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El joven acusado de agredir sexualmente a una menor en la fiesta de Halloween de 2016, negó ayer los hechos durante el juicio que se celebra contra él en la Sección Segunda de la Audiencia vizcaína, sin aclarar por qué se localizaron restos biológicos con el ADN de la víctima en el interior de sus calzoncillos y en una camiseta. «Saludo a muchas chicas», respondió a preguntas del fiscal. El chico, que en el momento de los hechos tenía 18 años y vivía en un piso de inclusión de la Diputación, aseguró ayer que no conocía «de nada» a la víctima, de 14 años entonces, y que aquella noche estuvo en compañía de sus amigos y su novia. Fue detenido aquella misma madrugada por la Ertzaintza y a continuación quedó en libertad con la obligación de personarse cada quince días en el juzgado. Pero se fugó. «No me lo explicaron bien, me arrepiento mucho de eso», admitió.
Meses después, en abril de 2017, la chica y su hermano recibieron varios whatsapp amenazantes de un teléfono móvil desde Alemania, que la Ertzaintza atribuyó presuntamente al acusado. «Me has jodido la vida», le acusaba. Finalmente, en octubre, fue detenido por la Guardia Civil en Salamanca, acusado de atentado contra agente de la autoridad. Por este caso ingresó en prisión provisional, donde ha permanecido hasta ahora.
La menor, por su parte, que había «bebido mucho» aquella noche, declaró por videoconferencia desde otra sala del juzgado, como otros menores testigos. Sabe que acabó «en un aparcamiento cerca del molino, pero no me acuerdo cómo llegué hasta allí -dijo-. Tengo la imagen de que él estaba encima de mí, por detrás». La adolescente sólo recuerda que le bajó los pantalones y la ropa interior y que la penetró analmente.
Después de la agresión, la joven le contó a un amigo lo que le había pasado, «que había estado con un chico, que me había hecho eso y que yo en mi vida le hubiese dejado». El chico llamó a su padre y éste a su vez a la Policía. También comunicaron lo sucedido a los padres de la menor, que la acompañaron al hospital de Cruces, donde se activó el protocolo de agresiones sexuales.
Dos agentes de la Ertzaintza que atendían el robo con violencia de un móvil y una pelea, vieron de repente «pasar corriendo a un chico como una flecha y detrás, persiguiéndole, a un grupo de personas -relataron-. La gente decía que había violado a una chiquilla». Los policías se metieron en el coche y le siguieron. Le interceptaron en una calle cercana y él negó que hubiera tenido ningún incidente con una chica. Según otros ertzainas, la víctima le reconoció desde el coche «sin ninguna duda», por lo que el joven fue arrestado.
Tres médicos forenses indicaron que en la exploración realizada a la menor en el hospital, se tomaron muestras anales y vaginales, además de análisis de orina y sangre, y que se apreció una «lesión» en el margen perianal, «compatible con una penetración». Los resultados arrojaron una presencia alcohólica de 1,14 miligramos, lo que indica que la víctima «estaba influida por el alcohol en bastante grado».
El caso dio un giro inesperado el pasado mes de julio, cuando se detuvo en París a un menor cuyo ADN había aparecido en los restos de semen hallados en las partes íntimas de la víctima. Se trata de un amigo del primer implicado, con el que compartía piso en noviembre de 2016, que ha sido también procesado, aunque será juzgado en otra causa.
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