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LUIS CALABOR
Un crimen entre guardias civiles en La Salve

Un crimen entre guardias civiles en La Salve

La memoria negra ·

Un agente de baja fue acusado de asesinar a dos compañeros en sus domicilios de Mungia y del cuartel bilbaíno en 2001

Miércoles, 17 de julio 2019, 01:28

José Luis García Barrosa, gallego de Orense de 36 años, conocía al cabo Ángel Villa y al también guardia civil retirado Raúl Graña porque los tres habían convivido junto con sus familias en el cuartel militar de Soyeche, en Mungia. Barrosa sufría un trastorno mental, que le había apartado del cuerpo. Se encontraba de baja psicológica. Su enfermedad le llevó a considerar a sus amigos «malos guardia civiles» y a obsesionarse con la idea hasta convertirse en su justiciero.

Primero,apareció el cadáver de Raúl Graña con un disparo en la cabeza en su piso alquilado de Mungia, el 14 de septiembre de 2001. Según las investigaciones, el hombre recibió el impacto mortal cuando miraba unos papeles en la cocina del domicilio. Un proyectil incrustado en una pared aportó una pista importante. Quince días después, el 25 de septiembre por la noche, y aprovechándose de su condición de guardia, Barrosa se coló en el cuartel de La Salve, con garitas de seguridad y fuerte vigilancia, donde al cabo Villa le acababan de asignar un piso. Sabía que estaba solo porque su mujer había ido a trabajar en la vendimia. Días antes había pedido a un compañero que le prestara un arma, aunque no fue ésa la que utilizó.

Ángel le abrió la puerta de su casa y le invitó a sentarse. Como no tenía aún sofá, colocó en la sala dos taburetes. Según la sentencia que le condenaría después a doce años de cárcel por este asesinato con alevosía con la eximente incompleta de alteración psíquica, primero le golpeó y la víctima cayó al suelo. Después, le disparó en la cabeza con un arma que no pudo ser identificada. Nunca se averiguó qué objeto había colocado, si una plancha o un chaleco antibalas, detrás de la cabeza de la víctima para recuperar el proyectil. En la escena no se encontraron los casquillos, por lo que siempre se sospechó que los había hecho desaparecer. Cubrió el cuerpo y toda la estancia con toallas y mantas que sacó del armario. Este caso no trascendió a la opinión pública hasta que diez días después cuando EL CORREO reveló la noticia.

Al tratarse de un crimen en el seno de la institución armada, la investigación corrió a cargo de la prestigiosa UCO. El otro homicidio inicialmente recayó en la Ertzaintza. Los investigadores sospecharon desde un principio que el asesino pertenecía al cuerpo. Los especialistas resolvieron el caso en mes y medio y procedieron a la detención del sospechoso. Contaban como pruebas con una mancha de sangre del cabo Villa encontrada en una mochila en la casa del asesino y con la declaración de varios testigos que le habían visto aquella noche en el cuartel de La Salve.

El primer juicio se celebró en mayo de 2003, pero como los jurados no llegaron a un acuerdo tuvo que repetirse varios meses después. En ambos, el acusado defendió su inocencia. Finalmente, fue condenado a trece años de cárcel. El homicidio de Mungia fue archivado por «falta de pruebas» por el juez instructor de Gernika en 2005.

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