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Jóvenes regresan en metro a sus casas tras acudir a la playa este viernes. Maika Salguero
«Fue un agobio, era imposible que entrase más gente», cuentan los viajeros del metro atestado el jueves

«Fue un agobio, era imposible que entrase más gente», cuentan los viajeros del metro atestado el jueves

Usuarios del metro han adelantado este viernes la vuelta de la playa para evitar las aglomeraciones que se vivieron el día anterior

jon ander goitia

Viernes, 29 de mayo 2020

El andén a rebosar y todos con el mismo destino: el metro. El suburbano vivió el jueves una escena no apta para claustrofóbicos. Cientos de bañistas pusieron prácticamente a la vez punto final a una larga jornada de playa. Esta coincidencia desbordó por completo la capacidad del metro, donde la distancia de seguridad quedó reducida a un palmo. El punto más caliente fue Neguri, quien recogía a los que llegaban desde la playa de Plentzia y Sopela, y sumaba a los que venían de Ereaga. Una imagen que este viernes estaba en boca de todos y muchos buscaron evitar revivir adelantando la hora de vuelta a casa.

Sentados, incluso con una separación de dos metros entre grupos. Ni rastro de los agolpamientos que se produjeron veinticuatro horas atrás. Metro Bilbao decidió desde este viernes incrementar la frecuencia del servicio en Larrabasterra para dar salida a la marabunta que se juntaba a partir de las 21.30 horas, cuando el metro dejaba de pasar cada diez minutos y lo hacía cada veinte. «No había andén suficiente para que cupiese tanta gente, tendría que llegar por lo menos hasta Sopela», describía el encargado del puesto de mando de la estación de Larrabasterra.

«Hoy hay mucha menos gente, pero el jueves se juntaron tantos que era imposible controlar el aforo», razonaba. Un embudo que se formó con la llegada de los últimos metros y muchos sin otra vía para volver a casa. «Era imposible dejarles fuera». En él se vieron sumergidos, sin quererlo, Mikel Larrinaga, Unai Vega, Diego Hernández y Nabas de Dios. «Estábamos los primeros en el andén cuando todavía no había prácticamente nadie. De golpe empezó a llegar mucha gente y cuando abrieron las puertas todos entraron como locos», recordaban.

Este viernes volvieron a desplazarse hasta la playa de Sopela en metro, pero la vuelta la adelantaron, precisamente, para evitar coincidir con tanta gente. «No era normal estar tantos ahí dentro. Fue un agobio, muy estresante», confesaban. Un sufrimiento que se alargó hasta Moyúa y Basauri, aunque ya el gentío había perdido fuerza. «Al principio íbamos contra la puerta y la gente iba sin mascarilla», describían, a pesar de que en la entrada a la estación un cartel recordaba sobre la obligatoriedad de su uso. Más aún cuando muchos estaban cara a cara.

«Sin control»

«Creo que muchos no son conscientes de lo que estamos viviendo», reprochaban Inés Martínez y María Alonso. Recordaban apenadas cómo el contacto durante el trayecto con otros viajeros era inevitable. «La situación ayer no estaba controlada, si nos volviese a ocurrir no nos montaríamos», censuraban. Otros, como Endika García, optaron directamente por intentar remediar la situación. Un respiro de aire fresco que, más aún con las mascarillas, tantos agradecieron. «En cada estación abrí la puerta para que entrase algo de aire y que así no se cargase tanto el ambiente».

Preocupaba también saber si las medidas adoptadas por los Ayuntamiento de Sopela y Getxo, en las que restringían el acceso en coche a las playas, iban a repercutir en que la ola de viajeros se pudiese hacer desde este viernes más grande. El examen se pasó, también porque muchos siguieron optando por el vehículo privado, a pesar de las barreras en su uso. «Después de lo visto el jueves, prefería incluso tener que andar unos metros más hasta la playa a arriesgarme y juntarme con tanta gente», concluía Gorka Mentxaka.

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