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La explanada que se abre al frente del estadio de San Mamés amaneció este domingo transformada en un circuito de carreras, con sus pilas de ... neumáticos en las curvas, su parrilla de salida con semáforo incluido, boxes, 'safety car' y claro, los propios coches de competición. Pero no había motores rugientes, ni olor a gasolina, ni humos. Se trataba de una carrera de monoplazas eléctricos, impulsados por baterías de litio y construidos por estudiantes de entre 11 y 25 años.
Esta peculiar competición automovilística formaba parte del Circuito Internacional Greenpower Iberia-Bridgestone y se disputó en dos categorías: Fórmula 24 (11-16 años) y Fórmula 24+ (16-25 años). Queda por celebrarse una carrera más, en la categoría Goblin (9-11 años), que se correrá en Barakaldo el 4 de abril.
Antes de empezar, el ambiente era el propio de cualquier carrera: mecánicos apurando los últimos reglajes a los bólidos, pilotos más o menos nerviosos y personal de pista revisando el circuito, un óvalo que no es que fuera el de Indianápolis pero que tenía sus 'cosillas', como una curva contraperaltada al final de una bajada que propició algún que otro derrape.
No dejaba de llamar la atención lo silenciosos que eran los pequeños monoplazas. Sacar la foto de familia, con los representantes de la organización -además de Alfonso Gil, teniente de alcalde y concejal de Movilidad de Bilbao, y Miguel Ángel Gómez Viar, diputado de Transportes y Movilidad Sostenible-, produjo casi más barullo que la salida en sí. «Fíjate que a los coches les han tenido que poner bocina para avisarse entre ellos cuando van a adelantar», comentaba un espectador.
En el box del colegio Jesuitinas Bilbao de Artxanda, la piloto Valentina Saldaña, de 15 años, estudiante de 3º de ESO, esperaba a la llamada para situarse en su posición de salida. «No estoy nerviosa. Conduje el coche por primera vez la semana pasada y resultó muy fácil y cómodo», comentaba. «No tiene mayor complicación. Solo es el volante, que tiene a un lado el acelerador y al otro el freno, que es como el de una bici. Eso es todo, no hay pedales», explicaba. «Sí que hay que girar con fuerza el volante, porque no hay dirección asistida, es todo mecánico».
En la competición participaron 11 equipos procedentes de los centros educativos Instituto Superior Técnico de Lisboa (Portugal), Colegio Gaztelueta, Colegio Madre de Dios; IES Sánchez Lastra (Mieres, Asturias); Lauaxeta Ikastola; Jesuitinas y Centro de Formación Somorrostro. Ganaron las escuadras de estudiantes de Secundaria de GPZ Evo Plus del Centro de Formación de Somorrostro (F24) y Lastra Racing del IES Sánchez Lastra (F24+). En la carrera no vencía quien llegaba primero, sino el que más recorrido cubría. El coche de Somorrostro dio 78 vueltas al circuito, 31,59 kilómetros, mientras que el monoplaza asturiano completó 67 vueltas, equivalentes a 27 kilómetros.
Precisamente antes de que diera inicio la prueba, el profesor José Manuel Díaz García del IES Sánchez Lastra, de Mieres, explicaba que la delegación de su centro estaba compuesta por tres estudiantes y tres docentes. «Son alumnos de FP del grado superior de Automoción», detalló. «Hicimos un proyecto para construir un coche eléctrico y para darles más motivación planteamos que estuviera pensado para una carrera y poder probarlo frente a otros coches, así que nos metimos en esta prueba».
Los vehículos para esta competición se construyen «a partir de un kit básico que aporta la organización», con «un modelo concreto de motor y con un tipo específico de baterías». El chasis «ya lo vas mejorando tú, a nivel de suspensión, carrocería, dirección y todo el tema mecánico».
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