, pero el temporal impidió que los remolcadores y la patrullera de la Guardia Civil se pudieran acercar al 'Diana I'. Llegó el turno del Helimer Cantábrico. El busca del comandante Luis García, con 21 años de experiencia y 4.500 horas de vuelo, empezó a sonar y activó el código rojo, que indica que hay personas en peligro. Estaba a punto de protagonizar «uno de los rescates más peliagudos» de su carrera. «Cuando llegamos, lo vimos un poco negro», reconocía después el piloto. Lo normal en estos casos es recoger a la tripulación en la popa, pero la cubierta estaba resbaladiza por el vertido de los tanques de gasóleo y aceite, por lo que optaron por intentarlo desde el puente. El mercante estaba escorado y rebotaba contra las rocas, de forma que a ratos lo tenían justo debajo y un momento después a varios metros de distancia. Los impactos habían abierto varias vías de agua en el casco y el barco se hundía.
Finalmente, tras 50 interminables minutos, los dos rescatadores, el operador de grúa, piloto y copiloto del Helimer lograron ascender a todos los marineros y al capitán. Les dejaron sanos y salvos en el aeropuerto de Loiu, agotados y calados hasta los huesos, pero vivos. Cuando el helicóptero regresaba a su base, sobrevoló la zona del naufragio, y del 'Diana I' ya solo se veía la chimenea y una barandilla. Al día siguiente, yacía ya partido en dos a 30 metros de profundidad. Una vez descartado que pudiera haber provocado algún episodio contaminante importante por la pérdida del combustible, el pecio fue recuperado por piezas en verano. Su destino estaba escrito. Después se supo que este mismo barco, aunque con otra tripulación, ya había embarrancando seis años antes cerca del puerto de La Coruña. Entonces, pasó 41 días encallado y sufrió daños graves, pero fue reparado y volvió a navegar al cabo de dos años, aunque no por mucho tiempo.
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