JUDITH ROMERO
Lunes, 15 de agosto 2016, 00:46
El partido amistoso con que el Club Portugalete y el Sestao River presentaban el arranque de la temporada 2016/17 terminó con una veintena de simpatizantes del Movimiento Feminista local expulsadas del campo. Sus protestas por el fichaje del futbolista Paul Abasolo, condenado por abusos sexuales, motivaron que agentes de la Ertzaintza sacaran a la fuerza del estadio a quienes llevaron sus reivindicaciones al interior de La Florida.
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Un cuarto de hora antes de que Abasolo saltara al césped vistiendo los colores del conjunto jarrillero, un centenar de hombres y mujeres se congregaron frente a las taquillas, en las que algunos aficionados aún adquirían sus entradas. Quienes se sumaron a la movilización pidieron la destitución del nuevo jugador del Portugalete mediante pegatinas, carteles y pitadas que se confundían con la música que anunciaba el inicio del encuentro, previsto para las 18.00 horas. Cerca de una veintena de los participantes en la concentración accedieron al interior de las instalaciones deportivas en calidad de espectadores para hacer más visible la protesta.
Mientras se situaban en el extremo oriental de La Florida y extendían sus pancartas, dos furgonetas de la Policía autonómica aparcaban en la calle Doctor José Zaldua, engrosando el dispositivo de seguridad una patrulla de la propia Ertzaintza y otras tres de la Policía Municipal que vigilaba que el choque transcurriera sin incidentes. Tras cruzar algunas palabras con un seguidor del club que se aproximó a ellos para reprocharles su actitud, las consignas de las feministas se escucharon con fuerza durante los veinte primeros minutos del amistoso.
Los tradicionales cánticos en contra de las actitudes sexistas no tardaron en convertirse en frases dirigidas al número 10 del equipo portugalujo, Paul Abasolo. En 2010, el durangués fue condenado a tres años y tres meses de prisión tras ser acusado de cometer abusos sexuales contra tres mujeres en Gernika entre los años 2006 y 2007. Sin embargo, no llegó a cumplir la pena al recibir un indulto que anuló la decisión de los jueces. Diez agentes de la Ertzaintza accedieron al terreno de juego para hablar con los manifestantes y recordarles lo que sus compañeros les habían advertido ya en el exterior: tenían derecho a disfrutar del partido como cualquier otro aficionado, pero «no a alterar su transcurso o a proferir injurias o calumnias».
En la verja del campo
Ante la indiferencia del grupo, los miembros de las fuerzas de seguridad comenzaron a expulsarlos uno a uno sujetos por los brazos. Eran las 18.20 horas y, fuera, el resto de las personas que secundaron la iniciativa feminista aporreaban las puertas metálicas del campo como gesto de disconformidad. De hecho, la intervención policial no terminó con la protesta. Una vez fuera del estadio, la totalidad de la marea morada emprendió una marcha por la avenida Los Llanos y algunos se encaramaron a la verja del recinto durante el resto del partido para hacer oír sus gritos. Desde el interior, los agentes tomaron fotografías para proceder a su identificación.
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